Inicio / Coronavirus / López-Otín: No hemos aprendido tanto de la pandemia como para que nos cambie

López-Otín: No hemos aprendido tanto de la pandemia como para que nos cambie

El científico Carlos López-Otín, investigador del genoma humano y del envejecimiento, reflexiona sobre el tiempo y la longevidad en plena crisis desatada por el coronavirus. “No creo que hayamos aprendido tanto de la pandemia como para que nos cambie”, se lamenta. Pero considera que puede ser un buen momento para abandonar la falsa idea de ser “esclavos del tiempo”.

López-Otín pandemia
El catedrático de Bioquímica de la Universidad de Oviedo, Carlos López-Otín. Foto: Tecueme Studio

Y esas reflexiones las plasma en su nuevo ensayo “El sueño del tiempo” (Editorial Paidós) un elogio a la vida y a la longevidad saludable en medio de una pandemia que López Otín, catedrático de Bioquímica de la Universidad de Oviedo, cree que ha llegado entre otras cosas por vivir de espaldas a la naturaleza.

Este ensayo, escrito con el biólogo celular alemán Guido Kroemer, es el segundo de la “Trilogía de la vulnerabilidad”, que comenzó con “La vida en cuatro letras” publicado el año pasado y que culminará con un tercero centrado en la enfermedad.

Premio Nacional de Investigación Ramón y Cajal en 2008 entre otros reconocimientos, ha destacado por las investigaciones sobre el genoma de tumores, por el descubrimiento de nuevos genes humanos y por, entre otros campos, frenar el avance de la progeria, una enfermedad rara de envejecimiento prematuro.

En una entrevista con EFEsalud, López-Otín muestra no solo su conocimiento científico sino sus reflexiones más profundas tras un 2019 complicado en el que se cuestionó su trabajo: “Los daños del alma, como los genómicos, tampoco se reparan”.

  • ¿La pandemia nos puede cambiar la percepción del tiempo y hacernos más conscientes de nuestra mortalidad?

Cuando todo empezó cabía la esperanza de que fuera el amanecer de un mundo nuevo, más razonable, en sintonía con la naturaleza y con más tiempo para nosotros mismos, pero fue un espejismo. La llegada de la segunda ola me ha causado una profunda decepción por lo que representa nuestra capacidad de estar preparados, por sumar muertos y porque la herida social haya crecido tanto que no se va a poder curar.

La pandemia nos enseña que quizá debemos abandonar estas falsas ideas de que somos esclavos del tiempo.

Y el libro hace una propuesta muy clara, es un elogio del tiempo y de la vida, no es un elogio de la inmortalidad ni de la eterna juventud y eso que la ciencia ha desarrollado algunas estrategias que permiten dilatar el tiempo pero sobre todo en el ámbito de la enfermedades, extender la vida amenazada. Este es el objetivo.

  • Denomina al SARS-COV-2 como el “virus del miedo”

Porque sentí el miedo, el miedo de los mayores en las residencias que pensaban que había llegado al final. Pero para otra parte de la sociedad no era el virus del miedo.

Pero, en general, no creo que hayamos aprendido tanto para que nos cambie y, si llega la vacuna pronto, tal vez hasta se nos olvide.

Como no corrijamos la relación con la naturaleza, la sociedad y con nosotros mismos, nuestra existencia dejará de ser el jardín de las delicias al que nos había predestinado una evolución biológica muy generosa.

Un problema gravísimo de esta percepción inadecuada del tiempo es que no somos capaces de reconocer que no tenemos los talentos suficientes para satisfacer ambiciones exageradas y por eso forzamos el tiempo. Eso es vivir en desequilibrio.

  • Como investigador…¿Cuál es su visión de este virus tan dispar en su comportamiento?

Es un virus natural que ha surgido por adaptación a humanos y porque hemos perdido mucho respeto y sintonía con la naturaleza. Aunque hayamos evolucionado en tecnología esto no nos ha hecho ni imprescindibles, ni todopoderosos, seguimos siendo frágiles y vulnerables.

No se trata de un virus especialmente agresivo, pero sí ha sorprendido por su alta capacidad de contagio. Los hay mucho peores y sin embargo andamos buscando explicaciones sobrenaturales o falsas.

Entre una persona y otra puede haber casi 5 millones de diferencias en nuestro genoma y esto hace que seamos distintos por fuera y por dentro, en nuestra predisposición a enfermedades y en nuestra respuesta a agentes patógenos.

Ante un virus con alta capacidad de diseminación entran en juego factores genéticos endógenos, aparte de los naturales a toda infección, y estos factores incluyen variantes genéticas, algunas identificadas en estas últimas semanas.

  • Asegura que envejecer ya no es un proceso inalterable que hay que sufrir como una condena inapelable.

Podemos envejecer con salud y ralentizar el envejecimiento. En nuestro laboratorio hemos conseguido dilatar el tiempo sobre todo para proporcionar expectativas de vida a enfermos aparentemente incurables. 

Hay otros que pretenden la inmortalidad física en nuestro tiempo, la mayoría son jóvenes que se han hecho multimillonarios con su talento y han creado empresas, instituciones o estrategias para dar cabida a aquellos que les prometen que pueden ganar tiempo.

Mi prioridad es otra. El libro es un elogio de la vida y del tiempo. Hay un tiempo lineal, el que no nos perdona a nadie; un tiempo circular porque formamos parte de estrategias espirales y nunca volvemos al mismo sitio. Y el tiempo de la oportunidad, intentar disfrutar de todo lo que nos regala inesperadamente la vida cotidiana.

  • Los factores que contrarrestan la longevidad están presentes en nuestro estilo de vida: obesidad, sedentarismo, estrés…

La clave está en la alimentación adecuada, evitar el estrés… Son recetas sencillas pero no las seguimos.

lópez-otín pandemia
EFE/Agustín Cacho
  • Dice que no respetamos la cadencia del tiempo que nos brinda el sol y perdemos así los ritmos circadianos.

La luz se inventó para apagarla y ahora parece que nunca se apaga en nuestro entorno. Es la presión de una vida con urgencias continuas, estamos permanentemente conectados. Hemos pasado de exploradores del tiempo a esclavos del tiempo.

Estamos desincronizados y cada vez más. La sintonía la recuperamos respetando los ciclos naturales de luz y de oscuridad, con ejercicio…

  • ¿Cuál es la realidad, hoy, de la investigación sobre el envejecimiento?

El envejecimiento es un proceso biológico normal, inexorable pero plástico. La investigación debe ser en longevidad saludable y, la mayoría de las intervenciones que se publicitan hoy en día, son inútiles o de eficacia mínima. Lo mismo se puede conseguir con intervenciones nutricionales pero es cierto que nos da pereza, nos gusta el conocimiento pero nos da pereza estudiar, hay mucho que no está probado.

Pero la prioridad es otra, en el momento que llega una enfermedad nos olvidamos de los sueños de inmortalidad.

He recibido un enorme respaldo, apoyo y cariño pero también me he dado cuenta de que las vidas son complejas y que a cada uno nos llega lo inesperado, lo increíble y lo intolerable y llega un momento en el que uno tiene que salir adelante y no seguir mirando atrás.

Los daños del alma, como los genómicos, tampoco se reparan.

Ya mostré mis cicatrices, sigo adelante, sigo escribiendo, sigo con la docencia y con la investigación, muy limitada porque mi laboratorio fue destruido. No me quejo, no presumía cuando nos iban muy bien las cosas, no presumo de dolor tampoco.

(No Ratings Yet)
Cargando…