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Hospitales sin dolor: cuando no es necesario sufrir

El novedoso concepto de los hospitales sin dolor empieza a imponerse. Ningún médico quiere que sus pacientes sufran. Los nuevos fármacos y tecnologías están permitiendo avanzar y mucho en este sentido, especialmente tras las intervenciones quirúrgicas.

Hospitales sin dolor: cuando no es necesario sufrir
EFE/DOMENECH CASTELLÓ

Pero la idea de los hospitales sin dolor va un paso más allá porque implica toda una nueva filosofía y metodología.

 Además no hay que perder de vista que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el dolor como un importante problema de salud pública mundial.

Los dolores tras una intervención quirúrgica, o relacionados con distintos procedimientos invasivos o incluso dolores más habituales, que llevan al paciente a urgencias “han estado siempre menos valorados y escasamente tratados en numerosas ocasiones”, ha explicado a EFEsalud el doctor Ricardo Ojea, jefe de servicio de Anestesiología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid.

En su opinión, desde cualquier punto de vista científico o ético, el alivio del dolor de nuestros semejantes debe ser una constante en el trabajo diario.

Bajo esta premisa y con la idea de extender el concepto de los hospitales sin dolor, Quirónsalud ha incluido el dolor como una quinta constante.

Y como tal, el dolor debe medirse al menos dos veces al día, junto a la frecuencia cardiaca, la respiratoria, la tensión arterial y la temperatura.

“Hasta hace bien poco, a los pacientes hospitalizados se les controloban solo las cuatro constantes antes citadas. Pero desde hace un año hemos sumado esta quinta”, apunta el doctor.

“Y como el dolor es subjetivo -añade- se pide que lo puntúen de 0 a 10, y hay que fiarse de lo que el paciente diga. En función de esa puntuación se le aumentan o reducen los analgésicos”.

“Y estamos hablando de que el paciente llegue al cero en esa escala, no quedarnos en un 2 o un 3”.

Se trata de un concepto novedoso, que, a su juicio, se irá extendiendo en los próximos años a aquellos hospitales que no lo tienen:

“Es como las unidades del dolor, para los dolores crónicos, que al principio había pocas y ahora no hay un solo hospital provincial que no la tenga”.

El dolor debe además ser documentado en la historia clínica, “pues como bien sabemos lo que no está escrito no existe”.

Cada vez más, explica este facultativo, se está imponiendo el concepto de los hospitales sin dolor.

No hay que olvidar apuntan, desde este hospital, que se trata de una batalla que vienen librando las sociedades de enfermería y también las sociedades médicas más sensibilizadas con la importancia del control del dolor, y  las acreditaciones de calidad internacionales (tipo Joint Commission) piden que se controle el dolor diariamente.

Hospitales sin dolor: la enfermedad del dolor

El dolor, sobre todo el crónico ha entenderse también como una enfermedad en sí misma, no sólo como un síntoma de una o más dolencias.

Todo el mundo entiende que pillarte una mano con una puerta produce un dolor físico, pero hay dolores crónicos que trascienden “más allá de la esfera física y entran en la esfera psicológica”.

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EFE/DIBUJO AD

 

“Se da una retroalimentación porque el paciente ve que no mejora y empieza a ir de un médico a otro, se somete a múltiples tratamientos y todo ello provoca que entre en una especie de círculo vicioso y le afecta mucho mentalmente”.

Hay dolores muy complejos de tratar, como son los producidos por las lumbalgias o por las migrañas o cefaleas, para los que ya hay unidades especializadas, o por las fibromialgias.

El producido por esta última enfermedad es, en su opinión,  un dolor “poco valorado y muchos médicos no toman a estos pacientes en serio, y efectivamente sufren mucho y encima tienen que soportar la incomprensión de la sociedad y la gente las ve como si estuvieran un poco locos”.

Concluye el doctor Ojea que los dolores crónicos son además “muy estresantes”.

En cuanto a los dolores producidos por una cirugía, entiende el anestesista,  se asume de manera general que tras una operación se va a sentir dolor, pero “eso ya no debería ser así; tenemos que intentar que el paciente que vaya a operarse no piense que le va a doler, porque hay fármacos y aparatos muy buenos para controlar ese dolor postquirúrgico”.

En cuanto a la edad, refiere que curiosamente los pacientes más ancianos tienden a soportar mejor el dolor que los jóvenes, que “no aguantan nada”.

Nuevos fármacos

Entre los nuevos fármacos cita el sufentanilo sublingual para pacientes operados.

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Doctor Ricardo Ojea

Este fármaco se autoadministra por el paciente mediante un pequeño aparato del tamaño de un móvil, lo que, a su juicio, añade un “componente psicológico de confort puesto que el paciente se sabe poseedor de la llave para eliminar su dolor en el acto”.

El aparato tiene una programación y dosis fijas que evitan riesgos innecesarios en la administración, como la sobredosis.

“Este tipo de analgesia es muy útil en cirugías muy dolorosas y complejas, como la de columna o en la colocación de prótesis de rodilla”.

Tipos de dolor

En un glosario que publicó el Grupo de Hospitales Quirón para que el propio paciente pudiera entender que tipo de dolor sufría y así ayudar al facultativo en el diagnóstico, se explicaba que dependiendo de su duración, hay dos tipos principales: el agudo y el crónico, pero en función de cómo afecta al paciente, existen varias clases:

Dolor punzante: percibido como si clavaran un alfiler. Un ejemplo clásico de esta clase es el pinchazo del corazón.

Dolor pulsátil: percibido como un latido doloroso, suele ser rítmico e intermitente. Esta clase de dolor afecta corrientemente a los las personas que padecen migraña.

Dolor urente: se asemeja a la sensación de quemazón. Es común en las alteraciones nerviosas.

Dolor referido: se origina en un territorio del cuerpo y se percibe en otro. El ejemplo clásico de esta clase de dolor es el infarto de miocardio, que se nota generalmente en el brazo izquierdo aunque afecte al corazón.

Dolor irradiado: se origina en un punto y se percibe dentro del territorio de inervación de un nervio. La ciática es un buen ejemplo.

Dolor opresivo: dolor sentido como opresión. Común en el infarto de miocardio.

Dolor visceral: dolor difuso e impreciso en el que el paciente no puede concretar su origen con exactitud. Es frecuente que los cólicos nefríticos y las migrañas cursen con dolor vísceral.

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