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Melatonina contra el envejecimiento y los procesos degenerativos

La melatonina, esa hormona que se libera en la oscuridad para regular el sueño y sincronizar nuestro reloj biológico, es también un potente protector frente al envejecimiento y los procesos degenerativos por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias

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EFE/Juan Herrero

Cada 24 horas la glándula pineal del cerebro libera melatonina a la circulación de la sangre, alcanzando a todas las células y tejidos para regular las distintas funciones del organismo, como la precisa maquinaria de un reloj.

La señal para liberar melatonina comienza al anochecer y el pico máximo se alcanza sobre las 3.00 de la madrugada en las personas de cronotipo intermedio, la mayoría, con un horario nocturno entre las 00.00 y las 08.00. Es entonces cuando nuestro reloj biológico se pone en hora y el engranaje de funcionamiento de los distintos órganos se sincroniza.

Pero la producción de melatonina desciende con la edad, a partir de los 35-40 años, como ocurre con otras hormonas del organismo. Pero también la melatonina disminuye a causa de factores externos como el consumo de medicamentos del tipo beta-bloqueantes, hipnóticos y ansiolíticos, entre otros.

El descenso de la melatonina, y por tanto la disminución del pico que sincroniza el reloj biológico, altera el estado de sueño y vigila, como ya contamos en el reportaje “Melatonina, la hormona de la oscuridad”. Pero como esta hormona también sincroniza los ritmos de los neurotransmisores cerebrales, su merma favorece la pérdida de las capacidades cognitivas asociadas a la edad.

Por eso, la falta de melatonina contribuye al proceso de envejecimiento y, por tanto, a la aparición de algunas enfermedades.

“La melatonina tiene un efecto neuroprotector importante y el déficit de esta hormona favorece, junto a otros factores, la aparición de enfermedades como alzhéimer o párkinson”, explica Darío Acuña Castroviejo, director del Instituto Internacional de la Melatonina (IiMEL) de la Universidad de Granada.

Este centro, con más de treinta años de experiencia trabajando con la melatonina aplicada al envejecimiento saludable, ha desarrollado una investigación en el pez cebra que demuestra la alteración de la expresión de genes de regulación de la función mitocondrial durante el desarrollo del párkinson, así como el beneficio del tratamiento con melatonina no sólo para prevenir si no también para revertir el proceso neurodegenerativo asociado a ese daño mitocondrial.

La conclusión de este estudio es que esta hormona es fundamental para el control de la función normal de la mitocondria de las neuronas dopaminérgicas, evitando su muerte, y por tanto el desarrollo del párkinson.

“Teniendo en cuenta que con la edad perdemos melatonina, una de las cosas que habría que hacer sería una terapia sustitutiva para contrarrestar la que perdemos y estar protegidos frente a los procesos degenerativos”, apunta el doctor Acuña.

Melatonina extrapineal

Cada vez más publicaciones científicas están enfocando el trastorno neurodegenerativo, el cáncer, el síndrome metabólico o la diabetes tipo II como un trastorno del reloj biológico, como una causa que desencadena ese proceso patológico”, señala el experto, pionero en España en la investigación de la melatonina.

De hecho, según el investigador y doctor en Medicina y Cirugía, ya existen estudios con datos que relacionan el déficit de melatonina y el aumento del riesgo del cáncer de mama, próstata o cólon, así como en el caso de la diabetes tipo II. Y viceversa, en estas patologías, la administración de melatonina reporta importantes efectos beneficiosos.

Y es que si tenemos déficit de melatonina no podremos beneficiarnos de su potente efecto antioxidante y antiinflamatorio pero eso sí, en unas concentraciones más altas de las que normalmente encontramos en sangre.

Dado que la producción de melatonina se activa con la oscuridad, el pico máximo que se puede alcanzar es de 200 a 500 picogramos por mililitro, siendo un picogramo una unidad de masa equivalente a la billonésima parte de un gramo. Una cantidad muy pequeña para todo el poder que tiene esta hormona.

La respuesta a esta paradoja residen en que no solo tenemos melatonina de origen pineal, que es la que se detecta en sangre en pequeñas concentraciones, sino que también todos los órganos (desde el hígado, los testículos, los ovarios hasta la retina) y los tejidos son generadores de esta hormona.

“A diferencia de la glándula pineal -explica Acuña-, la melatonina de órganos y tejidos se produce en concentraciones más altas y además no pasa al sistema sanguíneo, por lo que no se puede medir directamente en sangre, aunque si usamos células sanguíneas podemos valorar su contenido”.

Y otra distinción fundamental es que mientras que la melatonina pineal tiene un ritmo circadiano de 24 horas, marcado por la oscuridad, la melatonina extrapineal oscila a lo largo del día en función de la actividad metabólica de los órganos y tejidos.

¿Qué función tiene la melatonina extrapineal?

Doctor Darío Acuña, director del Instituto Internacional de la Melatonina (IiMEL) de la Universidad de Granada. Foto IiMEL

Cuando un órgano trabaja se incrementa su actividad metabólica generando radicales libres, lo que da lugar al llamado estrés oxidativo, un proceso que destruye las propias células y genera una reacción inflamatoria.

Se ha comprobado que la melatonina extrapineal se encarga de eliminar esos radicales libres y a la vez controla ese exceso de actividad inflamatoria, evitando el daño al actuar como un protector celular.

“Es un equilibrio entre la cantidad de radicales libres que producimos y el sistema antioxidante que los compensa y es la melatonina la hormona que modula los mecanismo antioxidantes endógenos”, señala el investigador.

Melatonina, un camino todavía por recorrer

Las dosis de melatonina que el doctor prescribe para el trastorno del sueño (a partir de 2 miligramos es la que se comercializa en farmacias con receta médica) apenas hace efecto para compensar la melatonina necesaria para frenar esos procesos oxidativos e inflamatorios.

Hay que tener en cuenta que la melatonina, una vez ingerida por vía oral, se absorbe sin dificultad en el intestino, pasa a la sangre y de ahí al hígado que metaboliza el 60% y la elimina por la orina. El 40% restante llega a los órganos y células para cumplir sus funciones. Por eso hay que tener en cuenta la biodisponibilidad de la melatonina para fijar la dosis adecuada.

Sin embargo, el tratamiento con melatonina apenas se utiliza en la práctica clínica.

“En primer lugar porque todavía es muy poco conocida entre los profesionales médicos y, además, faltan ensayos clínicos en pacientes para evaluar las dosis eficaces en diferentes patologías”, apunta el doctor Acuña.

El investigador explica que existen tres ensayos clínicos (con pacientes) autorizados por la Agencia Española del Medicamento en el Instituto Internacional de la Melatonina relativos a las dosis adecuadas de esta hormona en pacientes con sepsis, una inflamación sistémica que se ha convertido en la primera causa de muerte en la unidades de cuidados intensivos de los hospitales.

El doctor Darío Acuña confía en que, en los próximos años, se de un vuelco al uso clínico de la melatonina, ya que constituye un medicamento que no presenta efectos secundarios importantes, no provoca adicción al no acumularse (parte se metaboliza y elimina y otra se asimila) y no genera tolerancia (habituarse a la dosis hasta que esta llega a perder efecto).

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