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Lo que cuentan los muertos

Los huesos, los dientes, la temperatura del cuerpo, el color, la rigidez, las huellas dactilares… un cadáver puede desvelar muchos secretos. Pero para descifrarlo, es necesario saber escuchar y comprender su lenguaje. Así lo hacen Enrique Dorado y José Antonio Sánchez, médicos forenses que nos cuentan la realidad y la ficción en series como Bones o C.S.I.

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Lo que cuentan los muertos
Lección de Anatomía del profesor Tulp, de Rembrandt.

Salas futuristas, pruebas instantáneas, pantallas 3D, resultados infalibles… las series de televisión muchas veces generan una idea en torno al trabajo del médico forense muy alejada de la realidad. Lo que vemos no es más que pura ficción, y así debemos entenderlo.

Así lo explican los médicos forenses Enrique Dorado y José Antonio Sánchez, dos de los profesionales más respetados en el campo de la Medicina legal por su dilatada trayectoria cargada de casos de gran relevancia; y ahora también autores del libro “Lo que cuentan los muertos” (Temas de Hoy).

Subrayan que la medicina forense en España tiene características propias que difieren mucho de los países anglosajones. “El médico forense hace muchas más labores, todo lo que son cuestiones biológicas o médicas en los juzgados pasan por las manos del forense”, señala Enrique.

Enrique Dorado y José Antonio Sánchez/ Imagen cedida por los doctores

El doctor Dorado explica que, según la ley española, “el forense acude en el caso de todas las muertes violentas”, es decir, muertes suicidas, homicidas y accidentales. Pero la labor de estos profesionales no termina ahí, pues también acuden a muchas muertes naturales que no han sido firmadas debido a la desconexión entre el paciente y el médico asistencial, algo que ocurre sobre todo en las grandes ciudades en las que más de un 50% de los casos de los forenses pueden ser muertes naturales.

Cuando los cadáveres hablan…

Decir que un cadáver puede contar secretos parece una afirmación casi esotérica, pero lo cierto es que los médicos forenses son los guardianes de estos mensajes que un cuerpo puede transmitir. Lejos de ser cuestión de magia, lo que se aplica para que un cadáver “hable” es la ciencia y la experiencia.

Para José Antonio, “un cuerpo puede decirte muchas cosas si tienes en mente qué es lo que necesitas”.

“Te puede orientar primero sobre la identidad, quién es. Te orienta también del tiempo que lleva muerto. De las causas de la muerte y de las circunstancias en que se ha producido esa muerte”, añade su compañero.

portada del libro "Lo que cuentan los muertos"
Portada del libro “Lo que cuentan los muertos”/ Imagen cedida por la editorial

Parece importante la necesidad de hacerse preguntas para poder encontrar las respuestas. El doctor Sánchez cuenta que cuando algo no encaja en el puzzle nace la necesidad de preguntarse “¿Qué ha pasado aquí?”.

Pero no sólo es el cuerpo. El escenario es, si cabe, aún más importante. Dorado señala que “ estar en el levantamiento, conocer los antecedentes, hablar con los testigos, con familiares, obtener documentación médica que pueda existir”, y todo lo que pueda ayudar a reproducir las circunstancias es fundamental. Ahí es donde comienza el trabajo de la autopsia: en el preguntar, ver, mirar,  hasta el punto de que no presenciar un levantamiento de un cadáver puede hacer que se pierdan pistas y pruebas irrecuperables.

Y cuando el trabajo se complica….

Ambos expertos coinciden en que lo más complicado son los casos con trascendencia mediática donde la presión y los juicios paralelos convierten el trabajo en algo tedioso.

Además de eso, Sánchez señala que, en su experiencia como antropólogo forense, hay un pequeño porcentaje de casos sin resolver a veces porque los cuerpos corresponden a personas que no son ciudadanos españoles y que han llegado a España sin papeles.

Explica que, en una ocasión, estuvo “con un caso casi un año y medio porque era un hombre de Sudamérica que iba apareciendo troceado”. Otro problema que complica la identificación: cuerpos incompletos o en mal estado.

“Los cadáveres que están en estado de putrefacción, que aparecen descuartizados, que están incompletos, sobre todo si hay sospechas de muerte violenta”, según Enrique, hacen que el trabajo sea más difícil y que a veces no se llegue a resultados concluyentes.

Aunque suene desagradable, los especialistas están acostumbrados. Lo único que no viven con naturalidad es un trabajo es cuando el fallecido es un niño. Dorado cuenta que, bajo su experiencia, “lo único que no se supera es tener delante a un niño de 4 o 6 años. Al resto te acostumbras”.

¿Cuál es el mayor secreto que puede contar un muerto?

Para José Antonio, lo más revelador ha sido cuando no supo si un cadáver correspondía a un hombre o una mujer porque sencillamente “tenía signos totalmente varoniles y otros totalmente femeninos, un contraste brutal” que le llevó a pensar que podían haber mezclado dos cuerpos. ¿Cuál era el misterio? Se trataba de una persona transexual a la que el tratamiento hormonal había producido cambios en algunas partes de su cuerpo.

A Enrique sin embargo le llaman especial atención los suicidios, resultando sorprendentes “los métodos y las notas que dejan, lo que se les pasa por la cabeza y los métodos refinados que utilizan a veces para acabar con sus vidas”; señalando que es un problema social y una de las principales causas de muerte en España.

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