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Informativo SEOM: el más que violento cáncer de páncreas

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Solo tres o cuatro pacientes de cada cien diagnosticados con un cáncer de páncreas estará vivo a los cinco años del tratamiento, mientras que un 80% morirá al cabo del año; la esperanza de vida se sitúa en unos paupérrimos 4,6 meses, cifras que desgarran a cualquier familia y presionan, aún más si cabe, a los especialistas en oncología hospitalaria.

A pesar de que la investigación es muy insuficiente a nivel mundial y que en 40 años apenas se han producido avances terapéuticos rompedores, la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) no ceja en su empeño de difundir aquellos avances antitumorales que supongan un rayo encantador que evite, por ejemplo, la muerte de 90.000 europeos cada año por esta neoplasia feroz.

La médica oncóloga, Aitana Calvo Ferrándiz , y su colega de profesión, el doctor Guillermo de Velasco Oria, ambos secretarios científicos de la SEOM, que trabajan en los hospitales madrileños Gregorio Marañón y 12 de Octubre, respectivamente, centran su intervención informativa en los 7.765 nuevos casos de 2018 en España, pero sus comentarios nos valen a todos y todas.

¡Última noticia!… Cirujanos del Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona han operado con éxito un cáncer de páncreas avanzado mediante una técnica pionera, basada en el calor, que consiste en utilizar una aguja que pincha, abrasa y destruye las células malignas. Este cáncer es el de peor pronóstico, hasta ahora inoperable, y cuyo único tratamiento es la quimioterapia paliativa.

Cáncer de páncreas exocrino y endocrino

El páncreas es un órgano con forma cónica -cabeza, cuello y cola- que se camufla en el centro de la cavidad abdominal, en el revoltijo del aparato digestivo; detrás de donde se unen el estómago y el duodeno. La cola se sitúa junto al bazo.

Desempeña funciones tan importantes como la de regular el nivel de glucosa en nuestro cuerpo a través de la generación de insulina o la de ayudar a los alimentos a transformarse en sustancias orgánicas simples por medio de la producción de enzimas digestivas.

Sus células exocrinas, mayoritarias, producen moléculas pancreáticas que se liberan en el intestino para ayudar a digerir los alimentos, especialmente las grasas. Sus células endocrinas, minoritarias, agrupadas en islotes pancreáticos de Langerhans, generan hormonas como la insulina o el glucagón, y se liberan en la sangre.

El cáncer de páncreas aumenta su prevalencia año a año, sin causa conocida, aunque se sabe que los principales factores de riesgo son la alimentación inadecuada, que produce obesidad, el hábito tabáquico y alcohólico, el envejecimiento de la población, la diabetes, la pancreatitis -inflamación- y los antecedentes familiares de cáncer, ya sea del propio páncreas o de algún otro órgano.

Síntomas del cáncer de páncreas

El tumor en el páncreas, tremendamente agresivo porque se disemina en cuestión de semanas, es de difícil diagnóstico porque apenas da la cara, con síntomas muy vagos o imprecisos cuando se muestra:

  • Ictericia o color amarillento de la piel o en los ojos (situación que debería ocasionar la realización de pruebas analíticas urgentes y complementarias).
  • Dolor abdominal en menor o mayor grado.
  • Digestiones pesadas.
  • Pérdida de apetito o peso.
  • Cambio de hábitos en la deposición gastrointestinal.
  • Principio de diabetes.

“Son síntomas que confunden tanto al paciente como al médico, ya que se pueden achacar a otras patologías menos graves y más comunes”, señalan.

La tasa de mortalidad del cáncer de páncreas ha crecido un 5% entre los años 1990 y 2016

El cáncer de páncreas ha sido una neoplasia genéticamente muy compleja y heterogénea, resistente de forma inherente a la mayor parte de las terapias convencionales.

El 80% de los pacientes oncológicos de páncreas solo disfrutan de tratamientos paliativos, no curativos. No se les puede operar y la medicina busca mejorar el pronóstico y su calidad de vida mientras encuentra otras dianas terapéuticas.

Los pacientes que pueden someterse a extirpación, alrededor de un 20%, precisan de una cirugía amplia que debe ser llevada a cabo por cirujanos muy especializados. El tratamiento se complementa con quimioterapia para ayudar a la formación de anticuerpos, ya que el riesgo de recaída es elevado.

“Sin embargo, en los últimos años se están logrando importantes avances en todos los estadios de la enfermedad”, destacan desde la SEOM:

  1. La identificación de los genes más frecuentemente mutados (KRAS, CDKN2A, TP53 y SMAD4); la identificación de dianas moleculares potenciales como las traslocaciones de ALK, presentes hasta en un 1,3% de los pacientes menores de 50 años; así como el reconocimiento del impacto de las mutaciones BRCA1/2 o la expresión de hENT1, que podrían predecir la respuesta a gemcitabina al menos en el contexto adyuvante: avances cruciales para una mejor comprensión de la enfermedad.
  2. La combinación gemcitabina-cisplatino podría ser particularmente beneficiosa en pacientes con mutación BRCA1/2 o PALB2, especialmente teniendo en cuenta datos de otras indicaciones como el cáncer de mama o de ovario con mutación BRCA.
  3. Reconocimiento del impacto del microambiente tumoral, especialmente el del tejido estromal -que rodea a otros órganos-, no solo como barrera que impide el acceso del tratamiento al tumor, sino como freno corporal para la diseminación tumoral.
  4. Progresos en el campo de la inmuno-oncología, si bien aún no disponemos de tratamientos directamente aplicables a este tipo de tumor.
  5. Desarrollos en las técnicas quirúrgicas y el empleo de tratamientos neoadyuvantes con esquemas más efectivos durante más tiempo (FOLFIRINOX o gemcitabina-Abraxane) con o sin quimioradioterapia han permitido que un número cada vez mayor de pacientes puedan operarse.
La doctora Aitana Calvo y el doctor Guillermo de Velasco
Conclusión de la SEOM: “Un mayor porcentaje de pacientes logran ser intervenidos, se ha reducido el porcentaje de cortos supervivientes en la última década, de un 63,5% a un 50,6% y, sobre todo, ha aumentado el porcentaje de largos supervivientes de un 4,9 a un 12,7%. Es decir, aunque las mejoras son discretas, estos pequeños avances están produciendo un beneficio muy significativo en la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes, y muy probablemente lo sigamos viendo en los últimos años. Así, la participación de los pacientes en ensayos clínicos es probablemente una de las mejores opciones terapéuticas en cualquier momento de la enfermedad”. Fotografía de D. Talles
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