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Julia sí se vacuna contra los virus y las bacterias

“Hay algo que no puedo terminar de entender, ¡y mira que siempre intento comprender a los padres! Me sucede cuando escucho la frase…’lo hemos decidido, no vamos a vacunar a nuestro bebé’. Las vacunas funcionan a pesar de sus imperfecciones, estimadas familias, y salvan millones de vidas. Solo en sarampión, más de quince millones y medio desde principios de este siglo

Hay una corriente de opinión, cada vez más numerosa, que defiende la idea de no inmunizar a los niños porque “piensan que las vacunas son muy peligrosas para la salud de su bebé”, expone María Angustias Salmerón Ruiz, pediatra y especialista de la adolescencia del madrileño Hospital Universitario La Paz.

“Vaya por delante que uno de mis objetivos profesionales es informar a las madres y a los padres y nunca poner en cuestión sus creencias y convicciones. Pero sí debo alertar de los riesgos en los que ambos pueden incurrir si no protegen a sus hijos de los virus y las bacterias contagiosas”.

Las enfermedades infecciosas son la primera causa de muerte en muchos países subdesarrollados. El 90% de los fallecimientos se deben a seis tipos: infecciones respiratorias, diarreas por microorganismos, sida, tuberculosis, malaria y sarampión.

Dos de cada tres niños menores de cinco años fallece por una infección. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, la vacuna del sarampión evitó la muerte de 15,6 millones de personas entre el año 2000 y el 2013.

El calendario de vacunación de 2015 en España protege a los niños desde su nacimiento hasta los doce años de edad y lucha contra la hepatitis B, la difteria, el tétanos, la tos ferina, la haemophilus influenzae tipo b, la poliomielitis, el meningococo C, el neumococo, el sarampión, la rubeola, la parotiditis, el virus del papiloma, el meningococo B, el rotavirus, la varicela, la gripe y la hepatitis A.

Protección ante los microbios

Las vacunas crean la inmunidad necesaria para contrarrestar un posible contagio de una infección en el futuro. El sistema inmunológico obtiene la capacidad de reaccionar ante el agente patógeno (virus, bacterias u otros microorganismos) para evitar la enfermedad o su desarrollo.

Las manos de un sanitario militar mexicano extraen el fármaco con una inyección contra el virus del sarampión para inocularlo en el brazo de un niño.
Vacuna contra el sarampión en Ciudad de México. EFE / Mario Guzmán

Ante muchas bacterias tenemos tratamientos con antibióticos. Las personas sufrimos una enfermedad y se cura con la guía del médico y la adherencia a un fármaco.

Frente a muchos virus no disponemos de remedios curativos en forma de medicamentos instantáneos. Son las vacunas preventivas las que disminuyen la morbilidad y mortalidad de los efectos devastadores de los virus en el cuerpo humano.

“Por este y otros motivos, me parece sorprendente que en los países más desarrollados, donde la vacunación está al alcance de todos los niños, algunos padres se nieguen a la prevención de las enfermedades infecciosas“, opina María Salmerón.

Históricamente, las vacunas han conseguido desterrar infecciones que tenían una altísima mortandad no solo entre los niños, sino entre adultos, como fue el caso de la viruela. La vacunación masiva contra esta infección vírica en los años 70 del siglo XX consiguió erradicar la enfermedad. Ya no existe la infección natural de la viruela desde 1980.

Se piensa que si continúa la vacunación sistemática, por ejemplo en Europa, llegarán a desaparecer determinadas enfermedades infecciosas, como el sarampión, las paperas o la rubeola.

¿Qué sucede, entonces, cuando una parte de la población no se vacuna contra estas enfermedades infecciosas?

“Los virus y las bacterias provocan brotes de la enfermedad porque pueden reproducirse en la población no vacunada, algo que se ha comprobado en los últimos años con brotes de sarampión en Madrid y Granada en España, en la estadounidense California, en México o Canadá”, recuerda.

