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Las dos caras del aborto en Uruguay

En Uruguay se practican al año unos 30.000 abortos clandestinos, según fuentes oficiales. Hasta hace poco esta era una realidad casi oculta que la nueva ley de despenalización, aprobada en octubre pasado y que hoy entra en vigor, ha ayudado a sacar a la luz

Las dos caras del aborto en Uruguay
EFE/MARIO LOPEZ

El aborto es una realidad que afecta a miles de mujeres en Uruguay aunque se haya mantenido en la más estricta clandestinidad, lo que coloca a las que lo practican en una situación de riesgo e indefensión, además de vulnerar sus derechos, denuncian varias ONG uruguayas.

“Calculamos que cada veinte minutos se realiza un aborto en Uruguay”, ha señalado a Efe Martha Aguñím, miembro de la organización Mujer Y Salud de Uruguay (MYSU), quien lamenta que durante 2012 hayan fallecido ya dos mujeres por la práctica de abortos en la clandestinidad.

La nueva ley del aborto técnicamente no legaliza la interrupción del embarazo sino que la despenaliza siempre y cuando se realice dentro de las doce primeras semanas de gestación y dentro de un marco establecido por el Estado.

Sin embargo, diferentes ONG del país, como MYSU, tienen dudas acerca de su eficacia, pues en su opinión dificulta el acceso libre al aborto al ser necesario que la mujer sea controlada por un “tribunal” al que tiene que explicar “por qué quiere abortar”, señala Aguñim.

La nueva ley establece que las mujeres que quieran interrumpir su embarazo tendrán que acudir a un médico que las derivará a una comisión formada por psicólogos, ginecólogos y trabajadores sociales que la asesorarán.

Luego tendrán cinco días para reflexionar y por último podrán iniciar si lo desean el procedimiento con su médico en un centro público o privado.

Los abortos que se realicen fuera de este procedimiento seguirán siendo ilegales y por tanto penalizados.

Por otro lado, la MYSU denuncia también que en las poblaciones del interior del país la mujer se encuentra en una situación más vulnerable, al haber pocos centros médicos preparados.

Además, al tratarse de zonas de baja densidad de población, su intimidad y anonimato no están asegurados.

El riesgo del misoprostol

Hasta ahora la práctica más generalizada en Uruguay para abortar sigue siendo la ingesta de misoprostol, un medicamento para las úlceras gástricas con el que “las mujeres pueden poner en grave riesgo su salud”, explicó la portavoz de MYSU.

En este sentido “asesorar a la mujer en el pre y post aborto es fundamental”, asegura a Efe Anaba Labandera, partera y miembro de Iniciativas Sanitarias (IS).

IS es una organización uruguaya que representa a los profesionales vinculados con la salud sexual y reproductiva y especialmente con la atención a la salud integral de la mujer.

“Respetar la decisión final es fundamental, sea cual sea”, para “reducir los efectos negativos de realizar esta práctica” y conseguir “el respeto de los derechos de la mujer”, afirma la partera.

La información reduce los riesgos

Labandera explica que su organización busca especialmente informar a la mujer de los riesgos y condiciones de un aborto, así como de los métodos de control y prevención del embarazo no deseado, para garantizar que la mujer siga un proceso “de menor riesgo”.

“Uno de los grandes problemas del Uruguay es la falta de información y educación para la prevención del embarazo no deseado”, destaca.

Sobre los plazos para realizar el aborto, Labandera afirma que la experiencia con la que el IS trabaja demuestra que entre las siete y nueve semanas primeras las mujeres que desean abortar consultan.

“Es la etapa más segura para interrumpir. A partir de ahí aumentan los riesgos”, manifiesta Labandera.

Pero además de un control preaborto, es muy importante el control postaborto: “Practicar un aborto no es algo sencillo, la mujer se encuentra ante una situación límite, complicada y ayudarla después de la interrupción del embarazo es fundamental”, asegura.

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