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La importancia vital de los velos mágicos del corazón

Pueden regurgitar o ser insuficientes, o pueden sufrir estenosis o estrechamiento, pero las cuatro válvulas del corazón, tricúspide, pulmonar, mitral y aórtica, velos de tejido conjuntivo casi transparente que trabajan como un reloj suizo dando paso a la sangre a través de las aurículas y los ventrículos del músculo cardíaco, cumplen una misión casi imposible al lograr que todas nuestras células disfruten de oxígeno y nutrientes hasta el fin de nuestras vidas

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“Estas cuatro válvulas del corazón, delicadas pero poderosas, son las encargadas de que el flujo sanguíneo que llega al corazón no retroceda, sino que circule hacia delante a cada latido, abriéndose unas y cerrándose otras de forma rítmica y coordinada; es decir, que la sangre sin oxígeno se dirija hacia los pulmones en la circulación menor y con oxígeno hacia el resto de los órganos en la circulación mayor”, explica el doctor Alfredo López González.

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid, capital española donde se especializó en cirugía cardiovascular (MIR de cinco años en el Hospital General Gregorio Marañón), ha desarrollado su trabajo especialista durante 22 años en la Unidad Clínica de Cirugía Cardiovascular del Hospital Puerta del Mar de Cádiz.

Nuestro ya referente en cirugía cardiovascular, “rama de la Medicina que se encarga del manejo de las diferentes afecciones o patologías del aparato cardiocirculatorio, sobre todo desde el enfoque quirúrgico” -define-, también es presidente ejecutivo de SaniMarketing, director médico de la editorial Ocronos y miembro numerario de la Sociedad Española de Cirugía Cardiovascular y Endovascular (SECCE).

Dr. Alfredo López González

¿Doctor, para qué sirven los velos de las cuatro válvulas cardíacas?

“Para comprender bien la función de las válvulas es necesario repasar dos conceptos básicos: el sistema circulatorio y la diferenciación entre circulación mayor y circulación menor.

Todos sabemos que el corazón es el encargado de impulsar la sangre hacia todos los órganos y tejidos del cuerpo, gracias al sistema circulatorio.

La circulación se basa, de forma muy resumida, en que el corazón impulsa la sangre con oxígeno y nutrientes, como la glucosa, gracias a las arterias, y la sangre, después de realizar esta función de transporte, regresa al corazón mediante las venas.

Este flujo de sangre que recorre todo el cuerpo se llama circulación mayor.

Así, tenemos, por así decirlo, dos tipos de sangre: sangre oxigenada y rica en nutrientes, que es la que impulsa el corazón hacia todo el cuerpo, que también llamamos sangre arterial, y la sangre que retorna al corazón, ya sin oxígeno.

Para oxigenar de nuevo la sangre, tenemos otro tipo de circulación (que se llama circulación menor), en la que la sangre no oxigenada se dirige a los pulmones oxigenarse de nuevo.

Por eso, aunque solo hay un corazón, lo tenemos dividido en dos mitades, que incluso llegan a llamarse ‘corazón derecho’ y ‘corazón izquierdo’.

El corazón derecho recibe toda la sangre sin oxígeno y la conduce a los pulmones, mientras que el corazón izquierdo recoge la sangre ya oxigenada en los pulmones y es el encargado de impulsarla al resto del cuerpo, alimentándolo y oxigenándolo.

La sangre, en el aparato circulatorio, está en continuo movimiento, y esto se consigue gracias a que el corazón, que es como una bolsa que se va llenando con la sangre que vuelve de todos los órganos, se contrae impulsándola de nuevo hacia ellos.

Así, tenemos ‘dos corazones’, por así decirlo, y cada uno de ellos con una puerta de entrada, por la que recibe la sangre, y una puerta de salida, por la que la sangre sale impulsada.

Pues bien, las válvulas del corazón son las encargadas de que la sangre que llega al corazón no pueda regresar de forma retrógrada (hacia atrás), sino que circule hacia delante, es decir, hacia los pulmones en la circulación menor o hacia el resto de los órganos en la circulación mayor”.

¿Dónde se ubican la tricúspide, la pulmonar, la mitral y la aórtica?

“Como comenté antes, tenemos, a nivel funcional, dos tipos de circulación independientes dentro del corazón. Es lo que he descrito como ‘corazón derecho’ y ‘corazón izquierdo’. A su vez, cada uno de estas dos mitades se divide en otras dos cavidades, conocidas como aurículas y ventrículos.

