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Liberia, donde el ébola se hizo español

Un año después de que se confirmara el primer positivo en ébola de un español, el misionero Miguel Pajares, contagiado mientras atendía a enfermos en el Hospital San José de Monrovia, el centro afronta con ilusión una nueva etapa marcada por las extremas medidas de seguridad y el recuerdo de la epidemia

Liberia, donde el ébola se hizo español
Imagen de vídeo sin fechar facilitada por Fundación Juan Ciudad ONG del religioso español Miguel Pajares, de 75 años, infectado en Liberia por el virus del Ébola. EFE

Con la muerte de Pajares y de varios de los trabajadores del centro, entre ellos su director, Patrick Nshamdzea, el hospital San José de Monrovia cerró sus puertas en el mes de agosto del pasado año y volvió a estar operativo en noviembre, centrado en el cuidado de las embarazadas y recién nacidos.

En los últimos 8 meses, han atendido a cinco mil personas, incluyendo más de 800 partos.

La sombra del ébola, que ha acabado con la vida de más 11.200 personas -18 de la orden entre hermanos y colaboradores-, como la de los españoles Miguel Pajares y Manuel García Viejo, sigue no obstante presente entre los trabajadores del centro, tal y como ha explicado a Efe el director de Juan Ciudad, de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios (OHSJD), José María Viadero.

El director de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios (OHSJD), Jose María Viadero, en una comparecencia ante los medios de comunicación en agosto de 2014. EFE/Hugo Ortuño,

Viadero, que visitó el hospital en el mes de junio, cuando Liberia había sido declarada ya libre de ébola por la Organización Mundial de la Salud (OMS), recuerda la “alegría” de los liberianos, que al fin podían saludarse por la calle con abrazos y besos “como normalmente se saluda en este país”, algo que antes no era posible.

Sin embargo, las medidas de protección que esta prolongada crisis ha obligado a incorporar en las rutinas diarias de los centros sanitarios eran las mismas que las que existían durante la epidemia.

“La OMS señaló que debíamos seguir vigilantes porque, mientras los países colindantes, como Guinea y Sierra Leona, tuvieran casos de ébola, no nos podíamos sentir seguros. En cualquier momento el virus podía entrar de nuevo en Liberia”, indica.

De hecho, a finales de junio se confirmó la muerte de un joven de 17 años por ébola y, desde entonces, se han registrado otros cinco casos más de infectados por el virus.

Por todo esto, en el hospital San José de Monrovia las precauciones son las mismas que si se tratara con enfermos de ébola. “Eso nos ha posibilitado que durante este tiempo no haya habido ningún contagio”, asegura Viadero.

El daño causado por el virus entre los trabajadores de este centro, donde murieron tres médicos y otros tantos misioneros, todos los que pertenecían a la OHSJD, ha dejado un recuerdo difícil de borrar.

El ébola ha acabado con la vida, con pocas horas de diferencia, de los misioneros español Miguel Pajares, y ghanés George Combey, que trabajaron juntos en el hospital de San José de Monrovia (Liberia). Fotografía facilitada por la ONG Juan Ciudad.

“La noticia del contagio del hermano Pajares habrá sido uno de los momentos más duros de mi vida”, señala Viadero, que reconoce que la epidemia les pilló desprevenidos. “La orden ha vivido muchas epidemias desde hace siglos y también guerras, pero esto es otra cosa”.

“Se nos murieron todos los hermanos y luego el hermano Manuel García Viejo, que se contagió en Sierra Leona, y fue muy duro”, recuerda el director de Juan Ciudad.

La polémica por la repatriación del misionero Miguel Pajares

Viadero se refiere también a la polémica por la repatriación de Pajares -cuyos costes, en un primer momento, el Gobierno quiso trasladar a la orden religiosa-. “Creo que fue una mala política de comunicación, porque en ningún momento a nosotros nos dijeron que había que pagar”.

“Tengo que defenderles porque la situación superaba también al Gobierno y repatriar a un enfermo de ébola no es como repatriar a una persona que se ha caído y se ha roto una pierna, es una enfermedad muy contagiosa”, argumenta.

Sin embargo, sí admite que los días que siguieron a la noticia del contagio de Pajares fueron “dolorosos”. “Se armó tal follón… y nosotros no entendíamos nada, nos superaba lo de los medios y todo el mundo opinaba, todo el mundo sabía de ébola”.

Viadero justifica, no obstante, este comportamiento. “La sociedad entró en pánico y cuando entramos en pánico nos volvemos irracionales”.

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