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Los daños para la salud de un verano “en llamas”

Cáceres, Zamora, Huelva u Orense son algunos de los escenarios “en llamas” de las últimas semanas. Un verano protagonizado por una sofocante ola de calor que deriva en incendios forestales. Para la salud, sus principales daños son la asfixia y las quemaduras

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Los daños para la salud de un verano “en llamas”
Miembros de las patrullas forestales intentan combatir las llamas del último incendio en Vilamor, A Coruña. EFE / Eliseo Trigo.

El Hospital Universitario La Paz atiende a las personas víctimas de incendios forestales en una de las diez unidades que existen para estos casos en todo el territorio nacional. Carmen Iglesias, jefa de sección del Servicio de Cirugía Plástica de dicho hospital, explica los dos problemas sanitarios que causa el fuego y su recuperación a largo plazo.

Cuando el oxígeno no puede entrar

La doctora Iglesias señala que el humo de los incendios forestales tiene dos componentes fundamentales: monóxido de carbono y ácido cianhídrico.

“Las intoxicaciones por monóxido de carbono en un incendio forestal se producen por la quema de la madera y de las hojas. Es el responsable de lo que se llama muerte dulce”, apunta la especialista. El monóxido desplaza la curva de la hemoglobina y la muerte puede producirse porque no se oxigenan bien los tejidos y el paciente se asfixia.

Dos personas son atendidas con máscaras de oxígeno tras un incendio. EFE/A. Carrasco Ragel.

“Si los servicios de emergencia llegan a tiempo y les intuban, se puede tratar con relativa facilidad; si no, pueden llegar a fallecer”, indica Carmen Iglesias.

Aunque es más común en los incendios en hogares y espacios cerrados, la madera y algunas sustancias orgánicas producen ácido cianhídrico, cianuro, que se expulsa del organismo por vía renal.

A estos dos gases se añade un tercer efecto pulmonar: el síndrome de inhalación del quemado, “una reacción irritativa sobre la mucosa de los pulmones que provoca su colapso”. La doctora añade que se trata con intubación y monitorización y que es visible al tercer día de la exposición al incendio.

Rehabilitar la quemadura

Es poco frecuente que el fuego tenga consecuencias a largo plazo en los casos descritos anteriormente. Sin embargo, en la piel deja secuelas que hay que tratar durante más de un año y que duran toda la vida.

“El riesgo vital de la lesión térmica lo marcan la profundidad de la quemadura, su extensión, la edad del paciente y la inhalación de humo”, determina la doctora Iglesias.

Las quemaduras se dividen en tres grados, y a partir del segundo requiere la intervención quirúrgica. El problema de esta son los injertos, que dejan secuelas tanto en la zona de la que se extraen como en la que se añaden.

Una quemadura superficial, sin complicaciones, requiere entre siete y diez días y una tabla de ejercicios para su recuperación. Pero si esa quemadura es profunda y además se ubica en zona de flexión, “el tratamiento rehabilitador de las quemaduras es muy importante”, apunta la especialista.

Se realizan ejercicios físicos para estirar las cicatrices, se dan masajes sobre las quemaduras, se aplica terapia ocupacional en las manos y la cara o se venda y presiona la zona. Esta rehabilitación dura entre doce y dieciocho meses.

Las secuelas estéticas merman el autoestima de los pacientes. Por ello, la unidad cuenta con un equipo de psiquiatras y psicólogos que atienden desde el minuto uno a la víctima, y variará su trabajo según la personalidad del quemado, su adaptación social u oficio.

Los procedimientos especiales de Quebec

Uno de los técnicos de Quebec sostiene los medidores de monóxido de carbono. Foto cedida por Sámur-Protección Civil.

Antes de que el equipo de la doctora Iglesias atienda a los pacientes de incendios, existe un grupo de seis especialistas que forman la Unidad de Procedimientos Especiales Quebec del Samur-Protección Civil de Madrid.

Su misión es comprobar qué gases se producen en los bosques para determinar un diagnóstico precoz y atender al individuo en ese momento.

Juan Antonio del Moral es uno de esos seis técnicos. “Una vez que se ha producido la inhalación utilizamos otros aparatos para oxigenar al paciente y hacemos un lavado para la eliminación del monóxido”, explica. Si se complica, la persona es intubada y recibe respiración asistida.

Del Moral señala que a partir del 10% de monóxido en sangre, comienzan los primeros síntomas: fatiga, vómitos, visión borrosa o agotamiento. Si el porcentaje aumenta, la persona entra en estado de agitación y de ahí pasa a la inconsciencia, cuyo problema es “que sigue inhalado el humo”, indica el técnico.

Sin duda, un verano gris como el humo de sus incendios. La última estadística oficial del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, del 1 de enero al 26 de julio, eleva a 52.557 hectáreas la superficie calcinada por las llamas, frente a las 37.500 y las 21.000 en el mismo periodo de 2014 y 2013, respectivamente.

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