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Josep Tabernero: Innovar de forma sostenible en cáncer, el reto del siglo XXI

“La innovación siempre es un reto. Un reto y una obligación. Pero en el sector oncológico, el reto es aún mayor. Nos enfrentamos a una enfermedad de dimensiones titánicas…”. Así comienza el artículo para EFEsalud del doctor Josep Tabernero, presidente electo de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO, por sus siglas en inglés), en el que plantea una encrucijada: “Incorporar la innovación manteniendo la sostenibilidad en el tratamiento del cáncer”

Josep Tabernero: Innovar de forma sostenible en cáncer, el reto del siglo XXI
El doctor Josep Tabernero. Foto cedida por VHIO.

El doctor Josep Tabernero es el director del Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO) y jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona. Un experto, sobre todo, en tumores digestivos y en terapia molecular.

En esta ocasión, el oncólogo escribe un artículo para EFEsalud, con motivo del quinto aniversario del portal de salud de la Agencia EFE, en el que trata uno de los temas de más actualidad:

Innovar de forma sostenible en el tratamiento del cáncer: el reto del siglo XXI

Por Josep Tabernero

La innovación siempre es un reto. Un reto y una obligación. Pero en el sector oncológico, el reto es aún mayor. Nos enfrentamos a una enfermedad de dimensiones titánicas. Las cifras de casos nuevos de cáncer aumentan año tras año. De hecho, el número de tumores diagnosticados ha crecido de manera constante durante los últimos veinte años, y este año hemos llegado a las cifras que se esperaban para el 2020. Esto es debido a un envejecimiento progresivo de la población, pero también a las mejoras en la detección precoz de estos tumores.

Actualmente se considera que uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres sufrirá un cáncer a lo largo de su vida. Estos datos contrastan con una disminución de la mortalidad a causa de esta enfermedad.

Por un lado tenemos que lamentar que cada día vemos más casos de cáncer en nuestras consultas, pero por otro debemos celebrar que, paralelamente a un aumento de los casos, existe un aumento de los enfermos que sobreviven a tumores que antes eran mortales a corto plazo. Así, a pesar de que el cáncer es la principal causa de muerte en nuestros hospitales, cada año se evidencian mejoras en la supervivencia de los pacientes gracias a la prevención, al diagnóstico precoz y a los avances terapéuticos.

Con todo ello, nuestro objetivo, sin duda, es combatir el cáncer desde todos los frentes posibles: prevenirlo en primera instancia, y curarlo cuando aparece, pero en muchos casos, cronificando la enfermedad. Esta cronificación puede exigir un tratamiento continuado de los enfermos.

Nos enfrentamos, pues, a una enfermedad tremendamente frecuente, en aumento constante y con un porcentaje alto de cronificación, donde los tratamientos están en una evolución constante y una innovación continua.

Por un lado, todo el conocimiento nuevo, que suma y aporta nuevos horizontes: la detección de subtipos moleculares hacia los que dirigir tratamientos cada vez más precisos, específicos y personalizados; la inmunoterapia, y el desarrollo precoz de fármacos. Y, por otro lado, las continuas resistencias a los tratamientos que aparecen –incluso en los casi recién incorporados a los arsenales terapéuticos–, a las que solo la investigación ofrece respuestas, aunque cada vez más costosas.

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Inmunoterapia. Imagen: Roche

Todo ello, indudablemente, ofrece un escenario muy prometedor, pero a la vez nos obliga a una enorme responsabilidad paralela. Nos obliga a tener que pensar en términos de sostenibilidad. ¿Todos los tratamientos son sostenibles por los sistemas sanitarios? ¿Cómo debemos apostar por esta innovación sostenible? ¿Podrá nuestro sistema sanitario soportar los tratamientos futuros? Sin duda, no podrá.

Estamos inmersos en una alta tecnificación (diagnóstica y terapéutica) imprescindible para ofrecer el tratamiento del cáncer y esto obliga a pensar en modelos organizativos sostenibles, con una optimización del coste-eficacia y del beneficio clínico.

