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La rutina ayuda a que el cerebro se adapte a la nueva hora

Los relojes deben adelantarse una hora en la madrugada del domingo. A las 02,00, las 03,00. Este cambio horario de principios de primavera va a costar más a los niños, al producirse cuando han empezado las vacaciones escolares de Semana Santa. También el cerebro de las personas mayores se resiente especialmente

La rutina ayuda a que el cerebro se adapte a la nueva hora
Infografía cambio de hora/EFE/Marina Segura

En las vacaciones escolares puede ser más complicado realizar la adaptación al nuevo horario, al no existir una imposición externa, como es ir al colegio, para mantener la rutina.

“Los adultos también lo van a sufrir, puesto que con las vacaciones se necesitará un mayor esfuerzo para reorganizar la actividad rutinaria”, explica el doctor Francisco Gilo, del Servicio de Neurología del Instituto de Neurociencias Avanzadas Madrid -INEAMAD del Hospital Nuestra Señora del Rosario.

El cambio de hora afecta al cerebro, porque que es el encargado de organizar el control de muchas funciones de nuestro cuerpo, teniendo en cuenta unos patrones horarios conocidos como ritmos circadianos.

Estos ritmos, que se rigen por una periodicidad de 24 horas, se programan siguiendo los cambios externos de luz y oscuridad que se producen entre el día y la noche.

El control de la temperatura, el sueño y la producción de algunas hormonas se realiza de esta forma. Cuando se establecen los cambios horarios durante el año para fomentar el ahorro energético, se genera un pequeño desajuste de estos ritmos circadianos y nuestro cuerpo precisa sincronizar sus “relojes internos” para adaptarse a la nueva pauta.

Efectos del cambio horario

No obstante, la alteración que se produce en nuestro cerebro con el cambio horario va a ser menos acusada que en otras situaciones en las que las variaciones de horas son más grandes, como cuando se realiza un viaje transoceánico y aparece el conocido jet-lag.

“Durante los periodos de ajuste se pueden experimentar algunas alteraciones del sueño, como el insomnio o la excesiva somnolencia diurna, así como cansancio, falta de concentración y un carácter un poco más irritable”, apunta Francisco Gilo, quien asegura que “por lo general son síntomas leves que se resuelven en pocos días”.

Entre las recomendaciones, el neurólogo expone que se pueden minimizar los síntomas adaptando nuestras actividades y rutinas al nuevo horario desde el día de la víspera, realizándolo de forma progresiva sobre todo en la alimentación, las horas de ocio y el momento de acostarse.

Todos los grupos de edad son susceptibles de acusar pequeñas alteraciones derivadas de los cambios horarios, pero se considera que las edades extremas de la vida; es decir, los niños y los ancianos, son más propensos a verse afectados.

Hay que prestar especial atención a las personas con enfermedades neurológicas degenerativas, debido a la mayor labilidad de su cerebro, ya que esto hace que tengan una menor capacidad de adaptación.

 

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