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La leucemia linfática crónica hacia un futuro sin quimioterapia

La leucemia linfática crónica camina hacia un futuro sin quimioterapia gracias a los avances en un nuevo tratamiento biológico mucho menos agresivo y de gran tolerancia que cronifica esta enfermedad, garantizando una excelente calidad de vida a los pacientes

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La leucemia linfática crónica hacia un futuro sin quimioterapia
EPA/DOMINIC FAVRE

El estudio Resonate II ha presentado sus resultados actualizados en la 58ª reunión de la Sociedad Americana de Hematología (ASH, por sus siglas en inglés), que reunirá hasta el martes a 27.000 especialistas en esta materia en la ciudad estadounidense de San Diego (California).

La linfática crónica, el tipo de leucemia más frecuente en España, ataca a la médula ósea y los órganos del sistema linfático con una incidencia de 3,7 por cada 100.000 personas y 2.000 casos detectados al año en España, la mayor parte en hombres con una edad media de 65 años.

Ello hace que casi la mitad de los enfermos no pueda aspirar al tratamiento estándar con quimioterapia por su agresividad y toxicidad.

Así lo detalló en un encuentro con periodistas el doctor Francesc Bosch, jefe de servicio de Hematología del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, quien explicó que una tercera parte de los afectados no requiere de tratamiento por presentar una evolución indolente, “muy tranquila”.

Logo de la Sociedad Americana de Hematología (ASH).
Logo de la Sociedad Americana de Hematología (ASH).

En otro tercio de los diagnosticados, la enfermedad también tiene una evolución sin dolor pero progresa y necesita tratamiento, mientras que el resto ya sufre esta patología en grado agresivo.

Para estos dos últimos grupos, ibrutinib, un inhibidor de la Tirosina Quinasa de Bruton (BTK, por sus siglas en inglés), necesaria para la maduración de las células implicadas en algunos cánceres hematológicos, se presenta ya como una alternativa a la quimioterapia.

El fármaco, recientemente ampliado a pacientes que no han sido previamente tratados, permite controlar la enfermedad con un perfil de seguridad mucho mayor, “se puede dar a todo el mundo”, independientemente de su edad, y con una tasa de eficacia “muy alta”.

Su gran inconveniente, el precio -en Estados Unidos es de 6.000 dólares al mes-, por lo que el reto en España, donde ya está aprobado y queda pendiente la negociación de su coste, pasa por cómo afrontar el impacto sobre el Sistema Nacional de Salud (SNS).

“El diagnóstico del SNS es difícilmente sostenible a menos que se hagan medidas de soporte a un bien sensacional que tenemos, que es un sistema universal y gratuito para todo el mundo”, lamentó Bosch.

Otras desventajas son “algunas toxicidades peculiares”, aunque el porcentaje de pacientes intolerantes es muy bajo, y conseguir que los enfermos, normalmente de edad avanzada, no olviden tomarlo, pues “se da de por vida”.

“Es la demostración de que cronificamos la enfermedad”, aseguró este doctor, que destacó que “en estos momentos la tendencia es pensar en el fin de la quimioterapia”.

No obstante, precisó que, aunque “cronificar es un buen paso”, lo ideal es “curar la enfermedad”.

Así, el futuro pasa por combinar estos fármacos biológicos para intentar curar la enfermedad, para lo que un equipo de 20 hospitales españoles ya está trabajando en ensayos de ibrutinib con un anticuerpo monoclonal en primera línea para intentar acercarse a la curación, en palabras del especialista.

La actualización introducida en este fármaco arroja una tasa de progresión de la enfermedad del 30 % en cinco años, de manera que en ese periodo seis de cada diez pacientes a los que se le está administrando ibutrinib (Janssen) lo siguen recibiendo.

A tres años, el nivel de supervivencia libre de progresión es del 85 %, lo cual quiere decir que solo un 15 % está fuera de tratamiento.

“Esto con quimioterapia no lo conseguiríamos ni en sueños”, enfatizó Bosch.

Primera sangre artificial para salvar víctimas de catástrofes

Investigadores de la Universidad de Washington han creado los primeros glóbulos rojos artificiales fáciles de almacenar y transportar y que, simplemente con mezclarlos con agua, podrían salvar miles de vidas en zonas de guerra o catástrofe donde las transfusiones de sangre se hacen imposibles.

Heridos instalados en el exterior del hospital Manmohan Memorial Community, en Katmandú (Nepal), tras el terremoto del 25 de abril. EFE/EPA/NARENDRA SHRESTHA
Heridos instalados en el exterior del hospital Manmohan Memorial Community, en Katmandú (Nepal), tras el terremoto del 25 de abril. EFE/EPA/NARENDRA SHRESTHA

El estudio, llamado ErythroMer, fue presentado hoy, sábado, durante la primera jornada de la 58 reunión de la Sociedad Americana de Hematología(ASH, por sus siglas en inglés), que reunirá hasta el próximo martes a 27.000 especialistas en esta materia.

Los nuevos glóbulos rojos están diseñados para emular las funciones vitales de los naturales con lo que, de confirmarse su utilización segura para seres humanos, podrían representar una alternativa a las transfusiones especialmente valiosa en zonas y situaciones donde la sangre es difícil de obtener o almacenar.

Asimismo, estas células están concebidas para ser liofilizadas, almacenadas a temperatura ambiente y reconstituidas simplemente con agua cuando sea necesario.

“ErythroMer sería un sustituto de la sangre que un médico puede llevar en un paquete consigo y, literalmente, sacarlo, añadir agua e inyectar”, explicó el autor principal del estudio Allan Doctor, de la Universidad de Washington.

Según el experto, actualmente no hay medios “simples y prácticos” para hacer una transfusión fuera de los hospitales, y uno de los objetivos claves de esta investigación es “la reanimación de víctimas civiles en lugares remotos y soldados heridos sin acceso a una evacuación oportuna”.

Las pruebas realizadas hasta la fecha hacen pensar a los investigadores que ErythroMer ha superado las barreras que obstaculizaron el desarrollo de otros sustitutos anteriores de la sangre, incluyendo la eficacia y el estrechamiento de los vasos sanguíneos.

De momento, solo se han realizado en ratones, aunque el equipo encargado del estudio del St. Louis Children’s Hospital, el Children’s Discovery Institute y el Skandalaris Center, estos últimos en la Universidad de Washington, así como el BioSTL Fundamentals Program, harán pruebas en animales más grandes.

Además, los investigadores están buscando métodos para aumentar la producción y, si las pruebas adicionales van bien, se estima que ErythroMer podría estar listo para su uso en 10 o 12 años.

Los ensayos, realizados en asociación con el doctor Greg Hare, de la Universidad de Toronto, consiguieron reanimar a animales en estado de shock por la pérdida de un 40 por ciento de su volumen sanguíneo.

Y es que las células artificiales captan el oxígeno en los pulmones y lo liberan en los tejidos, las dos principales funciones de los glóbulos rojos.

Los científicos han constatado como ErythroMer coincide con esta característica de los glóbulos rojos humanos en un 10 por ciento, un nivel que, aseguraron, debe ser suficiente para estabilizar a un paciente con sangrado hasta que se le pueda realizar una transfusión de sangre.

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