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Niños sin etiquetas, educar a los hijos sin encasillarlos

Niños sin Etiquetas, un libro que analiza como las etiquetas encasillan y afectan a los niños durante su crecimiento, de los psicólogos Alberto Soler y Concepción Roger

Publicado recientemente por la Ediciones Paidós, Niños sin Etiquetas repasa diferentes etapas del proceso de crecimiento de los niños. EFE/Alberto Morante

Las etiquetas condicionan el desarrollo de los niños: esta es una de las conclusiones de Niños sin Etiquetas, el nuevo libro de Alberto Soler y Concepción Roger, psicólogos, en el que analizan cuáles son las etiquetas más utilizadas con los más pequeños y qué efectos y consecuencias tienen sobre ellos.

Publicado recientemente por Ediciones Paidós, el libro repasa diferentes etapas del proceso de crecimiento de los niños, atendiendo a los problemas que suelen surgir y ofreciendo una serie de consejos para que los padres puedan educar correctamente a sus hijos sin encasillarlos o compararlos.

“Nosotros llevamos trabajando con niños y con familias desde hace un montón de años y desde hacía bastante tiempo veíamos cómo el tema de las etiquetas afectaba al desarrollo de los niños y niñas porque no les permite desarrollarse de una manera libre y completa”, explica el psicólogo Alberto Soler a EFEsalud.

Soler, que entiende las etiquetas como un mecanismo que nos ayuda a simplificar el mundo, ve en ellas un problema cuando las empezamos a aplicar a personas, ya que “son muy fáciles de poner, pero muy difíciles de quitar”.

“Es algo que de una manera muy importante acaba limitando el desarrollo de la persona”, afirma,  “ya que a la hora de relacionarse o de percibirse a sí mismo acaba comportándose de acuerdo a la etiqueta que le han puesto”.

Este hecho, apunta, resulta especialmente notorio entre hermanos, donde las comparaciones resultan inevitables y los conflictos son habituales.

“Cuando se tienen hermanos, muchas veces uno de ellos ha sido etiquetado de una manera determinada, lo que provoca que el otro tienda a comportarse de una forma distinta porque necesita diferenciarse”, explica.

“Muchas veces nosotros también nos ponemos las etiquetas que nos ponen como parte de la necesidad que tenemos de diferenciarnos, de mostrar cuál es nuestra identidad o personalidad ante los demás”, agrega, y aconseja: “Tenemos que intentar ser los más descriptivos posibles a la hora de hablar con nuestros hijos, entrar en los mínimos juicios de valor y no corregir haciendo una comparación con otra persona”.

Crecer en ambiente seguro

El miedo, los celos, las diferencias de género, la dependencia o la desobediencia son algunos de los temas que se exploran a lo largo de Niños sin etiquetas, pero en todos ellos subyace una idea fundamental: la importancia de crecer en un ambiente seguro que permita que los niños se expresen con libertad y dé respuesta a sus necesidades.

“Normalmente, tenemos muy en cuenta necesidades como la alimentación, la seguridad, la salud o el cobijo, pero no son las únicas necesidades que tienen los niños”, afirma Soler.

Y es que los niños, a pesar de que “se encuentran en una lucha por la autonomía”, son personas que “dependen de su familia para sobrevivir y salir adelante en el día a día”. “Los niños necesitan sentir que pertenecen a su entorno, que pueden participar”, señala Soler, quien agrega: “Todo eso al final acaba repercutiendo en esa sensación de seguridad y en la manera en la que se enfrentan a su día a día y en su entorno”.

niños sin etiquetas
Las condiciones económicas y sociales en las que nos encontramos dificultan la conciliación entre el trabajo y la familia. EFE/ATIENZA

Para Alberto Soler, es necesario que la dedicación que demos a los niños “contribuya a que se sientan seguros y acompañados” porque, de lo contrario, acabarán teniendo repercusiones importantes en su futuro.

El psicólogo considera que las condiciones económicas y sociales en las que nos encontramos dificultan la conciliación entre el trabajo y la familia, lo que puede repercutir en la educación que ofrecemos a nuestros hijos.

“La conciliación es todavía un asunto pendiente que está afectando especialmente a las mujeres”, declara Soler, quien defiende exigir a los poderes públicos “una implicación seria, importante y decidida en las políticas de apoyo y fomento a la paternidad”.

Ayudas públicas

Soler reclama que los poderes públicos sitúen la infancia como una prioridad, “que no solamente se adviertan las necesidades de las personas adultas, sino también de los niños”, y se empiece a “escuchar la voz de la infancia”, un derecho reconocido por la Convención sobre los derechos de los niños. “Hoy día se toman decisiones sobre ellos pero sin escuchar cuáles son sus preferencias ni cuáles son sus necesidades”, critica.

Además, pide un “aumento de los permisos de maternidad”, ya que “son de los más bajos dentro de la Unión Europea”. “Ni siquiera son suficientes para poder acompañar a los bebés durante los seis meses de lactancia exclusiva recomendados por la OMS”, apunta.

En este sentido, señala que estos permisos deben ser “flexibles”, que las familias puedan “elegir libremente cómo organizarlos” para adaptarlos a su “realidad”, y recuerda una petición histórica: “ayudas directas por hijo a cargo que sean universales para todas las familias”, ya que la economía juega un papel determinante a la hora de que las necesidades básicas de los niños estén cubiertas.

“Son una serie de medidas que están presentes en muchos otros países, pero que en España no hemos conseguido que arranquen con auténtico compromiso”, lamenta.

Cambios en la educación

En los últimos años, la manera en la que los padres educan a sus hijos ha ido evolucionando, alejándose de ciertas actitudes violentas que imperaban en el pasado.

“Se está produciendo una progresiva sensibilización respecto a este tema”, afirma Alberto Soler, quien destaca que “cada vez tenemos más familias que están preocupadas por educar y criar a sus hijos de una manera consciente”.

No obstante, el psicólogo también admite que todavía “queda mucho camino por recorrer”, y que es necesario que haya “más calado a nivel social” para que se “reconozcan los derechos de la infancia” y se pongan “al mismo nivel que los del resto de personas sin ningún tipo de discriminación”.

En este sentido, Soler hace hincapié en el tono con el que nos dirigimos a los niños, en ocasiones con una violencia implícita que no toleraríamos si hablásemos con un adulto, y llama a que aumentemos “la conciencia de que los niños son personas de pleno derecho a los que tenemos que ser capaces de respetar”.

Los niños “son personitas muy capaces, con unos grandes valores, que merecen que les demos la mejor atención posible”.

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