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Sanitarios y los trastornos del sueño, consecuencias pandémicas

La Sociedad Española de Neurología (SEN) advierte de que un 90 % de los sanitarios españoles ha confesado haber tenido algún trastorno del sueño durante los primeros meses de pandemia. Según los expertos, trabajar bajo presión y a turnos puede afectar de una manera “muy negativa” en la salud de estos profesionales

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Una sanitaria se lleva las manos a la cabeza por el cansancio/EFE/EPA/CHRISTOPHE PETIT TESSON

A comienzos de 2020, la Sociedad Española de Neurología (SEN) estimaba que entre un 25-30 % de la población adulta española presentaba insomnio transitorio y que un 10-15 % sufría de insomnio crónico.

Una prevalencia que era aún más alta entre algunos grupos profesionales, por ejemplo, entre los sanitarios, donde el insomnio ya afectaba a un 45 % de los mismos.

“Es indudable que la sensación de miedo, ansiedad e incertidumbre generada por la pandemia ha aumentado considerablemente estas cifras entre la población española”, comenta el doctor David Ezpeleta, secretario de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Neurología.

“Si a esta situación añadimos la sobrecarga asistencial o la presión a la que se están viendo sometidas muchas personas en su ámbito laboral, -detalla el doctor Ezpeleta- los efectos que está teniendo la pandemia en la calidad de sueño, son aún más llamativos”.

Marzo, abril y mayo

Aunque los expertos de la SEN consideran que aún es pronto para cuantificar el verdadero alcance que está teniendo la pandemia en el desarrollo de trastornos del sueño, en su última reunión anual se presentaron dos estudios que intentan realzar alguna aproximación a esta repercusión.

De estos dos estudios se desprende que el 80 % de los sanitarios españoles sufrieron insomnio durante los meses de marzo, abril y mayo de 2020 y que un 90 % aseguraba haber padecido alguna afectación del sueño durante este periodo.

Además, la percepción de insomnio, pesadillas, sonambulismo, terrores nocturnos o pérdida de calidad de sueño en general fueron más frecuentes en el grupo de personal sanitario que entre los trabajadores no sanitarios que también participaron en estos estudios.

“El sueño es una necesidad fisiológica y la evidencia científica sugiere que está implicado en procesos de recuperación homeostática, reparación de tejidos, control inmunitario y consolidación de la memoria, entre otros. Por tanto, la privación de sueño, tanto aguda como crónica, puede tener efectos muy negativos en la salud”, explica el doctor David Ezpeleta.

Pero, ¿cuántas horas necesitamos dormir al día? Aunque los expertos creen que no hay una única respuesta a esta pregunta, ya que la necesidad de sueño es una característica individual, la mayoría de la población necesita dormir entre 6 y 8 horas.

Trabajar a turnos

Según los resultados de los estudios, uno de los factores que también se asoció con una mayor probabilidad para el desarrollo de estas afectaciones del sueño fue el trabajo a turnos.

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Una enfermera prepara las vacunas contra la COVID-19/EFE/Marta Pérez

Los expertos hablan de multitud de estudios que se han publicado en los que muestran que largas jornadas de trabajo, con frecuencia asociadas a un alto nivel de estrés físico y psicológico, provocan una privación de sueño aguda y crónica que repercute negativamente en la salud.

Y la privación de sueño, aseguran desde la SEN, tiene efectos negativos tanto a nivel cognitivo como en el sistema cardiovascular, endocrino e inmunológico o como posible factor carcinogénico (que produce o favorece la aparición de cáncer).

Además, a esto se le añade los efectos de la cronodisrupción, es decir, una alteración de los ritmos circadianos de nuestro organismo generado por el trabajo por turnos.

Según los expertos, la prolongación de la vigilia y la privación de sueño afectan al funcionamiento de las redes neuronales, repercutiendo negativamente en tareas como atención, concentración y memoria.

Además este efecto es acumulativo, dicho de otro modo, a mayor número de horas despierto o a mayor número de días de privación de sueño, mayor repercusión sobre dichas tareas.

Y esto, indica la SEN, también implica un aumento del riesgo de sufrir accidentes laborales, domésticos y de tráfico. Asimismo, los sujetos privados de sueño toman decisiones más arriesgadas o tienen problemas para el control emocional, que se puede manifestar con irritabilidad y respuestas desmesuradas ante mínimos estímulos.

Menos sueño, mayor mortalidad

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Una profesional sanitaria fatigada tras el turno de noche/EFE/EPA/CHRISTOPHE PETIT TESSON

La reducción crónica de las horas de sueño, detallan los expertos, también tiene consecuencias negativas sobre la mortalidad.

Uno de los últimos estudios llegó a la conclusión de que por cada 5 % de reducción de sueño REM (fase del sueño en la que soñamos), aumenta un 13 % la mortalidad a lo largo de un periodo de seguimiento de 12 años.

“Las razones por las que sucede esto aún no están del todo claras, pero se piensa que una buena calidad de sueño tiene efectos antioxidantes protectores, mientras que la privación de sueño causaría activación de la cascada oxidativa celular”, recalca el secretario de la Juta Directiva de la SEN.

Ante una privación de sueño, el doctor Ezpeleta precisa que puede haber una reducción de anticuerpos ante algunas enfermedades, es decir, que seamos más susceptibles a enfermar.

“Además, la privación de sueño también afecta negativamente a la evolución de enfermedades inflamatorias, disminuye el umbral del dolor e incluso se ha observado una reducción en la producción de anticuerpos ante ciertas enfermedades, como por ejemplo la gripe”, explica.

Disminución de fertilidad y otros problemas

La SEN recalca estudios epidemiológicos en los que se sugiere un aumento del riesgo cardiovascular ligado a la privación de sueño.

En ellos se ha demostrado que la restricción de sueño crónica por debajo de 5 horas por noche, durante al menos 2 días en semana, multiplica por 2 o 3 el riesgo cardiovascular.

Restricciones más moderadas, por debajo de 7 horas por noche, también han mostrado un aumento del riesgo cardiovascular.

Los expertos señalan al sistema digestivo como otro afectado por el trabajo a turnos, produciendo variaciones del ritmo intestinal y aumentando el riesgo de presentar úlcera duodenal, que llega a duplicarse en los trabajadores nocturnos frente a los diurnos.

Asimismo, la turnicidad laboral, comentan, disminuye la fertilidad, genera trastornos menstruales, dismenorrea, y aumenta el riesgo de aborto espontáneo, parto pretérmino y bajo peso al nacer.

También apunta la SEN un aumento del riesgo de depresión y trastornos neuróticos ante alteraciones en la exposición a la luz solar, además de que empeoren ciertas enfermedades, como la migraña.

“Está claro que la pandemia está afectando enormemente a toda la población y en todos los ámbitos. Pero si no queremos que sus consecuencias tengan aún más impacto en la salud, es necesario buscar fórmulas para mejorar el descanso de la población, sobre todo entre las personas que se están viendo expuestas a un alto nivel de estrés físico, psicológico y laboral”, concluye el doctor Ezpeleta.

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