Inicio / Enfermedades / Más prevención del contagio que bufanda

Más prevención del contagio que bufanda

En tiempo de catarros el abrigo lo tenemos controlado; vamos cubiertos con cuatro capas y así es difícil que el frío haga mella en nuestra salud. Eso sí, gastamos muy pocos esfuerzos en evitar el contagio; el uso de mascarilla por parte del acatarrado, en la calle o en su puesto de trabajo, es igual a cero

Más prevención del contagio que bufanda
EFE/EPA/Yuri Kochetkov

Quizá los ciclistas por el tema de la polución, o los guardias de tráfico, ellos son los usuarios de mascarillas; pero la filosofía, correcta sin duda aunque unidireccional, es protegerse del exterior.

Sin contar enfermos crónicos u otras patologías que lo requieren, lo cierto es que en nuestra cultura no está extendida la idea de aislar o minimizar el riesgo de contagio, por ejemplo, de un simple constipado. El problema radica en que no protegemos a los demás de nosotros mismos.

“Estas enfermedades se transmiten vía aérea y a través de las manos. Hacemos mucho hincapié en temas de abrigo; los infectólogos se ríen, el contagio es de persona a persona y no hacemos lo más importante, ponernos una mascarilla. Es educación sanitaria del enfermo”, asegura Claudio Frágolas, otorrinolaringólogo del Hospital Universitario Ramón y Cajal.

“En Japón está mal vista esa actitud; es obligatorio el uso de mascarilla para cualquier afección. En EEUU si mandas al niño al cole enfermo te lo devuelven con un lazo” insiste Frágolas.

La nariz: un radiador perfecto

Humedece, filtra y calienta el aire. En las vías altas, la nariz actúa de filtro y no solo con respecto a partículas extrañas del aire sino también en lo que a humedad y temperatura respecta pero cuando traspasamos, por debajo, la barrera de los 10ºC , comienzan las dificultades.

“A partir de determinadas temperaturas la nariz no funciona correctamente. El aire no se calienta bien, no se humedece, nos llega más frío e irrita las vías respiratorias”, afirma Frágolas.

Con el frío lo que más sufre es la nariz y la garganta. Al no funcionar bien la nariz, por la mucosidad, respiramos por la boca, el aire no se calienta y afecta a la garganta. La garganta se ve afectada en ambos casos, es decir, cuando el problema es de nariz y de garganta.

El aire desde que entra por la nariz y llega a los pulmones tiene veintitantos centímetros de recorrido para calentarse; en lugares secos tiene que pasar de una humedad de un 25% a un 80 y en invierno aumentar su temperatura diez o quince grados”, nos explica el doctor.

Estas necesidades marcan la estructura física de la nariz.

Nuestro órgano del olfato nos ofrece una gran zona interna de contacto del aire frío que inspiramos con la sangre caliente. Por eso la nariz está tan vascularizada, por eso tiene tanta sangre.

“Las neveras funcionan así, metes aire frío y un sistema por el que está pasando aire caliente, calienta ese aire que va hacia abajo por eso pasa tanto flujo sanguíneo por la nariz”, comenta el doctor.

Gorro, guantes y calcetines gordos

En cuanto a la ropa de abrigo las prioridades son tres: cabeza, manos y pies. “El 20% del calor corporal se escapa por la cabeza”, afirma el doctor.

Hoy en día existen tejidos de alta calidad, térmicos, de tipo membrana, incluso para hacer ejercicio al aire libre y en cualquier circunstancia atmosférica; no sólo protegen del frío y del calor sino que mantienen la temperatura. Y lo más importante son transpirables.

A veces nos abrigamos en exceso. “El frío no afecta muchísimo al oído en sí; afecta a las orejas, que es una zona que enseguida se enfría. Hay más tendencia a tener otitis porque hay más cuadros nasales. Al afectarse la nariz se afecta la trompa de Eustaquio y se afecta el oído. La gente dice: ´me entra frío en el oído y me cojo una otitis´; no, lo que duele es la oreja por el frío” afirma Frágolas.

Exceso de complejos vitamínicos

“Con el pis que tú haces podrías vitaminar a medio África”, el doctor Frágolas ilustra con este dicho la idea sobre el exceso de complejos vitamínicos hidrosolubles que nuestro cuerpo, por el hecho de no necesitarlos, desecha a través de la orina.

“En una persona mayor que o por movilidad o económicamente descuida la ingesta de fruta fresca, tomar un complejo vitamínico normal no es desaconsejable pero muchos no son necesarios”, insiste el doctor.

Los complejos vitamínicos no deberían ser necesarios, no digo ni siquiera en una dieta mediterránea, sino en una dieta normal”, afirma Frágolas.

“Hay mucha gente que toma vitaminas que realmente no son necesarias, parece que la ingesta de una determinada cantidad de vitamina c que sube y baja de forma continuada protege en cierta medida contra determinados cuadros de vías altas pero el resto está muy discutido”, señala Frágolas.

La mala alimentación influye en nuestra salud en general pero, en un país avanzado, es poco frecuente los cuadros de alteraciones de la inmunidad lo suficientemente importantes para que originen mayor tendencia a estos cuadros de carencias severas.

“La gente dice: es que tengo las defensas bajas. Es infrecuente porque eso indicaría una carencia de vitaminas, etc… muy grande. Es más normal que se produzcan esas alteraciones de la inmunidad por edad; niños menores, de 5 a 7 años y en mayores de 65-70 años.

(No Ratings Yet)
Cargando…