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Joven y deportista, objetivo de la muerte súbita

Fallecer en plena juventud por una cardiopatía no es nada habitual y abre años de pesadilla para las familias. Un electrocardiograma previo o una desfibrilación precoz evitarían la mayoría de las 30 ó 40 muertes de jóvenes deportistas que se producen cada año en España

Joven y deportista, objetivo de la muerte súbita
Un jugador de balonmano es atendido por sus compañeros después de sufrir un infarto que le causó la muerte en 2009 en Suiza. EFE/ Thomas Scherer

Los padres de esos jóvenes lo saben muy bien, como los de José Durán, un chico de quince años que murió por una miocarditis infecciosa mientras hacía deporte en un campo de fútbol  de L’Hospitalet en Barcelona (España).

José, cuyo “nick” era y es #7 para todos sus amig@s de Facebook, estaba entrenando;  otro ensayo rutinario de una temporada más. Hacía frío y el minutero del reloj marcaba ya las nueve. Sin saberlo, trenzaba su última jugada. Avanzó con el balón controlado, erró el pase a un compañero y se desplomó. “Vi cómo caía de bruces… y salí corriendo”,  nos cuenta su padre.

José, que se llama igual que su hijo, tiene grabada esa imagen en la retina y, lo que sucedió a continuación, escrito en el corazón: “Mi chico estaba en el suelo, inconsciente, rodeado de técnicos y compañeros. En pocos segundos había un centenar de personas y nadie sabía qué hacer. Perdí a mi hijo… en mis brazos”.

La cardióloga del Consejo Superior de Deportes (CSD) Araceli Boraíta señala una de las causas: “jugar en un equipo juvenil, cadete o infantil no te descarta para morir. Se entrena igual o más que en las categorías superiores. La diferencia está en la carencia de medios para salvar vidas, como tener o no un desfibrilador”.

Fútbol, disciplina con mayor riesgo

El “footing” o deportes como el ciclismo, el baloncesto y sobre todo el fútbol, con 834.458 fichas, registran la mayoría de casos de muerte súbita en España, a pesar de lo cual “muchos clubes emplean el dinero en equipaciones nuevas antes que en un desfibrilador”, valora la doctora Boraíta.

“Estamos hablando del chocolate del loro -un desfibrilador cuesta alrededor de 1.500 euros-. Los equipos se gastan el dinero en tonterías”, enfatiza la cardióloga. “La FIFA, por ejemplo, tendría que regular y aplicar normativas que obligaran a disponer de un desfibrilador en todos los campos de fútbol”.

La muerte súbita acecha a más de tres millones y medio de deportistas por la propia acción de la competición y en la hora siguiente después de finalizar la práctica deportiva.

“Te has duchado, vas tan tranquilo por la calle y te mueres. La práctica deportiva puede ser el gatillo, el disparador de la muerte súbita”, razona la doctora Araceli Boraíta.

José Durán, deportista nato desde la edad prebenjamín, sintió molestias durante el entrenamiento, según le contaron al padre, pero “los entrenadores no le dieron mayor importancia”.

En España se estima que fallecen entre 80 y 100 deportistas al año, de los que un 40% serían jóvenes menores de 35 años.

Según el doctor Pedro Manonelles Marqueta, presidente de la Federación Española de Medicina del Deporte y coordinador del Registro Nacional de la Muerte Accidental y Súbita (RNMASD), “muchas de estas muertes pasan desapercibidas porque no están documentadas”.

El 12% de las muertes naturales en la población general se producen de forma súbita y de éstas el 88% son de origen cardíaco (el 80% por cardiopatías isquémicas, el 15% por cardiopatías estructurales y un 5% por cardiopatías arritmogénicas).

En deportistas jóvenes, la mayor parte de las muertes están originadas por problemas cardiovasculares y una tercera parte se debe a cardiopatías estructurales (hipertróficas, arritmogénicas del ventrículo derecho y anomalías coronarias congénitas).

  • 16 millones de españoles hacen deporte
  • 3.550.000 personas están federadas
  • Entre 30 y 40 deportistas jóvenes mueren al año de forma súbita

José Durán, según explica el padre, sufrió una miocardiopatía de origen infeccioso, y aquella noche, 8 de enero de 2009, se combinaron, además, otras circunstancias: “nadie le hizo una reanimación cardiopulmonar (RCP), la instalación municipal no disponía de desfibrilador y la primera ambulancia, que tardó en llegar más de quince minutos, solo contaba con oxígeno medicinal”.

La segunda ambulancia, con equipo de urgencia cardiológica, “apareció cinco minutos después. Demasiado tarde -se lamenta José-. Consiguieron reanimarle con un desfibrilador y se lo llevaron al hospital con el corazón latiendo, pero mi hijo ya estaba muerto”.

La doctora Araceli Boraíta insiste en la trascendencia de la desfibrilación precoz, la única forma de quitar una arritmia cardíaca: “si queremos que el individuo no padezca lesiones secundarias debemos desfibrilar antes de los cuatro minutos o como mucho en diez minutos“.

El padre de José Durán, que es presidente de la Asociación Española contra la Muerte Súbita (AEMS), muestra su desconsuelo: “crees que la sociedad en la que vives, donde trabajas, te ofrecerá alguna salida en situaciones críticas; algo donde agarrarte… pero no es así. Nadie dio una oportunidad a mi hijo”.

Electrocardiograma y desfibrilador, salvavidas del corazón

El infortunio de este adolescente catalán, que admiraba al ex madridista Raúl González Blanco por su espíritu de lucha, fue similar al de futbolistas de la primera división española como Dani Jarque o Antonio Puerta y al de deportistas desconocidos como Juan José Navarro de 24 años que falleció en Tarifa (Cádiz), Kevin Lasso, de 15 años que perdió la vida en Alquerías del Niño Perdido (Castellón) o José Alejandro, también de 15 años, que murió en un terreno de juego en Gáldar (Gran Canaria).

La prevención es el mejor ariete contra la muerte súbita y por eso las distintas federaciones deportivas desarrollarán un protocolo que obligará al deportista a someterse a un reconocimiento médico que deberá incluir un electrocardiograma, que será valorado por un especialista para detectar algún tipo de alteración en el funcionamiento del corazón.

“En el caso de existir alguna duda, se realizarían más estudios, como una ecocardiografía, una prueba de esfuerzo o un test genético -avanza el doctor Manonelles- para intentar reducir, como en el caso de Italia, más de un 80% las muertes súbitas, sobre todo por miocardiopatías hipertróficas”, en el deporte de competición.

Mientras tanto, el padre de José Durán dedica todo el tiempo de su corazón a la memoria de su hijo, para que su muerte no haya sido en vano. “No puede existir un campo de juego sin desfibrilador -afirma- y sin personas preparadas para una emergencia cerca del césped”.

Un día le preguntaron al actor de cine Kirk Douglas si temía a la muerte. El protagonista de Espartaco lució su mágica sonrisa con hoyuelo y respondió que él perviviría en el corazón de su hijo. José Durán, padre, un gladiador de la vida, siente que su hijo “le ayuda desde el cielo”.

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