Pues bien, tenemos una válvula a la entrada y otra a la salida de cada ventrículo.

Así, en el ventrículo derecho (circulación menor) tenemos la válvula tricúspide en su entrada y la válvula pulmonar a su salida, mientras que en el lado izquierdo tenemos la válvula mitral en la entrada del ventrículo izquierdo y la válvula aórtica a su salida.

La función de todas ellas es la misma, permitir durante la diástole (relajación) el llenado del corazón con la sangre que retorna, ya sea de los pulmones o del resto del cuerpo, y facilitar la salida de la sangre, en sístole (contracción) hacia los pulmones, en la circulación menor, o al resto del cuerpo, en la circulación mayor, sin dejar que escape de vuelta hacia donde venía”.

Imagen publicada con derechos Creative Commons de OpenStax College.

¿Cómo pueden enfermar estas cuatro válvulas cardíacas?

“Funcionalmente, hay dos tipos de valvulopatías o problemas que pueden aparecer en las válvulas cardíacas: que su cierre sea ineficaz o que no abran correctamente.

En el primero de los casos, cuando no se cierran adecuadamente, cuando el corazón se contrae, parte de la sangre regurgita o retorna hacia atrás, en lugar de seguir el recorrido que debe realizar.

De esta forma tenemos una cantidad de sangre que llega al corazón y vuelve hacia atrás, perjudicando al corazón y sobrecargando la circulación de forma retrógrada.

Esta afección se llama regurgitación o insuficiencia y puede afectar a cualquier válvula, de forma que podemos hablar de insuficiencias en la tricúspide, pulmonar, mitral y aórtica; estas dos últimas las más comunes, aunque también la tricúspide sufre lo suyo debido a la hipertensión pulmonar secundaria a problemas en el lado izquierdo del corazón. La pulmonar apenas se ve dañada.

Debemos tener muy en cuenta que las válvulas del corazón izquierdo, mitral y aórtica, se enfrentan constantemente a presiones aproximadas 140 milímetros de mercurio; similar a la presión que llamamos tensión arterial sistémica, frente a la del lado derecho del corazón que sería la tensión arterial pulmonar. Por encima de 140mmHg lo consideraríamos hipertensión arterial.

Dentro del ventrículo, en sístole, la presión puede ser mayor; por ejemplo: con la estenosis aórtica pueden registrarse presiones intraventriculares de 200mmHg para poder conseguir que la presión arterial sistémica sea ‘normal’.

Por otro lado, cuando las válvulas no se abren correctamente hablamos de estenosis o estrechamiento valvular. Esto ocasiona dos problemas: sobrecarga del corazón y una circulación defectuosa. Hablaremos entonces, de estenosis valvulares; la mitral y la aórtica vuelven a ser protagonistas de las afecciones, sobre todo la válvula aórtica por calcificación debida a la edad del paciente.

Por último, puede darse el caso de que coexistan los dos problemas de forma simultánea. En ese caso, se trataría de una doble lesión (por ejemplo, una doble lesión mitral sería aquella válvula mitral con estenosis e insuficiencia al mismo tiempo)”.

¿Y se puede diagnosticar un problema, daño o enfermedad valvular?

“Lo que nos hace sospechar que hay un problema en las válvulas es la sintomatología, básicamente dificultad al respirar, palpitaciones, hinchazón en las piernas o la debilidad física; síntomas poco específicos pero que nos orientan hacia una posible afección valvular.

Otra sospecha que nos acerca al diagnóstico certero se establece después de la auscultación, donde escuchamos sonidos distintos a los que se desprenden de un corazón sano. Estos sonidos raros los denominamos ‘soplos del corazón’.

Tanto de los síntomas como de la exploración física del paciente hablaremos al detalle en el próximo videoblog.

Sin embargo, la confirmación de un daño valvular, al tratarse de un tema dinámico, viene dada por una prueba complementaria que nos permite ver el corazón en movimiento: la ecografía del corazón o ecocardiografía“.

Estenosis de la válvula mitral.
Estenosis de la válvula mitral en una mujer de 38 años de edad: velos engrosados, rígidos, que actúan como un obstáculo para la entrada de la sangre al ventrículo izquierdo (1). Fotografías y vídeos ecocardiográficos cedidos por la Dra. Nora García Borges, cirujana cardiovascular en el Hospital Regional Universitario de Málaga (España).

