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La talla y el peso de Julia

La curva de crecimiento de un bebé como Julia, cuando tenía ocho meses, se situaba en un percentil de 25, lo que significaba que el 75% de los nenes de su edad eran más altos y pesaban más que ella; pero esa estadística no le preocupó a su madre, la pediatra María Angustias Salmerón Ruiz, especialista en la adolescencia del Hospital La Paz

 

La información que dibuja la curva de crecimiento o percentil se obtiene con los datos de la medición de la altura y el registro del peso de miles de niños; referencias  numéricas a partir de las cuales se establece el promedio de un país para cada edad y cada sexo.

“Esta tabla no deja de ser una especie de fotografía en la que se retrata la pauta de desarrollo físico de la población infantil. Es como si fuéramos a una clase de primaria y comprobáramos que hay niños y niñas de diferentes alturas, más delgaditos o más gorditos”, señala.

En el crecimiento del niño influyen el sexo, la edad o la genética -a papás más altos suelen corresponderse niños más altos-, pero que el bebé o el niño esté en una zona por encima de la media o por debajo de la media del percentil no significa que sufra patología alguna.

“Estos datos -insiste- lo único que indican es cómo está ese bebé o niño en relación a la media del resto de la población a esa misma edad”.

El temor a las diferencias

Los pediatras valoran el peso, la talla y la circunferencia de la cabeza hasta que el bebé cumple los dos años de vida. A partir de esa edad lo que se mide es el peso, la talla y tienen en cuenta la velocidad de crecimiento.

“A los pediatras lo que nos importa es cómo está el bebé fotografiado con el historial clínico de la evolución de sus propios datos, es decir, cómo se va desarrollando el bebé a lo largo del tiempo y cómo va dibujando su propia curva de crecimiento, ya que un valor aislado carece de relevancia médica”, apunta la doctora.

María Salmerón, mamá y pediatra, con su hija Julia-efe
Julia se entretiene con un rollo de esparadrapo mientras su madre vídeobloguea para efesalud.

Por ejemplo, si un niño gana menos peso de lo habitual y comienza a tener ciertas diferencias con el resto de niños de su edad; y su curva de percentil no es la que cabría esperar; y tampoco padece enfermedad alguna; y la exploración médica no revela anomalías, “tendremos que tener un poquito de paciencia“.

El médico tiene que comprobar si el decrecimiento el aumento excesivo obedecen a razones ocultas.

“Los niños que van a la guardería, como enferman con más asiduidad que los que se quedan en el hogar familiar, suelen perder peso, pero luego lo recuperan. No significa que a priori tengan un problema; habrá que investigarlo. Dependerá de cada caso”, afirma.

Si una curva de crecimiento se desvía de forma llamativa, el pediatra centrará su atención, con total seguridad, en ese bebé o niño, y decidirá, para disipar cualquier duda, si se debe realizar alguna prueba diagnóstica complementaria.

Cambios de percentil

El bebé crece muy rápido y gana mucho peso durante su primer año de vida, desarrollo que decrece a partir de entonces. Es la biología humana.

“Si continuáramos creciendo al ritmo del primer año, seguramente -observa- nos convertiríamos en elefantes”.

Un bebé que nace con 50 centímetros, al año de vida suele medir 75; ha aumentado la mitad de su talla en doce meses. El peso se triplica. Cuando nace pesa alrededor de tres kilos y al año la balanza se inclina hasta los nueve.

Después del primer cumpleaños, que conlleva la disminución gradual del crecimiento, también merma el apetito. Los bebés empiezan a comer menos cantidades.

“Es que ahora come mucho menos que cuando tenía nueve meses -suelen comentar las mamás-. Es que tiene que comer mucho menos que cuando tenía nueve meses -responde la pediatra-. Apetito y actividad determinan el crecimiento”.

Durante la etapa fetal, el futuro bebé depende de la placenta de la madre, de la calidad del oxígeno que le proporciona, de su alimentación, de sus hábitos saludables o de la influencia de una patología crónica, circunstancia ésta que si la padece el feto afectará a su crecimiento; incluso hará que no alcance la media del peso de otros recién nacidos.

“Los bebés prematuros también nacen con menos peso, pero lo que realmente determina el peso del recién nacido es la placenta, la madre y el propio bebé”, aclara la doctora Salmerón.

Una vez que nacen, sobre todo a partir del sexto mes, los factores extrauterinos son los que influyen en su crecimiento: la alimentación, el sexo, la edad y la genética familiar.

Casi todos los niños tienen un crecimiento parecido hasta los seis meses de vida, aunque no es hasta el tercer o cuarto año cuando cada uno de ellos coge “su carril” para llegar a la edad adulta.

Y en ese trayecto, y si no sucede nada extraño, el percentil se mantendrá más o menos estable hasta la adolescencia, donde influyen algo más las hormonas.

Mensaje despresurizador

A muchos padres les inquietan los cambios en el percentil cuando los valores son inferiores a la media.

“Tienen que tener en cuenta que un percentil tres, que indicaría que el 97% de sus colegas de biberón miden o pesan más que él o ella, no significa que exista alguna enfermedad. A priori, son completamente normales”, ejemplariza la doctora.

María Salmerón, pediatra, sonríe a cámara.
María Salmerón Ruiz. EFE / GRB

María Salmerón pide confianza en el especialista: “Si el pediatra valora que todo va bien, hay que confiar en su diagnóstico. No por hacer pruebas innecesarias se consigue un patrón de crecimiento normalizado. Disfrutad de vuestros niños, grandes o pequeños, sin dar importancia a la tabla del percentil”.

María, madre y médico, piensa en su hija Julia, que se está merendando un plátano de Canarias que le ha pelado su padre,y concluye: “Pero sobre todo no os comparéis; no os comparéis con las tablas de crecimiento ni con nadie. Vuestros hijos son únicos”.

La doctora Salmerón publica un blog:  http://mimamayanoespediatra.blogspot.com.es/

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