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¿Existe realmente un aumento de alergias?

En las últimas décadas, las enfermedades alérgicas han aumentado de forma exponencial. Según datos del estudio ALERGOLÓGICA 2015 comparado con el de 2005, se aprecia que en el asma la prevalencia disminuye de un 28 % a un 23,4 por ciento; en la alergia alimentaria las cifras aumentan de un 7,4 % en 2005 a un 10,4 % en 2015, destacando también una mayor frecuencia de alergia a alimentos y dermatitis atópica en la población infantil comparada con los adultos. Así comienza este artículo para EFEsalud de la presidenta de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), la doctora Mercedes Escarrer Jaume

¿Existe realmente un aumento de alergias?
Polen causante de las alergias primaverales. EFE/Jesús Diges

En la actualidad, una gran proporción de niños presenta clínica de alergia a alimentos, más manifiesta en los países industrializados. En España se estima una prevalencia de la alergia alimen­taria del 7,4 por ciento. Sin embargo, en otros países llega incluso a cifras cercanas al 10 %. Hacia el año de edad, se ha descrito un pico de prevalencia del 6 al 8 por ciento, que disminuye de forma progresiva hasta el final de la infancia, cuando se estabiliza y se sitúa alrededor del 3-4 %, en la misma proporción descrita para la edad adulta.

En países occidentales se calcula que cada 3 minutos se produce una visita a los Servicios de Urgencias por alergia a alimentos y cada 6 minutos se desencade­na una anafilaxia de causa alimentaria.

Un estudio llevado a cabo en EE.UU y publicado en la revista de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica confirma el aumento de la anafilaxia inducida por alimentos en los últimos años. Según este trabajo, las visitas a urgencias por este motivo aumentaron un 214 por ciento entre 2005 y 2014, sobre todo en bebés y niños más pequeños (entre los 0 y los 2 años), y el alimento causante en la mayoría de los casos fueron los frutos secos.

El aumento de las alergias puede tener relación con varios aspectos. Hay que tener en cuenta que el diagnóstico de alergias ha experimentado un crecimiento exponencial en las últimas décadas.

Por un lado, la población está más informada y concienciada con las patologías alérgicas, lo que hace que acuda al especialista para un diagnóstico precoz. Sin embargo, hace varias décadas las personas que tenían una reacción alérgica con la ingesta de un alimento dejaban de tomarlo pero no se estudiaba su alergia. También existen avances en las técnicas diagnósticas, que incluye el diagnóstico molecular o el descubrimiento de nuevos alérgenos. Todo esto favorece un mayor diagnóstico, pero también existe un incremento real de la prevalencia de las enfermedades alérgicas.

El aumento en la prevalencia de la alergia alimentaria se ha relacionado también con múltiples factores, como pueden ser el modo de vida actual, la contaminación ambiental o las modificaciones en los hábitos alimenticios, que a su vez provocan cambios en la flora intestinal.

Así, se ingiere comida más procesada, que contiene más cantidad de aditivos, que se añaden para modificar las características físicas del alimento o su capacidad de conservación. Estos son los saborizantes, aromatizantes, antioxidantes y emulsionantes. Todo ello produce un aumento de la exposición a alérgenos, además de un mayor riesgo de contacto con alérgenos ocultos.

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La doctora Mercedes Escarrer, presidenta de la Asociación Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica/Foto cedida

Estos factores ambientales pueden producir cambios en la expresión de determinados genes, que pueden ser here­dados en futuras generaciones agravando el problema de la alergia alimentaria. De hecho, parece que las nuevas genera­ciones, en las que está aumentando la incidencia de alergias alimentarias, pueden tener una menor probabilidad de superar su alergia y conseguir tolerancia al alimento.

Por otra parte hay que tener en cuenta que existe una asociación entre la alergia alimentaria en la primera infancia, particularmente al huevo, junto con dermatitis atópica, y el desarrollo posterior, durante la primera o segunda década de la vida, de enfermedad alérgica respiratoria, asma y/o rinitis alérgica. Es lo que se conoce como marcha atópica.

Alergias y contaminación

Del mismo modo que se diagnostican más alergias alimentarias, también está aumentando la prevalencia de alergia respiratoria, como consecuencia de varios factores ambientales, como la contaminación.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 93% de la población infantil en todo el mundo está expuesta a niveles de partículas finas más altos de lo permitido, y 630 millones de menores de 5 años están expuestos a niveles de contaminación por encima de las pautas de calidad del aire establecidas por la OMS.

Todo ello afecta de forma directa a los niños, ya que contribuye tanto al desarrollo de enfermedades respiratorias alérgicas o asma, como al agravamiento de sus síntomas. Pero también de forma indirecta, puesto que se ha demostrado que determinados pólenes son más alergénicos cuando las plantas de las que proceden están expuestas a mayores niveles de contaminación.

Esta contaminación agravada por los combustibles diésel provoca modificaciones en la estructura de los pólenes haciéndolos más alergénicos, ya que desarrollan proteínas llamadas de estrés. Se trata de un mecanismo de defensa que vuelve a estas proteínas más alergénicas que las habituales, y que recubren al polen haciéndolo más alergénico.

Incluso llegan a ejercer de medio de transporte para los alérgenos, introduciéndolos más profundamente en las vías respiratorias.

Además, el calentamiento global también está incrementando los casos de alergias en niños cada vez más pequeños. Uno de los motivos del aumento progresivo de las alergias es que la subida de las temperaturas medias en la superficie del planeta está alargando e intensificando las épocas de polinización. La reducción de las precipitaciones durante estos períodos, a su vez, también agravaría los efectos sobre la salud.

Esta incidencia se ha detectado en la población infantil con menor edad, debido, probablemente, a su vulnerabilidad al deterioro del entorno. Uno de cada cinco niños de entre 13 y 14 años es alérgico al polen, pero los expertos ya han observado que los casos están apareciendo desde los tres años de edad.

Otro factor que influye en el aumento de las enfermedades alérgicas respiratorias como el asma es el tabaco. Según datos de SEICAP, se calcula que al menos el 35-40 % de los niños españoles pueden ser fumadores pasivos, y que la exposición al humo durante el embarazo supone un mayor riesgo de desarrollar asma en los menores, según varios estudios.

Existe por otro lado la teoría higienista, que argumenta que las estrictas medidas de higiene que tienen los niños de países industrializados desde el nacimiento, hacen que el sistema inmune se decante más por la patología alérgica defendiéndose de sustancias aparentemente inocuas, tales como los pólenes, ácaros del polvo o los alimentos, que por defendernos de las infecciones.

Por todos estos motivos uno de los objetivos fundamentales en el manejo de estas enfermedades alérgicas debe ser el instaurar medidas de prevención que sean capaces de disminuir su incidencia.

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