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Mozambique, tres historias de supervivencia tras el ciclón Idai

Cuatro meses después, el paso del ciclón Idai ha dejado una huella devastadora. En Mozambique, 1,85 millones de personas afectadas siguen necesitando atención humanitaria. La ONG ‘Médicos del Mundo’ ha trabajado en la zona devastada en apoyo a los supervivientes del peor desastre natural de la historia reciente del sudeste africano. Estas son tres historias de supervivientes

Vídeo cedido por Médicos del Mundo/Czuko Williams

El ciclón Idai fue el pasado 14 de marzo responsable de más de un millar de muertos: 603 fallecidos en Mozambique; 344 en Zimbabue y 56 en Malaui.

Considerado como uno de los peores desastres meteorológicos en la historia de África y situado por las Naciones Unidas en la categoría de máxima urgencia (nivel 3), su paso destructor dejó una enorme huella.

De los tres países afectados, Mozambique ha sido el mayor damnificado, concretamente, la provincia de SofalaSu capital, Beira, una de las principales ciudades del país con más de medio millón de habitantes, ha quedado arrasada en un 90 %. 

Alrededor de 1,85 millones de personas afectadas por esta tragedia dependen del alimento, el agua y el refugio proporcionados por organizaciones humanitarias. Entre ellas, un millón de niños, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Mozambique va a continuar precisando atención humanitaria por mucho más tiempo. Una de las ONG que ha trabajado en la zona, Médicos del Mundo, activó el protocolo de emergencia.  Sus efectivos se desplazaron a trabajar en la zona devastada por el ciclón para apoyar la asistencia sanitaria y psicosocial de la población afectada.

Un niño cruza una calle inundada tras el paso del ciclón Idai, en Beira (Mozambique). EFE/Andre Catueira

Principales desafíos después del ciclón

Siendo uno de los países más pobres del planeta (ocupa el puesto 180 de 188 del índice de la Organización de la ONU para el Desarrollo, PNUD), Mozambique debe hacer frente a las devastadoras consecuencias de esta catástrofe natural. 

  • Inseguridad alimentaria: Más de 770.000 hectáreas de cultivos fueron arrasados; alrededor de 2,2 millones de personas requieran todavía asistencia alimentaria, según cifras de la ONU. Además, desde que ocurrió el ciclón, el precio de la comida ha subido de forma descabellada. Por ejemplo, ahora el precio por unas patatas y huevos fritos es de 25 dólares (22,16 euros), cuando normalmente este plato se sitúa entre 3 y 5 dólares (2 y 4 euros).
  • Decenas de miles de personas sin hogar: El ciclón destruyó unas 285.000 viviendas. A día de hoy, decenas de miles de afectados viven todavía en carpas humanitarias o entre escombros. 
  • Niños sin escolarización regular: Tras la destrucción de 3.500 aulas, la educación de 380.000 alumnos se ha visto afectada. Miles de niños permanecen en campos de reasentamiento y estudian en espacios inadecuados para un buen aprendizaje. 
  • Aumento de enfermedades como malaria y cólera: La escasez de servicios, junto con la contaminación de las fuentes hídricas por las tormentas, han provocado un preocupante repunte de malaria. Según el último informe ‘Health Cluster Mozambique’, se han alcanzado 59.173 nuevos casos de malaria en las aéreas afectadas desde finales de marzo. Asimismo, el estancamiento de aguas originado por el ciclón ha provocado cerca de 6.768 casos de cólera en Mozambique. Esta enfermedad suele surgir en este tipo de crisis en las que los supervivientes sufren deshidratación y se ven obligados a ingerir agua contaminada, lo que puede ocasionarles fuertes diarreas y vómitos. 

La labor de Médicos del Mundo en Mozambique tras el ciclón 

Al principio de la emergencia, Médicos del Mundo comenzó proporcionando atención sanitaria a la población desplazada por el ciclón en los campos de John Segredo, Otcha Otcha, Muda Mufo , y también apoyaron con recursos a más de 1.100 desplazados en el campo de Muda Nunes (Nhamatanda).

Asimismo, han enviado material médico y logístico para paliar los efectos de la emergencia sobre la población de Beira, la más afectada por el ciclón.

Actualmente, tras el reasentamiento de los campos iniciales, Médicos del Mundo trabaja en el campo de reasentamiento de Ndeja, el ‘Nuevo John Segredo’ con personas desplazadas.

A día de hoy, hay aproximadamente 256 familias viviendo en este nuevo campo de reasentamiento, unas 3.000 personas.  

Vídeo cedido por Médicos del Mundo/Czuko Williams

“El equipo de emergencias de Médicos del Mundo en Mozambique tiene como propósito evaluar las necesidades y reaccionar para atenderlas. Hemos estado apoyando a centros de salud para restaurar sus servicios. Y, por otro lado, prestando asistencia sanitaria en campos de desplazados”, señala la coordinadora del equipo de emergencias, Tina Miñana.  

Vídeo cedido por Médicos del Mundo/Czuko Williams

Una enfermera, un campesino y un niño: historia de tres supervivientes

Ana Paula: “Una mujer dio a luz allí mismo”, en medio del ciclón

Cuando el ciclón arrasó la zona, una riada de personas intentó cobijarse en el centro de salud más cercano. Sus casas habían desaparecido bajo el agua. El ambulatorio hizo de refugio improvisado para la población local. Ana Paula, enfermera, estaba allí para ayudarles.

“Cogí a mi familia, a mis hijas y dije vamos al hospital que es más seguro. Pero cuando llegamos, estaba todo destruido”, relata.

Cuenta como había muchos enfermos y mujeres embarazadas tratando de huir. Como el hospital estaba destruido, algunas mujeres tuvieron que dar a luz en plena calle, en medio del ciclón. “Una mujer dio a luz allí mismo”, señala Ana mientras recuerda lo sucedido.

Vídeo cedido por Médicos del Mundo/Czuko Williams

Manuel Luis: “Tenía  una tierra para cultivar, pero lo perdí todo por el agua”

Manuel Luis perdió su casa, sus aperos y su tierra. Ahora vive en el campo de desplazados de Djon Segredo (Sofala, Mozambique) con su mujer y sus cuatro hijos. Las lluvias de Idai desplomaron el techo de su casa, partieron las ventanas y solo les dio tiempo a salir corriendo con lo puesto.

“Tenía  una tierra para cultivar. En la tierra de labor tenía los aperos, pero lo perdí todo por el agua”, cuenta este mozambiqueño.

Vídeo cedido por Médicos del Mundo/Czuko Williams

Paulo Carlitos: “Decidimos subir a un árbol de mango, pero la fuerza del agua lo derribó”

A sus diez años, Paulo Carlitos ha sobrevivido a una de las peores catástrofes naturales de los últimos tiempos. Gracias a un árbol de mango, Paulo pudo resistir hasta que varios adultos se lanzaron al agua a rescatarle.

“El agua tenía tanta altura que era muy difícil llegar a la carretera. Decidimos subir a un árbol de mango, pero la fuerza del agua era tan grande que lo derribó. Mis amigos y yo nos mantuvimos agarrados a las ramas. El agua no paraba de subir”, recuerda el niño.

Vídeo cedido por Médicos del Mundo/Czuko Williams

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