Se ha llegado al extremo de que se han necesitado órdenes judiciales para obligar a los padres a vacunar a sus hijos por una cuestión de prevención de la salud pública. Casos como el niño de año y medio que falleció en Alemania por sarampión en febrero de 2015, que no estaba vacunado, reabren un debate más social que científico.

Dos hombres, de espalda, contemplan y comprueban una especie de termómetro gigante, que llaman vacunómetro en el que se computan los niveles de erradicación de la rubeola en niños y niñas de Nicaragua. EFE /
Vacunómetro contra la rubeola en Managua a finales de 2005. EFE / Mario López

“Es cierto que si se continúa la vacunación sistemática del censo infantil es muy probable que tu hijo no contraiga la infección, pero eso obedece, fundamentalmente, a que la población en general está vacunada”, apunta.

“También es cierto, que si tú no vacunas a tu hijo, aunque no estés colaborando al bien común, te beneficias de que el resto de niños esté vacunado -añade- y de que la infección tenga menos posibilidades afectar a tu hijo”.

Como cierto es que las vacunas no son efectivas al 100% y a veces no consiguen su objetivo preventivo; pero su efectividad alcanza porcentajes de éxito abrumadores. Las vacunas son fármacos y, como tales, no son totalmente eficaces. ¡Ojalá lo fueran!”, se lamenta la doctora Salmerón.

Además, no existe el riesgo cero, ya que se producen efectos secundarios leves y graves.

“Los riesgos leves, por el hecho mismo de inocular el preparado y activar temporalmente el sistema inmunológico del individuo: enrojecimiento de la zona del inyectado, dolor por el pinchazo, malestar en la parte del cuerpo afectada, febrícula o fiebre durante las primeras horas o días desde la vacunación, etc.”, describe.

“Los riesgos graves son extremadamente infrecuentes -informa- y son menores que los que podría provocar la propia enfermedad, a pesar de lo que algunos grupos de presión intentan difundir en la sociedad”.

Ninguna vacuna es perfecta. Algunas vacunas se elaboran con el elemento patógeno muerto y por tanto nunca causan enfermedad. Otras se preparan con patógenos atenuados -vacunas vivas- lo que puede conllevar la activación permanente del sistema inmunológico, a pesar de que no se desarrolle la enfermedad. La afectación grave secundaria suele ser una persona por cada millón vacunada.

La información, vacuna de la vida

Para la pediatra María Salmerón Ruiz, cada adulto es responsable de su hijo y es libre de actuar en función de sus convicciones morales, pero “es muy importante que los vacunen, sobre todo de algunas patologías extremadamente peligrosas, como el tétanos o el sarampión“.

Si no se hace, se pone en riesgo también a los que tienes a tu alrededor, especialmente a otros niños, a los ancianos y a los enfermos; a los más débiles.

La infección por virus como la poliomielitis podría ser la segunda enfermedad erradicada en el mundo. Quedan tres países con polio endémica, Nigeria, Pakistán y Afganistán. Entre todos ellos solo sufrieron cerca de 370 casos comprobados.

La mamá pediatra, María Salmerón, juega con su hija Julia en el tresillo de su casa.
Mientras María y Julia juegan con el teléfono móvil… ¿Quién acecha tras el sofá? EFE / GRB

Antes de tomar una decisión sobre la vacunación es fundamental la información desde todos los puntos de vista y que la decisión final se adopte en función de los datos objetivos y no tanto desde las creencias personales o los mitos. La salud de tu hijo y la del resto de la población está en juego”, dice la especialista, para quien, sin lugar a la duda, “las vacunas evitan enfermedades infecciosas; y Julia, cuando cumplió once meses, ya se había vacunado según el calendario recomendado por los especialistas sanitarios“.

 

La doctora Salmerón publica un blog: “Mi mamá ya no es pediatra”

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