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Infecciones parasitarias, víricas y bacterianas, un peligro real para tu futuro bebé

“El periodo de desarrollo embrionario y fetal, también durante el parto, representa un riesgo cierto para el bebé frente a diversas infecciones, fundamentalmente originadas por parásitos, virus y bacterias. De ahí la la necesidad ineludible de la prevención”, destaca el Dr. Manuel Sánchez Luna, jefe del Servicio de Neonatología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid

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“Es bien sabido por la población en general, sobre todo por las mujeres, que la placenta y las membranas amnióticas protegen el desarrollo del embrión y el feto de las infecciones; sin embargo, en algunos casos los microorganismos (protozoos, virus o bacterias) consiguen tener éxito dando lugar a diferentes problemas de salud según el momento de la gestación”, puntualiza.

Cuanto más precoz es la infección, mayor riesgo existe de muerte intrauterina del futuro bebé o de padezca secuelas muy graves. Cuando las infecciones se producen de forma tardía, más próximas al momento del nacimiento, los cuadros clínicos que se observan son diferentes.

“Desde un menor número de malformaciones o defectos de nacimiento a procesos graves que pueden conllevar la muerte fetal tardía o condicionar la vida de un recién nacido con problemas físicos muy serios”, especifica el neonatólogo, también presidente de seNeo.

El peligro de una toxoplasmosis, escherichia y citamegalovirus en tu bebé

Por su trascendencia, la infección más conocida y temida por parásitos es la toxoplasmosis congénita. Este protozoo eucariota, toxoplasma gondii, organismo unicelular, se adquiere cuando la mujer gestante entra en su círculo de vida.

Se adquiere normalmente por la ingesta de carnes crudas, mal cocinadas o no procesadas, pero la infección también puede deberse a la alimentación con verduras contaminadas y mal lavadas.

Un gato Neva Masquerade participa en la Exposición Internacional Felina de Varsovia en noviembre de 2009.
Un gato Neva Masquerade participa en la Exposición Internacional Felina de Varsovia en noviembre de 2009. EFE/Pawel Kula

“Esta infección parasitaria es cada vez menos frecuente y su vigilancia durante la gestación es obligada para aquellas gestantes que no hayan estado en contacto con el parásito previamente y, por lo tanto, no estén inmunizadas”, señala el doctor Sánchez Luna.

El bebé corre un mayor riesgo de infección en el tercer trimestre de la embarazo y menos durante el primero, pero serán más graves sus efectos en este periodo de la gestación: muerte fetal o aborto espontáneo.

“Cuando el feto sobrevive, el resultado, en muchos casos, es una lesión grave del sistema nervioso central, afectación hepática y sanguínea. Cuando la infección se adquiere tardíamente en la gestación, el toxoplasma es capaz de producir un cuadro infeccioso semejante al que producen las bacterias en los recién nacidos”, describe.

Algunos de los bebés nacidos con toxoplasmosis no suelen presentar signos de la enfermedad hasta la adolescencia u otras etapas adultas. Desarrollarán pérdidas de audición, discapacidad mental o infecciones oculares de diferente gravedad.

La infecciones por bacterias son generalmente responsables de cuadros graves de afectación generalizada y a veces infecciones del sistema nervioso central.

“Antiguamente, la causa más frecuente era la infección del feto por la bacteria Estreptococo del grupo B en el momento del nacimiento, es decir, cuando el bebé atraviesa el canal del parto de una mujer portadora de esta bacteria”, explica.

Estas bacterias pueden causar meningitis (infección del tejido que recubre el cerebro y la médula espinal), neumonía (infección de los pulmones) e infección de la piel y otros tejidos blandos.

“Pero desde que se iniciaron los programas de detección precoz de esta bacteria mediante cribado vagino-rectal entre las semanas 35 y 37 de todas las embarazadas, esta infección prácticamente ha desaparecido en los en los recién nacidos, ya que las madres colonizadas se tratan con penicilina cuando se inicia el proceso del parto”, detalla.

En la actualidad, Escherichia Colli, gramnegativo, una bacteria de la familia de las enterobacterias que forman parte de la microbiota del trasto gastrointestinal, es el responsable en nuestro medio de las infecciones verticales, muy especialmente en los nacidos de forma prematura.

“De entre las bacterias, la Listeria Monocytogenes es, aunque poco frecuente, una causa de infección devastadora, muy especialmente en nacidos prematuros. Esta bacteria se transmite desde alimentos con leche o quesos crudos, carnes crudas y demás alimentos contaminados”, apunta el médico neonatólogo.

La infección de listeriosis durante el embarazo ocasionaría un aborto espontáneo antes de la semana 20 de gestación, nacimiento de un niñ@ muert@ desde la semana 20, nacimiento prematuro o mortalidad perinatal (de la semana 28 a la primera de vida).

Son altamente reseñables, además, las infecciones de bacterias por la vía de la transmisión sexual, como la clamidiala gonorrea o la sífilis, tres microorganismos causantes de nacimientos prematuros, bajo peso del bebé al nacer o diversas complicaciones pulmonares y oculares, incluso ceguera.

bebé prematuro
Bebé prematuro tras la salida de incubadora. Foto cedida por el Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid.

Finalmente, las infecciones víricas representan un amplio espectro de infecciones graves antes del nacimiento. La más prevalente hoy en día es la infección por citomegalovirus.

Este microorganismo (CMV), permanece en nuestro organismo durante toda la vida, aunque no suele causar problemas de salud. Está presente en muchos fluidos corporales. Las embarazadas pueden, sin saberlo, transmitir el virus al feto causando una infección congénita.

“En mujeres que no han padecido citomegalovirus, el contagio durante el embarazo puede causar abortos, muerte fetal, malformaciones graves, sobre todo del cerebro, daño retiniano y sordera”, relaciona el doctor Sánchez Luna.

“Cuando la infección es tardía, en ocasiones -especifica-, el recién nacido nacerá asintomático, pero con sordera neurosensorial. El cribado auditivo puede ayudar a detectar precozmente a estos niños y niñas. Otras veces, sin embargo, la sordera puede aparecer en etapas más tardías del desarrollo infantil”.

Otras infecciones víricas como las producidas por el herpes, zica, varicela, parvovirus humano tipo B19 o hepatitis B son menos frecuentes pero igualmente graves.

En el caso del herpes genital, por ejemplo hablamos de un factor de riesgo alto para el feto, potencialmente mortal, más aún durante el parto. Este virus ocasiona daño cerebral, ceguera y daños en diferentes órganos del bebé.

El doctor Manuel Sánchez LunaPara el neonatólogo jefe del madrileño Gregorio Marañón, en cualquiera de los casos, afortunadamente, el bebé se desarrollará y nacerá bajo la protección invisible de la madre, una garantía subrayada con anticuerpos, placenta y líquido amniótico.

“Aún así, tenemos que tener en cuenta que el embrión, el feto y el bebé son extremadamente frágiles durante la gestación y el parto. En algunos casos, estas barreras podrán ser atravesadas con facilidad por agentes infecciosos. Por lo cual, es sumamente importante estar en manos de l@s mejores profesionales“, enfatiza.

“Antes, durante y después del embazo hay que realizar un seguimiento muy estricto y prevenir todos aquellos factores que puedan llegar a condicionar el desarrollo fetal; posibles afectaciones que, a posteriori, desembocarían en patologías graves para los bebés”, concluye.

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