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Médicos neoluditas, recuerdos del futuro

La contraposición entre los profesionales de la salud que defienden la tecnología en la medicina como elemento crucial y estratégico en la relación con los pacientes y su tratamiento, y los médicos neoluditas, que recelan de ello, son el eje de este artículo de opinión del doctor Frederic Llordachs, cofundador y socio de Doctoralia, una plataforma médica que conecta a pacientes con especialistas en salud

Médicos neoluditas, recuerdos del futuro
EFE/Alberto Estévez

Médicos neoluditas, recuerdos del futuro

Dr. Frederic Llordachs

Para hablar del futuro no hay nada mejor que remontarnos al pasado. En concreto, al año 2012: ese año, además del desastroso accidente del crucero Costa Concordia, digno del siglo XIX, ya se hablaba de la inteligencia artificial y el machine learning como herramientas que podrían afectar en el futuro a diferentes profesiones.

Sun Microsystems, una empresa revolucionaria en su tiempo y vendida a Oracle -de la que solo queda el cartel reciclado para poner Facebook en su otra cara- fue fundada por Vinod Khosla, el verdadero mesías de lo que estaba por venir. Este polémico multimillonario, gracias a su talento y visión, predijo que en 10 años el 80 % del trabajo de los médicos lo harían las máquinas.  

Es evidente que había un interés tanto en llamar la atención en un foro emprendedor a través de un buen titular, como en las inversiones que hasta ese momento había realizado. Pero también es evidente que no era alguien que deba tomarse a la ligera. 

medicina tecnología
El doctor Frederic Llordachs/Foto facilitada por el médico

Una oleada de indignación surgió entre el establishment académico y asistencial médico. Desde la negación más absoluta en los más diferentes grados de Harvard, pocos se atrevieron a darle algo de razón.

Una oleada neoludita, digna de la Revolución Industrial, salió de entre los profesionales médicos. De entre estos, el más lúcido: el Dr. Eric Topol. Un cardiólogo estrella –escuchando sobre él en el año 2000, era uno de los pioneros en hablar de la influencia de la genética en la cardiología- que se había convertido a la nueva era de la transformación digital. Él mismo ha abierto entre los sanitarios un camino de esperanza en la tecnología, como medio para tener una mejor salud y calidad de vida a nivel de toda la humanidad conectada (más del 51 % de la población mundial). 

Una de las experiencias más surrealistas que he vivido en el territorio entre la Medicina y la tecnología fue una presentación con dos de mis más ilustres amigas y colegas médicos en el campo de la eSalud, Mónica Moro, decana del uso de internet en España por parte de las farmacéuticas, y Mireia Sans, presidenta de la vocalía de eSalud del COMB (Colegio Oficial de Médicos de Barcelona).

Los tres nos desgañitamos en un foro con unos 400 médicos de familia en el congreso del pasado año de la SEMFYC (Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria), celebrado en Barcelona. Ahí les mostramos la evolución que la sociedad en la que estamos había hecho hacia lo digital, y comentado estadísticas que informes del COMB y Doctoralia habíamos recogido con respecto al uso de la tecnología y redes sociales por parte de médicos y sanitarios.

Tras nuestra apasionada arenga, el baño de realidad. Un médico joven, de unos 25 años, nos lanzó un alegato hacia la medicina sin tecnología, sin pantallas, mirando a los ojos, sentados cara a cara. Otra médico menor de 30, médico rural para más señas, mostraba su descontento con el uso de la tecnología porque le hacía trabajar de otra manera. Su mejor punto: los ordenadores no tendrían que existir para los pacientes. Ellos tenían que ir a verla a ella y punto, a la hora que estuviese disponible. 

Evidentemente estos momentos casan con la realidad del estudio que presentamos conjuntamente Doctoralia y Salud sin Bulos en el Hospital de La Princesa este año.

En el mismo se indica que para el 80 % de los médicos, la información de internet sobre salud no es de fiar. El motivo principal para casi un 59 %: la falta de validez de los contenidos.

Paradójicamente, solo el 26 % dicen tener un blog en el que publica información sobre bulos. Mucha gente cree que los médicos somos grandes innovadores. Pero no es así: nos enseñan a ser garantistas, a dar los mejores resultados con las herramientas que conocemos. Nos cuesta mucho modificar nuestro arsenal terapéutico, los medicamentos y procedimientos que hemos aprendido y dominamos.

La investigación de un medicamento, desde que se conoce su posible utilidad hasta que se lanza al mercado, tarda unos 10 años. En un entorno así es difícil que se abrace a la primera la transformación  digital, una transformación que en mi opinión surge cuando Steve Jobs lanza el iPhone en 2007. Hace apenas 12 años.

Afortunadamente, y volviendo a nuestra acalorada presentación en la Semfyc, cuando parecía que nos íbamos a hundir en lo más profundo del desánimo, pensando en una generación de neoluditas médicos que parecía querer pararlo todo, la esperanza surgió de la última fila.

De allí surgió una voz rocosa, de veterano médico de unos cincuenta y tantos. Alguien curtido en mil batallas, pero que se confesaba pionero de cualquier tecnología que pudiese atender mejor a los pacientes: blog, sms, telemedicina, sensores… Lo había probado todo, había visto de todo, y quería más de todo. Porque en el fondo ser médico no se trata de prestigio ni bata blanca, tampoco de horarios o de herramientas.

El aguerrido veterano quería ayudar a los pacientes y sus familiares, e intentar curar o acompañar al paciente de la mejor forma posible en cada caso. El sentido último del médico no es trabajar de 9 a 17h. Si los médicos y los sanitarios no están –porque también tienen vida-, habrá que poner medios para que se note lo menos posible.

Si el 30 % de todos los médicos en España se van a jubilar en 10 años y no podremos importarlos porque hay un déficit global; si los pacientes nos quieren 24/7, acostumbrados a Amazon Prime Now, que te trae en 3 horas la compra a casa, habrá que hacer algo que no duerma, coma, haga vacaciones. Eso es la transformación digital. Y por el camino, todos los que sueñan con ser neoluditas sanitarios deberían recordar que tras 10 años contra las máquinas de vapor en Inglaterra y miles de altercados y detenciones –por no hablar de cientos de ejecuciones-, el vapor fue el estándar indispensable para todo aquel que fabricara algo en Inglaterra y en el mundo. Seguro que cuando hayan pasado esos 10 años de Vinod Khosla, todos los médicos y sanitarios entenderemos y trataremos mejor a los pacientes y sus familias gracias a la tecnología.

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