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¡Le ha dado un síncope vasovagal!

Nadie pronuncia esta exclamación cuando ve a una persona perder el conocimiento, simplemente decimos ¡se ha desmayado!, aunque síncope sería la palabra más correcta para definir médicamente un soponcio: te sientes mal, tu vista se nubla, te mareas… y te despiertas unos instantes después de forma espontánea, salvo un descalabro.

Algo parecido le sucedió a Marino Pérez Segura, un estudiante madrileño de dieciséis años. Estaba en plena actividad extraescolar, una clase de defensa personal. Acababa de finalizar un calentamiento muscular y se dirigía al centro del tatami para recibir nuevas instrucciones de sus monitores policiales.

 “Me sentía cansado y respiraba con dificultad. Entonces… pensé: atiendo a las explicaciones y me siento, pero se me nubló la vista y empecé a escuchar las voces de mis compañeros como si se alejaran de mí… no recuerdo nada más“.

Marino Pérez cayó en redondo. Había perdido la conciencia, un incidente que padecen o padecerán entre el 30 y el 50 por ciento de los españoles a lo largo de su vida, y casi seguro que será a causa de un síncope  vasovagal, uno de los tres tipos de síncopes que popularmente se conocen como lipotimias y que afectan de forma especial a mujeres jóvenes y sin enfermedades cardíacas.

El doctor Francisco Vivancos. EFE / GRB

“El síncope neuromediado o vasovagal es una pérdida de conciencia transitoria con recuperación espontánea, que no deja secuelas y que está originado por una disminución del flujo sanguíneo cerebral”, nos dice el médico Francisco Vivancos, del Servicio de Neurología del Hospital Universitario La paz.

¿Y qué explica la aparición de un síncope? El doctor Vivancos señala al sistema nervioso autónomo como causante de una reducción de la frecuencia de los latidos del corazón (bradicardia), de tal forma que llega menos sangre al cerebro (hipotensión). “Deviene el mareo y en muchas ocasiones el síncope, sobre todo en pacientes predispuestos a un reflejo anormal producido por diferentes desencadenantes, a veces muy difíciles de diagnosticar”.

Un golpe de calor, un dolor intenso, el agobio en un centro comercial abarrotado, el estrés, la ansiedad ante un problema laboral o un aumento de la presión dentro del abdomen (toser demasiado fuerte, orinar de forma prolongada durante la noche o defecar con un esfuerzo agudo) son motivos habituales de activación del síncope; la tradicional misa de los domingos o una columna de soldados en formación, son algunos de los lugares idóneos para caer rendidos a los pies de los demás.

Marino Pérez se despertó “a base de cachetes”, según le contaron los policías, que estaban asustadísimos. Había perdido el conocimiento durante unos segundos, sufría convulsiones y “chorreaba sudor”.  Pero la experiencia es un grado y los agentes le alzaron las piernas para que su sangre circulara mejor. También le dieron una pastilla de glucosa y le ayudaron a sentarse en una bancada. Se recuperó “estupendamente” a pesar de estar algo desorientado.

La doctora Ana Martínez. EFE / GRB

La mayoría de estos casos terminan en las urgencias de un Hospital. La doctora Ana Martínez Virto, coordinadora adjunta de este servicio en La Paz, afirma que “el síncope es una de las veinticinco patologías más frecuentes en las emergencias de los centros sanitarios”.

Para diagnosticar el síncope vasovagal es necesario descartar el origen cardiogénico o neurogénico del desvanecimiento. La doctora Martínez lo describe:

El síncope de origen cardíaco, que suelen padecer personas por encima de los 65 o 70 años debido a fibrilación auricular, cardiopatías o trastornos del ritmo del corazón,  es súbito, no suele presentar pródromos (sudoración profusa, náuseas, mareo, etc.). El paciente no se entera de que se ha desmayado, aunque la recuperación también es espontánea.

En el síncope neuronal, la pérdida de la conciencia también es repentina, pero, al contrario que en los otros dos tipos de síncopes, el paciente se encuentra adormecido cuando se recupera. No está bien despierto porque quizá haya padecido un ictus, una hemorragia o una crisis comicial o epiléptica. Tarda en recuperarse. Es lo que los médicos denominamos un paciente poscrítico.

Marino Pérez . EFE / GRB

Además, un síncope puede causar lesiones graves por la caída al suelo. Como recuerda el adolescente Marino Pérez: “si no llega a ser por las colchonetas, me descalabro”. La veteranía de la doctora Martínez en las urgencias apunta a “golpes en la cabeza, con hemorragia cerebral, heridas, contusiones o fracturas graves”.

¿Qué causa un síncope?

Si la anamnesis (entrevista e historial del paciente) y las pruebas médicas efectuadas en urgencias, tales como  la revisión de la hipoglucemia, no despejan todas las dudas y los síncopes se repiten,  la cita posterior es con el equipo de neurología. Como aclara el doctor Vivancos, significa que han fracasado las medidas convencionales para minimizar los síntomas del síncope vasovagal: “Beber más líquido, tomar más sal en las comidas, usar medias elásticas y, en ocasiones, algunos fármacos”.

