Preservar la fertilidad de los niños con cáncer se convierte en una opción para el futuro de estos pacientes, según esta doctora en biología que, se formó en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid y desde 1985 lleva trabajando en el campo de la reproducción asistida siendo pionera en la biología de la reproducción.
Rocío Núñez Calonge es profesora en el Máster de Reproducción de la Universidad Complutense, miembro de la Sociedad Española de Fertilidad, asesora científica del Grupo Internacional de Reproducción y máster en Bioética, además de patrona de la Fundación Nene.
Preservar la fertilidad en niños con cáncer: Congelar el presente para el futuro
Por Rocío Núñez-Calonge
En España se diagnostican cada año aproximadamente 900 casos nuevos de cáncer en menores de 15 años. El tipo más frecuente es la leucemia (cáncer en la sangre). Le siguen los tumores cerebrales y los linfomas (tumores de los ganglios linfáticos).

Debido a los desarrollos actuales en los tratamientos médicos para el cáncer, el control y la cura de esta enfermedad potencialmente mortal se ha hecho posible en muchos de estos pacientes en los que la tasa de supervivencia es superior al 70%.
Sin embargo, las terapias que salvan vidas, como la quimio y radioterapia, conllevan un riesgo significativo de infertilidad en el futuro. Por eso, aunque el objetivo principal es la supervivencia del paciente, no debemos olvidar dar la posibilidad de preservar la fertilidad de estos niños en el futuro.
En los pacientes adultos, la congelación de óvulos o espermatozoides es una realidad que, sobre todo en el caso de los varones, se viene realizando desde hace muchos años. Pero en el caso de los niños y las niñas, los gametos (óvulos y espermatozoides), todavía no han alcanzado su madurez.
Los espermatozoides, así como los óvulos, son células haploides, esto es, tienen la mitad de los cromosomas que el resto de las células del organismo. Esto es así para que, en la fecundación, cuando se unen el espermatozoide y el óvulo, cada uno aporte la mitad del material genético, y se produzca un embrión con una dotación genética única.
Los gametos, tanto los espermatozoides como los óvulos, provienen de unas células precursoras que inicialmente tienen 46 cromosomas, y que sólo cuando adquieren la madurez, es decir, cuando se alcanza la pubertad, sufren una serie de divisiones (meiosis), para reducir el número de cromosomas a 23. Por lo tanto, antes de llegar a la pubertad, las células reproductoras no son aptas para la reproducción.
¿Cuál es la alternativa para poder preservar la fertilidad en niños con cáncer?
En el caso de las niñas, la opción es la preservación del tejido ovárico, donde se podrá congelar los folículos primordiales y primarios, precursores de los óvulos.
Una vez superado el cáncer y alcanzada la edad adulta, la paciente podrá injertarse de nuevo el tejido ovárico y restablecer su función ovárica.
Aunque esta técnica está todavía en fase experimental, ya se han obtenido los primeros embarazos con trasplante de corteza ovárica y promete ser una técnica esperanzadora para todas aquellas niñas que se les ha detectado cáncer en edad infantil.
Otra posibilidad es conseguir en el laboratorio madurar esas células precursoras de los óvulos para conseguir gametos maduros. La maduración “in vitro” de estos folículos y su posterior fecundación cuando la paciente alcance la edad adulta mediante técnicas de reproducción asistida, aunque aún es un método experimental, cuenta con la ventaja de reducir al mínimo el riesgo de reintroducción de células malignas con el autotransplante.
En el caso de los varones, también se pueden congelar fragmentos de testículo (con sus células madre espermatogénicas inmaduras) , previamente al tratamiento gonadotóxico para que, en un futuro, se puedan de ahí obtener espermatozoides maduros. Probablemente, en poco tiempo, se podrá optimizar la técnica y madurar las espermatogonias o células inmaduras en el laboratorio, consiguiéndose así espermatozoides útiles.
En España ya existen programas de preservación de fertilidad en prepúberes donde se almacena tejido ovárico o testicular congelado. Algo que por ahora no está en nuestras manos será la opción de futuro para estos niños.
Recordemos que el ICSI (microinyección espermática intracitoplasmática) no ha tenido lugar hasta los años 90, y ha sido la solución para millones de varones infértiles.
Congelar muestras gonadales de estos niños debería ser una opción a ofertar como solución a una posible esterilidad, que, probablemente, cuando lleguen a la edad adulta, se haya solucionado.



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