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Más investigación, menos cáncer

En el Día Mundial de la Investigación contra el Cáncer, 24 de septiembre, la directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), María Blasco, escribe un artículo para la Agencia EFE en el Servicio “Firmas”, en el que diversas personalidades analizan temas de interés y actualidad

Más investigación, menos cáncer
La directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), María Blasco, durante una conferencia el pasado mes de junio en Zaragoza. EFE/Archivo/Toni Galán

Más investigación, menos cáncer

por María Blasco 

Casi 50 años después del “Cancer Act” del presidente Nixon en EEUU (1971), que supuso la primera “declaración de guerra contra el cáncer” a través de invertir en la investigación científica de esta enfermedad, podemos decir que hemos avanzado muchísimo, pero todos sabemos que aún quedan muchos tumores que desafortunadamente son difícilmente controlables. Hay tumores que se curan, muchos, pero hay muchos otros (casi el 50 %) que aún son difíciles de tratar.

Un motivo importante es que el cáncer no es una sola enfermedad sino que son tantas enfermedades como individuos padecen el cáncer. Hay más de 200 tipos de tumores según el tipo de célula y tejido afectado, pero además, dentro de cada tipo de tumor, cada paciente es diferente porque cada tumor ha tenido una historia de acumulación de mutaciones distinta.

Un cáncer puede llegar a tener más de 700 alteraciones genéticas y sería muy improbable que estas mutaciones sean las mismas en dos pacientes distintos, aunque ambos tengan exactamente el mismo diagnóstico clínico. Esta es la base para los llamados tratamientos “personalizados” del cáncer.

Dado que la biología del cáncer es tremendamente compleja, si queremos ganar la guerra contra el cáncer esto requiere de muchos investigadores estudiando todos los aspectos básicos de la vida celular y de su relación con el organismo (metabolismo, sistema inmunológico, microentorno tumoral, etc). Sólo así tendremos en el futuro un mapa completo del cáncer.

Gracias a la investigación en cáncer de estos últimos 50 años, se han podido desarrollar nuevos fármacos que son capaces de frenar el crecimiento de tumores con alteraciones genéticas concretas. Eso es fantástico, pero el problema es que hay tantísimas alteraciones que aún no hemos tenido tiempo de desarrollar medicamentos para todas ellas, y de momento solo un porcentaje pequeño de pacientes de cáncer se pueden beneficiar de estos tratamientos.

Quizás una tarea tan importante no debiera estar solo en manos de compañías farmacéuticas privadas, y desde centros de investigación públicos también se deberían iniciar programas de descubrimiento de nuevos fármacos. Esto es lo que hacemos en el CNIO a través de nuestro programa de Terapias Experimentales donde desarrollamos potenciales nuevos fármacos basados en los descubrimientos de nuestros investigadores, pero nos gustaría poder hacer esto para más investigadores en nuestro país y fuera de nuestro país.

Un problema añadido es que aunque destruyamos la mayor parte de las células del cáncer, siempre se pueden “escapar” unas pocas, aquellas que se han vuelto resistentes a los fármacos y que pueden volver a reproducir el tumor. Por eso uno de los temas prioritarios de la investigación del cáncer es desarrollar “cócteles de fármacos” que puedan no solo destruir más eficientemente las células tumorales sino también hacer más difícil que estas se puedan escapar y volverse resistentes para reproducir el tumor. Para poder administrar varios fármacos antitumorales a la vez, necesitamos fármacos cada vez menos tóxicos.

La complejidad del cáncer también explica que haya aspectos del cáncer que no se hayan estudiado en profundidad hasta ahora. Un ejemplo es la metástasis, que representa aún la principal causa de muerte por cáncer en el mundo. Decimos que un tumor tiene metástasis cuando sus células se han empezado a diseminar por la sangre o el sistema linfático y han podido invadir otros tejidos, lo que hace que el cáncer sea prácticamente incontrolable. Sería fantástico conocer este proceso a fondo y así saber cómo bloquearlo de tal modo que los tumores nunca pudieran llegar a invadir otros tejidos. Este es uno de los motivos por los que hemos apostado en el CNIO por el estudio de la metástasis.

Pero no debemos de olvidar que el cáncer es una enfermedad asociada al proceso de envejecimiento. Así, aunque existen los tumores pediátricos, éstos son muy poco frecuentes y están normalmente asociados a alteraciones que han podido pasar durante el desarrollo fetal. La mayor parte de los tumores aparecen a partir de los 50 años, y podríamos decir que son el resultado de combinaciones aleatorias de mutaciones en genes que han ocurrido al azar durante la vida.

Una desafortunada combinación de mutaciones puede ser suficiente para desarrollar un cáncer a lo largo de los años. El que el cáncer sea una enfermedad asociada al envejecimiento, junto con el hecho de que se está produciendo un envejecimiento demográfico y que en países como España en 2050 habrá mas de un tercio de la población con más de 65 años, está haciendo que aumente la incidencia de cáncer.

De hecho, hace unos días la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunciaba una estimación para este año de más de 18 millones de nuevos casos de cáncer en el mundo, un incremento de un 12 % en menos de diez años. Una de las principales razones a las que apunta la OMS de este incremento es precisamente el envejecimiento de la población en el mundo desarrollado.

Este aumento de la incidencia de cáncer hace que sea muy importante poder averiguar qué individuos podemos tener más riesgo de padecer cáncer que otros para así poder detectarlo a tiempo y curarlo antes de que sea una enfermedad demasiado compleja. Para ello necesitamos desarrollar los llamados “biomarcadores” del cáncer, así como tener más métodos de detección temprana del cáncer.

Finalmente, precisamente porque el cáncer es una enfermedad asociada a la vida, los hábitos de vida son tan importantes para prevenirlo. Cuanto peores hábitos de vida más riesgo tendremos de tener una combinación de mutaciones dañinas y de tener un cáncer. Por ello deberíamos invertir en políticas de prevención bien diseñadas y efectivas, incluyendo la educación en salud desde las edades más tempranas.

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