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María Valencia, la doctora aventurera: “Las mujeres podemos más de lo que creemos”

Quería ser astronauta pero acabó siendo médica para combinarlo con la aventura y el viaje: cuatro años dando la vuelta al mundo, expediciones en el Ártico, voluntaria con la madre Teresa de Calcuta o ayudando en Indonesia tras el tsunami. La pandemia la sorprendió trabajando en un centro de salud de un pueblo de Vizcaya donde se enfrenta a otro reto, el coronavirus. “Las mujeres podemos más de lo que creemos”, asegura María Valencia.

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María Valencia recorrió Irán en una moto. Foto cedida

Su vida parece sacada de un libro de aventuras, pero es real. En este Día Internacional de la Mujer, María Valencia se convierte en un ejemplo por vivir intensamente, sin cortapisas, por vencer los miedos para recorrer sola el mundo con un “cuatro latas” y por su ansia de aprender y conocer.

Esta doctora, nacida en Barakaldo (Vizcaya) en 1974, tiene claramente el gen de la inquietud: “Necesito adrenalina, viajar, estar en movimiento me da vida…y esto puede valer para otras mujeres, si confías en ti las cosas saldrán bien”.

La aventura de María comenzó de niña en Orozco, el pueblo vizcaíno donde vivía con su familia. “Nos recogían del colegio y nos llevaban al monte, la naturaleza primero y luego, cuando se hacía de noche, los deberes”.

Una infancia de camping, montaña, playa e incluso un viaje a la antigua Yugoslavia con sus padres y sus dos hermanos pequeños en un coche cargado con la tienda de campaña y las provisiones del “super” de su pueblo.

La siguiente etapa fue Vitoria donde, tras descartar ser astronauta o seguir la estela de Jacques-Yves Cousteau, estudió Medicina e hizo el MIR como médico de familia, una vía para poder trabajar en las ONG médicas, pero para eso necesitaba idiomas y experiencia.

Y la consiguió con creces: trabajó en centros de salud de Mallorca y Fuerteventura y se fue como voluntaria a la India con la madre Teresa de Calcuta o a Brasil, al Amazonas, hasta que pudo ir con Médicos del Mundo a Indonesia para ayudar tras el tsunami de 2004.

“Pero sentía la necesidad de viajar como Marco Polo, ir a las antípodas por tierra y por mar, sin coger aviones, buscándome la vida”, relata.

La vuelta al mundo en un “cuatro latas”

Así, en 2008, comenzó el sueño de su vida, dar la vuelta al mundo en un año. Pero el periplo se alargó cuatro años.

“Al principio me daba miedo ir sola y busqué compañeros de viaje en internet”, reconoce. Empezó la aventura con un chico de Barcelona pero hubo etapas en las que viajó en soledad o conoció a otras personas en el camino.

En Vitoria cargó lo necesario en un Renault 4, el “cuatro latas”, y viajaron por el norte de África y Oriente Próximo. “En Egipto dejamos el coche y continué sola con una moto por Irán y por otros países de Asia Central. Mi idea era llegar a China y Mongolia pero era invierno, hacía frío, estaba sin energía…Regresé a Irán”.

Un país complicado pero no para ella: “Las mujeres me aplaudían cuando iba en la moto”, recuerda, aunque algún susto se llevó, como cuando un joven paró el coche y se quedó mirándola fijamente.

“Tranquila, es la única forma que tenemos de ligar aquí “, le dijo entre risas la chica que le había ofrecido su casa para dormir.

Nunca ha vivido una situación realmente peligrosa en sus aventuras: “He aprendido que, como mujer, en los viajes te encuentras más ventajas que inconvenientes, la gente te ayuda más y te cuida”.

El viaje continuó en bicicleta por Bali y desde allí en barco, de isla en isla, hasta Papúa Nueva Guinea. Siguiente parada: Australia en furgoneta y desde allí a su destino soñado, Nueva Zelanda.

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La doctora María Valencia en su vuelta al mundo. Australia en furgoneta. Foto cedida

Expediciones en Perú y en el Ártico

Pero no acabó ahí, María quería más. Y entonces hizo “velerostop” y en un catamarán llegó a Nueva Caledonia, fin del viaje.

“Estaba cansada mentalmente, recorrí medio mundo en cuatro años, el otro medio, América, lo dejo para más adelante”, confiesa la doctora quien asegura que en caso de haber tenido hijos hubiera viajado con ellos.

En esa vuelta al mundo, María no ejerció la Medicina porque le obligaba a estar una temporada en cada lugar, pero sí trabajó puntualmente recogiendo kiwis, limpiando casas o comprimiendo algodón.

Diplomada en Medicina Tropical y con formación en Medicina de Montaña, esta doctora ha sido médico de expediciones con la iniciativa Mars Gaming Expedition. En Perú, formó parte de una aventura para buscar Vilcabamba, la última capital inca; y en Groenlandia, viajó en un velero para constatar el impacto del calentamiento global en el Ártico.

No es de extrañar que la revista Conde Nast Traveler la incluyera en la lista de las exploradoras españolas más reconocidas. También es vicepresidenta de la Sociedad Geográfica La Exploradora.

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María Valencia en el “cuatro latas” con el que recorrió parte del mundo. En esta fotografía, en el desierto de Argelia. Foto cedida

Y llegó el coronavirus

La última aventura fue recorrer Namibia en un todoterreno, un mapa y buenos amigos. Luego apareció la pandemia y, aunque parezca extraño, pilló a María Valencia en una de sus etapas de quietud, ejerciendo como médico de familia en el municipio vizcaíno de Otxandio.

“En cuanto llegó el coronavirus -reconoce- lo vi como un reto, era una enfermedad nueva, y me motivó, me hizo salir de la rutina en la que a veces me siento encerrada”.

¿Y cómo aguanta el confinamiento y la inmovilidad una exploradora? “Soy inquieta pero he aprendido a adaptarme, a parar, a meditar, a estar conmigo misma, a estar en casa y a descubrir lugares cercanos”.

Cada día tiene el cometido de ir al centro de salud y por eso reivindica lo importante y necesario que es recuperar el “contacto humano con el paciente” después de la distancia impuesta por la covid.

Mientras pasa la pandemia, la doctora aventurera sueña con la próxima aventura, quizá trabajar en barcos o veleros para sentir la libertad que da el mar.

“Cuando salimos de nuestra zona de confort, crecemos. No quiero arrepentirme por no haberlo intentado y aunque me equivoque, habré aprendido algo”. Una lección de vida que María Valencia nos regala en el Día Internacional de la Mujer.

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