¿Por qué enferman las válvulas del corazón?

“Existen varias causas que pueden ocasionar una valvulopatía. En primer lugar, hay que diferenciar entre valvulopatías congénitas (que se tienen desde el nacimiento) y las adquiridas, que van apareciendo a lo largo de la vida.

A modo de resumen, en cuanto a las adquiridas, hace décadas, las más frecuentes eran las secundarias a la fiebre reumática, una infección ocasionada por un estreptococo que, muchas veces, incluso años después de la infección, dejaba como secuela una valvulopatía, con velos engrosados y rígidos (fotografía 1).

Esa causa, actualmente en nuestro medio es cada vez menos frecuente, y, en cambio, cada vez es más frecuente la valvulopatía secundaria a la degeneración por la edad, sobre todo en forma de calcificación de la válvula aórtica, aunque también puede observarse en la mitral.

Esta calcificación de la válvula consiste en la transformación de lo que deberían ser unos velos finos y flexibles en un tejido petrificado, que obstruye en mayor o menor grado la salida del ventrículo izquierdo, constituyendo una estenosis aórtica.

  • En ocasiones, un infarto de miocardio puede dañar parte de la arquitectura donde se inserta la válvula mitral, provocando también una valvulopatía (en este caso una insuficiencia mitral).
  • Además, hay otras causas como la endocarditis (2), en la que una infección en la cara interna del corazón puede destruir sus válvulas o generar un material en ellas (que denominamos vegetación o verruga) que dificulta su función o incluso puede desprenderse y migrar a otros órganos (embolia por endocarditis)”.
Endocarditis
Velos de la válvula aórtica con vegetación o verruga, endocarditis generada por una infección en la boca (2). Fotografía y vídeo de la cirujana cardiovascular Nora García Borges.

 

¿Doctor López González, cómo se pueden prevenir las afecciones de las válvulas cardíacas?

“Como hemos comentado, tenemos diferentes causas que pueden desembocar en una valvulopatía. Entre ellas, algunas no son modificables, como es el caso de las cardiopatías congénitas o las secundarias a la edad, pero otras sí lo son.

El tratamiento de una valvulopatía avanzada es una intervención quirúrgica. Por eso, es importante aplicar todas las medidas posibles para evitar la aparición de estos problemas.

Ya he comentado que la causa más frecuente hace décadas eran las secuelas de la fiebre reumática. Esta causa ha disminuido mucho, precisamente por una adecuada prevención, basada en el correcto tratamiento antibiótico de dicha enfermedad infecciosa.

Además, hay otras dos causas de valvulopatía sobre las que se puede actuar:

Las debidas a un infarto de miocardio pueden reducirse actuando sobre los factores de riesgo que provocan esta patología y que todos conocemos: tabaquismo, hipertensión arterial, cifras elevadas de colesterol, obesidad y diabetes mal controlada.

Pero hay otra causa menos conocida por la población general y que también puede reducirse con buenos hábitos. Me refiero a la endocarditis (2); es decir, la infección de la pared interna del corazón.

Su origen suele ser una invasión de la sangre por gérmenes de un foco exterior, es decir una infección a otro nivel y la localización más frecuente suele ser la boca.

Así, aunque pueda parecer sorprendente, la forma más rentable de disminuir las endocarditis y, por consiguiente, las valvulopatías, es prevenir o tratar adecuadamente cualquier infección en la boca, para evitar imágenes como las que vemos en este vídeo“, concluye el cirujano cardiovascular.

El periodista de EFEsalud, Gregorio del Rosario, y el cirujano cardiovascular, Alfredo López González.
EFEsalud CONECTA con la CIRUGÍA CARDIOVASCULAR del Dr. Alfredo López González para entender mejor una especialidad médica que centra su acción curativa a corazón abierto en la mesa de operaciones; pero a la que la tecnología y avances en cardiología empujan, cada vez más, a emplear técnicas de intervencionismo cardíaco, menos invasivo para l@s pacientes. En los próximos meses abordaremos las diferentes patologías del corazón a nivel divulgativo, de forma sencilla y entendible por todas y todos; buscando siempre la prevención de las enfermedades del sistema cardiovascular y, por ende, del  resto del cuerpo humano. EFE/GRB
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