La investigación pionera y la innovación en los tratamientos no supone necesariamente un coste, sino que en determinados modelos de excelencia puede incluso hacer más sostenible al propio sistema.

Armonizar, por ejemplo, las actividades de un área asistencial clínica de oncología médica de excelencia con las de un programa de investigación clínica, preclínica y traslacional, líder y reconocido a nivel internacional como el que dispone el VHIO, y que apuesta fuertemente por la innovación, ayuda a promover la sostenibilidad.

Los ensayos clínicos

La atracción de talento y de ensayos clínicos con fármacos experimentales que están aún en fases iniciales no solo ofrece ventajas a los pacientes en primera instancia, sino que supone un ahorro para el sistema sanitario.

En nuestra institución, los tratamientos con medicamentos innovadores en estudio que aún no están comercializados sobre la base de los casi 1.500 pacientes a los que se realiza un estudio molecular en las muestras con una caracterización genómica y proteómica completa de sus tumores, han incrementado muchísimo en los últimos años.

Actualmente, el 25-30% de los pacientes que necesitan algún tipo de tratamiento médico lo hacen dentro de un estudio clínico, porcentaje que no tiene ningún otro centro oncológico del mundo.

Todo ello podría llevar a pensar que, al tratarse de los tratamientos más innovadores, se elevan los costes, pero no es así; en definitiva, supone un ahorro de más de once millones de euros anuales a nuestro sistema sanitario.

Trabajar en red

Además de una fuerte apuesta por la innovación y la investigación, la solución a la sostenibilidad también pasa por pensar y trabajar en red. Existen ejemplos cercanos: a nivel de investigación, por ejemplo, el Cancer Core Europe, que agrupa seis de los mejores centros de investigación oncológica europea, lo hace para optimizar los resultados de investigación y evitar duplicidades.

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EFE/ Salvatore di Nolfi

La gestión de big data, por ejemplo, es un reto mayúsculo al que nos enfrentamos desde que se trabaja con datos bioinformáticos, genómicos y moleculares. Compartirlos en una red de centros hace viable poder tener acceso a grandes cantidades de datos que nos dan “visiones macro” y nos permiten llegar a conclusiones que revierten directamente en el paciente.

Sin ir más lejos: la reciente subclasificación molecular en cáncer de colon. Se había intentado antes, y no había sido posible; hasta que hemos podido sumar grandes cantidades de datos y hemos dibujado los subtipos que acabarán determinando una medicina más personalizada en cáncer de colon.

La otra cara de la moneda, a nivel asistencial, este trabajo en red también tiene su traducción: la Red Oncológica de Cataluña, que representa un modelo basado en el consenso y en la descentralización territorial, utiliza los recursos estructurales –camas, equipos y estructuras de investigación, entre otros– y los recursos personales de las diferentes instituciones que lo forman, crea una estructura organizativa basada en la experiencia, la especialización y la transmisión del conocimiento entre los profesionales, y logra una organización altamente especializada, integradora de los profesionales y orientada a la eficiencia y la excelencia.

La sostenibilidad

Y, finalmente, hay que tener en cuenta la sostenibilidad de toda esta innovación en nuestro país, pero también en países en vías de desarrollo. Es imperativo poder democratizar todo este conocimiento y su traducción en nuevos tratamientos.

En un mundo global, el reembolso de los fármacos innovadores debería ser ajustado a la realidad económica de cada país, con el PIB –por ejemplo– y no con criterios de mercado. Ningún paciente en ningún país debería quedar fuera de las opciones terapéuticas conocidas por no poder acceder a su coste de mercado. El mismo tratamiento no tiene el mismo valor en un país con un PIB muy bajo que en un país rico.

Y en esta dirección trabajamos desde las sociedades científicas. Porque, en definitiva, todo lo que hacemos y por lo que trabajamos está centrado en nuestros pacientes. Si el enfermo está en el centro de toda nuestra actividad, podremos convertir nuestros centros en pioneros en investigación y asistencia y permitir la sostenibilidad académica y financiera a largo plazo para poder ofrecer lo mejor a nuestros pacientes.

Aquí radica el gran reto.

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