Podría ser el caso de Carlos Cruz Aranda, un hombre que ronda los cincuenta. Empezó a desmayarse hace dos años: “Notaba mucho sueño y cansancio hasta que me caía, pero nada violento. Simplemente me desmayo y punto”. Carlos piensa que es consecuencia del estrés que le provoca la crisis económica; no en vano era el propietario de una empresa de transportes que tuvo que cerrar después de mil quebraderos de cabeza.

El doctor José Luis Merino. EFE / GRB

Le realizaron una exploración neurofisiológica  mediante encefalograma para observar su actividad bioeléctrica en condiciones basales (reposo, ayunas, sueño, vigilia, etc.) y “no descubrieron nada”, por lo que remitieron al cardiólogo para descartar problemas en el sistema cardiovascular: patologías anatómicas o funcionales. Allí le efectuaron más pruebas, entre ellas un ecocardiograma y el análisis de un Holter durante una semana para registrar la actividad eléctrica de su corazón.

“Puede tratarse del primer episodio de un problema cardíaco o de una enfermedad grave, o incluso de la primera manifestación de una posible muerte súbita en el futuro”, afirma el doctor José Luis Merino, jefe de la Unidad de Arritmias y Electrofisiología Cardíaca Robotizada del Hospital La Paz.

“Si la causa está en el corazón, es un tipo de síncope relacionado con una enfermedad, bien por un problema cardíaco, como un mal funcionamiento de una válvula, o bien por un problema eléctrico, que hace que el corazón palpite muy lento o muy rápido. Muchos de estos síncopes se tratan con marcapasos que evitan la lentitud o se practican cateterismos para suprimir la velocidad anómala”.

A la camilla basculante

Pero a Carlos no le encontraron patologías en el corazón. ¿Entonces?…  Llegó la hora de la acción: la prueba de la mesa basculante, “un test que todo el mundo piensa que consiste en marear a un paciente hasta que cae redondo al suelo. Y nada más lejos de la realidad”, nos cuenta el cardiólogo Antonio Hernández Madrid, del Hospital Ramón y Cajal de Madrid.

El doctor Antonio Hernández. EFE / GRB

El test intenta reproducir las mismas condiciones de un estrés ortostático de forma controlada. “Es la prueba que más se acerca al diagnóstico definitivo a pesar de que se den falsos positivos y falsos negativos”, agrega.

El paciente, Carlos, se tumba en una camilla y la enfermera lo sujeta con correas para evitar caídas. Se le colocan una serie de electrodos en el pecho para valorar el ritmo cardíaco y se monitoriza constantemente la presión arterial. Además, se le introduce un catéter intravenoso en un brazo. La camilla bascula lentamente para que Carlos pase, sin esfuerzo, de una posición horizontal hasta una posición vertical de 60 a 80 grados. Permanece en esta postura de 20 a 30 minutos con un objetivo: “observar las variaciones de la tensión y la frecuencia cardíaca que provocan los pródromos… y el síncope”.

Nada. Carlos informa al médico de sus sensaciones… ni un mínimo síntoma. Y como no siente “ni siquiera un mareíllo”, se pasa a una segunda fase que dura de diez a veinte minutos. La enfermera le da a Carlos un medicamento para potenciar los efectos y cuando la pastilla se ha deshecho debajo de la lengua… “noto como si tuviera mucha sangre en la cabeza, pero nada más” dice Carlos, algo decepcionado.

La prueba finaliza. Ha resultado negativa: ” A veces, el síncope neuromediado se queda sin diagnosticar y no sabemos por qué“, destaca el doctor. Carlos vuelve a la mundana verticalidad con una sonrisa. “Solo me preocupa desmayarme mientras practico montañismo, ya que los médicos no ven indicios de problemas cardíacos o neuronales”.

El médico y la enfermera comprueban que la prueba de síncope vasovagal ha resultado negativa. EFE / GRB

Sin embargo, el cardiólogo tira de profesionalidad. No descarta arritmias cardíacas ni enfermedades neurodegenerativas como el parkinson. Hernández Madrid devuelve el caso al neurólogo de Carlos con sus recomendaciones, entre otras, “un aparato sin cables que se implanta en el pecho para vigilar al corazón durante dos años”.

Entretanto, se hace necesario evitar los principales desencadenantes del síncope vasovagal: el estrés, que puede provocar que todo te dé vueltas, como si flotaras en un mar revuelto; o el calor, que desencadena una acumulación de sangre en las piernas que puede obligarte, por ejemplo, a que te tumbes en el suelo de un chiringuito, boca arriba y con los pies apoyados en una silla a la espera de que un buen samaritano, normalmente el camarero, te traiga un poco de sal.

 

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