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Luis Aragonés, en el corazón rojiblanco de su médico

Hace 40 años que Luis Aragonés metió un maravilloso gol de falta al Bayern de Múnich y solo hace unos meses que juega al fútbol como los ángeles, pero sus recuerdos viven en el corazón de todos aquellos que lo admiramos, sobre todo en el de sus amigos, como el doctor Vicente Concejero, otro rojiblanco que tiene un sitio reservado a su lado en el cielo

 

Entramos en la consulta del doctor Vicente Concejero López, traumatólogo de la Clínica CEMTRO, para que nos hable de su gran amigo Luis Aragonés, jugador y entrenador mítico del Club Atlético de Madrid, y “padre de La Roja”, ahora que todos los aficionados rojiblancos miran al cielo solicitándole que el “atleti” levante su primera Copa de Europa frente al Real Madrid, el eterno rival.

“Mi relación personal con Luis fue muy intensa durante los últimos diez años”, nos cuenta. Concejero y Aragonés se habían conocido de refilón por medio de amigos comunes cuando el galeno se responsabilizó de los servicios médicos del club del Manzanares en la etapa presidencialista de Jesús Gil a mediados de los años 90.

Pero el encuentro amistoso y definitivo sucedió durante unas vacaciones de verano. Luis y su mujer disfrutaban del sol y de la playa en el Puerto de Santa María (Cádiz) y el técnico madrileño sufrió un ataque de apendicitis. “Le operé en la clínica y desde entonces me convertí en el médico de cabecera de su familia”, dice con orgullo.

Luis Aragonés y la amistad

La amistad se consolidó de tal manera que formaron una peña. Y cuando el doctor Concejero llegaba tarde a una comida, por alguna operación complicada, “Luis siempre me guardaba un sitio a su lado. Me distinguió con su amistad“, recuerda.

Y por si fuera poco, la cafetería de la Clínica CEMTRO se convirtió en una tertulia de maestros: Pedro Guillén, Vicente Concejero y Luis Aragonés.

Una fotografía de 1970 en blanco y negro del entrenador Luis Aragonés cuando era jugador del Atlético de Madrid. Firma un autógrafo a un grupo de chavales en el vestíbulo del Hotel Cristina de Sevilla.
Luis Aragonés firma autógrafos en el Hotel Cristina de Sevilla a finales de 1970. EFE

“Nos reuníamos de vez en cuando y desayunábamos desde las 9.30 hasta el mediodía. Uno traía los churros y otro las porras. Generalmente hablábamos de fútbol y de nuestro ‘atleti’ -evoca. Fue una relación muy bonita y entrañable“.

Para el médico de Luis, su gran virtud era el respeto y el cariño que profesaba a los suyos. “De hecho, señala, era imposible que nadie se metiera con sus jugadores, con sus utilleros, con su ATS o con su médico. Su grupo era intocable”, señala.

El equipo de Luis Aragonés

Concejero no es un hombre del fútbol, pero ha vivido en el mundo del fútbol. Sabe que Luis era el único capacitado para hacer indicaciones a su equipo de profesionales y que por esa razón la gente trabajaba bien con él: “Cuando tú tienes una persona que te respeta y te hace soberano en tu trabajo, siempre le estás agradecido”, recalca.

El médico apreciaba esta cualidad de Luis, que llegaba al remate cuando insistía en que “tenía dos jefes”: Carlos Peña, el delegado histórico del primer equipo, que ejerció más de 41 años en el Atlético de Madrid, y su amigo Aureliano Cachadiñas, vinculado al equipo colchonero durante 42 como ATS, masajista y fisioterapeuta.

“Fíjese. Estábamos charlando su mujer, él y yo en la consulta. Le dije… bueno míster, que comemos este jueves. Él me respondió… vale, vale; pues ya me llamará ‘Cachas’ y me lo dirá. Entonces, su mujer añadía… pero si te lo está diciendo el doctor, que la comida es el jueves. Y él apostillaba… no, no; que a mí ya me lo dirá ‘Cachas’, que es mi jefe”, nos relata con una sonrisa.

En opinión de Vicente Concejero, Luis respetaba los plazos, las normas de convivencia y la autoridad profesional. “Pero si tenía que decirte algo, te lo decía; pero nadie más que él”.

¿Y cómo valoraba Luis Aragonés las lesiones en el fútbol?

“No, no. Él no valoraba las lesiones en ese sentido. Jamás se metió en el terreno del médico. El médico era el médico. Era soberano en su parcela y él no tenía nada que decir. Lo que decidía el doctor estaba bien decidido. Eso sí, asevera, Luis declaraba… doctor, dígame las cosas muy claras. Las cosas como son. Usted es el doctor. Yo no tengo nada que decir en esa parcela”.

El jugador del Atlético de Madrid Luis Aragonés escapa de la defensa local durante el encuentro correspondiente a la jornada 16ª de la Liga contra el Sabadell en el año 1968 en Barcelona. EFESALUD
Luis Aragonés se lleva la pelota ante un jugador del Sabadell durante un partido de Liga en 1968 en Barcelona. EFE
¿Doctor, cuál es el recuerdo que más le llena de Luis Aragonés?

“Era un hombre extraordinario. Muy amigo de sus amigos y siempre ayudaba a los demás. Era tremendamente generoso”.

Al doctor Vicente Concejero le agrada hablar de la faceta más personal de Luis Aragonés. Nos cuenta una anécdota que para él atesora toda la humanidad del “Sabio de Hortaleza“:

“Íbamos por la calle charlando y se fijaba en una persona que estaba pidiendo limosna. Pasábamos de largo, pero a los diez pasos se detenía y decía… doctor, no puedo; es superior a mis fuerzas. Se daba media vuelta y le daba algo de dinero. Eso quiere decir mucho de él”.

Esa filosofía de vida la conoce todo el fútbol madrileño y todo el fútbol español porque en el mundo del fútbol “hay futbolistas veteranos que no lo están pasando bien y Luis Aragonés los ayudó…. a unos y a otros, independientemente de la camiseta que hubieran vestido; también en la Castellana”, apunta Concejero mirando al Real Madrid.

En el estadio de La Luz de Lisboa, la camiseta del Atlético de Madrid llevará su nombre y el mundo del fútbol recordará al número 8 rojiblanco como futbolista, como entrenador, como el padre de la Roja; pero frente a la pantalla del televisor, el doctor Vicente Concejero seguirá pensando: “Mi amigo Luis, por encima de todo, era una gran persona“.

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