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¿Lactancia materna o artificial?

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La enfermera especialista en obstetricia y ginecología, Rosabel Molina Olías, matrona en el Hospital de El Escorial de Madrid, destaca el mensaje de la OMS o de los múltiples organismos médicos que favorecen la salud y el desarrollo de un recién nacido: “El bebé debe ser amamantado con leche materna, al menos durante los primeros seis meses de vida, siempre que no haya algún impedimento, normalmente relacionado con alguna enfermedad”.

“La lactancia materna, natural, es el método recomendado para alimentar al recién nacido -añade-, puesto que contiene todos los nutrientes necesarios para que el lactante crezca desde su primer minuto de vida; y es determinante para luchar contra las infecciones al reforzar su sistema inmunitario. Además, se genera una mayor vinculación entre la madre y el bebé a través del contacto piel con piel“.

Leche materna y leche de fórmula

Cuando una mujer se queda embarazada puede llegar a plantearse qué tipo de leche le dará a su bebé al nacer: natural o de fórmula, pecho o biberón. Pero, en la inmensa mayoría de los casos no deja de ser un planteamiento ceñido a circunstancias personales, laborales o sociales de ella o de su unidad familiar. Si nada físico lo impide, la elección no puede ser otra que la leche materna.

“Dar el pecho debería seguir siendo un acto reflejo e instintivo, pero hoy en día, por el tipo de vida que llevamos, condicionado por la organización laboral, muchas veces inadecuada para fomentar la crianza, la falta de información o el exceso de información errónea, y un sinfín de factores sociales, cada vez son más las mujeres que necesitan apoyo especializado para poder ofrecer una lactancia eficaz a su bebé y no fracasar en el intento”, opina y argumenta Rosabel.

De hecho, la lactancia materna debiera mantenerse durante el primer año de vida del bebé, sin descartar un mayor número de meses. No solo es fundamental para los bebés prematuros, sino que ayuda en la lucha contra los múltiples tipos de gérmenes: los anticuerpos pasan de la madre a su hijo o hija aumentando así la protección ante las infecciones de oído, respiratorias o estomacales, por ejemplo.

La lactosa, el suero, la caseína o la grasa que contiene la leche materna facilitan la digestión del bebé. Muchas de las vitaminas, salvo la vitamina D, y minerales esenciales necesarios para el recién nacido se encuentran en la leche natural. La leche de fórmula, por muy buena alternativa que sea, no ha conseguido todavía reproducir las ventajas de la leche materna: cada madre, por añadidura, es única.

Existen tres tipos básicos de alimentación en esta etapa vital del bebé: la lactancia materna exclusiva, la lactancia mixta y la lactancia artificial. Elegir una u otra marcará el modelo de crianza. Cualquier opción es válida, pero los pediatras y las matronas recomiendan la leche materna.

La lactancia materna exclusiva debe ser a demanda, puesto que el pecho no solo es una manera de dar el alimento, sino que es una forma, también, de consolar o de dormir al bebé: se pone al pecho y, si es porque necesitaba calmarse, se calma; si necesitaba comer, come; y si necesitaba dormir, duerme.

Leche artificial: una fórmula necesaria para ciertos casos y opcional para otros

Las leches infantiles o maternizadas intentan obtener el máximo de cualidades nutritivas y protectoras de la leche materna, pero no lo consiguen. Solo superan a la leche de la madre en que pueden aportar nutrientes y vitaminas que no estén presentes en la leche natural.

Si la elección de la mujer es alimentar al bebé con preparados lácteos usando el biberón, hay que tener claro que cualquier leche maternizada, aprobada y homologada por las autoridades sanitarias, que se venda en farmacias o supermercados, será buena y garantizará la alimentación y el desarrollo psicofísico normal del recién nacido.

“Hay mujeres que no pueden o no desean alimentar a su bebé con lactancia materna, bien sea por alguna enfermedad (galactosemia en el bebé o leucemia o VIH en la madre) o bien por alguna otra razón (desarrollo laboral materno y paterno, relación de pareja, comodidad, dieta y estética materna, etc.), con lo que deciden hacerlo con lactancia artificial. Afortunadamente disponemos de fórmulas de lactancia artificial excelentes”, refuerza nuestra matrona.

Lo importante es saber que por cada 30 mililitros de agua embotellada, de baja mineralización, se debe añadir una medida rasa de la leche en polvo. Cada vez que sea necesario un cambio de dosis en las tomas, se hará de 30 en 30 mililitros. Si nos sobra leche en el biberón hay que desecharlo.

“Quiero incidir en el apoyo, comprensión y ayuda que requieren también estas madres y padres. Deben emplear la técnica que sea más eficaz para que el bebé no tenga problemas o repercusión alguna en su salud y desarrollo. Nosotras, las matronas, damos formación y refuerzo a estas mamás y papás que optan por la lactancia artificial”, concluye Rosabel Molina Olías.

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