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La terapia biológica llega al cáncer de cérvix avanzado

La terapia biológica o diana, aquella que como un misil ataca directamente al tumor, ya está disponible en España para pacientes con cáncer de cérvix recurrente o metastásico que hasta ahora solo recibían quimioterapia y radioterapia como tratamiento estándar

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La terapia biológica llega al cáncer de cérvix avanzado
Infografía: Roche

Se trata del anticuerpo monoclonal bevacizumab (comercializado como Avastin por Roche) que ha sido aprobado por el Ministerio de Sanidad para su uso en España, en combinación con quimioterapia, y que ya es una realidad en el tratamiento de tumores de pulmón, mama, riñón, ovario y colorrectal.

Esta nueva indicación, para cérvix, ha sido presentada hoy por los doctores Ana Oaknin, del Servicio de Oncología del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona; Lucas Minig, jefe del Servicio de Ginecología Fundación Instituto Valenciano de Oncología, y la doctora médico de Roche, Annarita Gabriele.

Esta terapia biológica, administrada junto a quimioterapia, ha demostrado una reducción del 30% del riesgo de muerte, pasando de una supervivencia media de 12 a 17 meses.

“Aunque solo sean cuatro meses, es un tiempo que impacta de forma llamativa en la vida de las pacientes”, afirma la doctora Oakin, vicepresidenta del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Ovario (GEICO).

Pero este periodo se alarga en la supervivencia global, ya que en torno al 20% de las pacientes sobreviven al cabo de cincuenta meses y pueden llevar una vida normal y con calidad, según los análisis todavía en marcha.

El bevacizumab es un fármaco que ataca la angiogénesis, proceso a través del cual el tumor induce la creación de nuevos vasos sanguíneos que le permiten crecer y alimentarse. Y el tumor de cérvix se asocia a una angiogénisis tumoral muy intensa desde el inicio de la malignización de las células.

Terapia antiangiogénica en el cáncer de cérvix. Infografia Roche
Terapia antiangiogénica en el cáncer de cérvix. Infografia Roche

Cáncer de cérvix y VPH

El cáncer de cuello de útero afecta a mujeres entre 35 y 50 años y en España se detectan cada año más de 2.500 casos. En un 99% de los casos se debe a una consecuencia tardía de la infección por el Virus del Papiloma Humano (VPH).

Sin embargo, explica el doctor Minig, la infección por VPH es necesaria para este tipo de cáncer pero insuficiente ya que se necesitan otros factores para su desarrollo, en especial cualquier estado inmunodepresivo del paciente causado por el tabaco, infección por virus del sida, infección por virus hepatitis C, diabetes descompensada o tras la medicación suministrada tras un trasplante.

“A día de hoy, 8 de cada 10 mujeres sexualmente activas que caminan por la calle se van a infectar por el virus del papiloma en algún momento de su vida”, asegura el especialista.

Pero eso no significa que toda mujer infectada sea una enferma, ya que el 95% lo van a eliminar espontáneamente en los siguientes tres años gracias a su sistema inmune y solo una pequeña minoría presentará lesiones premalignas que en un 50% progresarían a cáncer en una década.

En España, un 40% de los casos de cáncer de cérvix son diagnosticados en estadíos iniciales, con la cirugía como mejor estrategia terapéutica y con una tasa de supervivencia del 90% a los cinco años.

El otro 60% se diagnostica en estados avanzados, con radioterapia y quimioterapia como tratamiento, y con una supervivencia por debajo del 45% a cinco años.

El cáncer de cérvix aparece si la mujer no se somete a revisiones ginecológicas regulares o si estas pruebas, como la citología, incurren en una tasa de error.

“La citología tiene su límite. Se raspan células de la superficie externa del cérvix pero si el cáncer está creciendo hacia dentro puede que no sea detectado. Si crece hacia afuera se detecta con un simple espéculo”, explica el jefe de Ginecología de la Fundación Instituto Valenciano de Oncología.

Un cáncer que no siempre da la cara. “Los síntomas -añade- aparecen a veces, y el principal es el sangrado que se suele enmascarar” con los ciclos menstruales de la mujer.

Es en este grupo de cáncer avanzado, con gran riesgo de recaída, donde no se habían experimentado grandes avances terapéuticos más allá de “beneficios modestos” proporcionados por las diferentes quimioterapias y por eso es necesario los nuevos fármacos que “impacten en la supervivencia” de la enfermedad metastásica o recurrente, señala el doctor Lucas Minig.

El cáncer de cérvix se puede prevenir con los diagnósticos tempranos (citología). Pero también se puede hacer una tipificación viral y vacunar, como se establece en España, a niñas de 12 a 14 años.

El VPH es una gran familia compuesta por cerca de un centenar de subtipos distintos de bajo y alto riesgo. Cuando se hace una tipificación viral se determina qué subtipo tiene y si es de alto riesgo se puede determinar riesgo de desarrollar cáncer de cérvix.

La directora médico de Roche ha destacado la contribución “clave” de España en convertir a Avastin en la primera terapia biológica contra el cáncer de cérvix al ser el único país europeo que ha participado, a través de GEICO, en la investigación independiente del Grupo Americano de Oncología Ginecológica con siete hospitales y 18 pacientes .

Inmunoterapia para cáncer de útero

Si las terapias biológicas o diana han llegado al cáncer de útero, también la inmunoterapia (fármacos que estimulan al sistema inmune para que luche contra el cáncer) se está ensayando en este tipo de cáncer después de que ya es una realidad en pulmón, melanoma o riñón.

Precisamente la inmunoterapia se trata de una vía de investigación ya que la gran mayoría de mujeres que se infectan por el VPH desarrollan un cáncer porque el virus ha sido capaz de engañar a su sistema inmune y lo imposibilita para destruir a las células infectadas.

La vicepresidenta del GEICO explica que se está trabajando en dos vías: una, con vacunas modificadas que estimulan el sistema inmune para que luchen contra las células infectadas, y otra en nuevos fármacos como el atezolizumab (inhibidor de la proteína PD1 de Roche) para incorporarlo a los tratamientos dentro de los ensayos clínicos para comprobar que mejoren los resultados.

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