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¿Estamos preparados para manejar el envejecimiento y la cronicidad?

El doctor Jesús Santianes Patiño, coordinador del Grupo de Trabajo de Cronicidad y Dependencia de la Sociedad de Medicina de Atención Primaria SEMERGEN, analiza en este articulo para EFEsalud algunos de los retos para afrontar el envejecimiento y la cronicidad

¿Estamos preparados para manejar el envejecimiento y la cronicidad?
El envejecimiento activo busca la participación social de las personas mayores. Este concepto es cada vez más visible en la sociedad. EFE/Kiyoshi Ota

Envejecimiento y cronicidad

Dr. Jesús Santianes Patiño

Cuando hablamos de envejecimiento debemos diferenciar lo que es el envejecimiento individual (o senescencia) del envejecimiento poblacional. Cuando nos referimos al envejecimiento de una persona podemos definirlo como un proceso continuo, progresivo e irreversible que aparece en los seres vivos como consecuencia del paso del tiempo, que va a afectar a cada persona de una manera diferente y que va a condicionar una disminución en la capacidad de adaptación a los estímulos así como de la capacidad de respuesta frente a agentes lesivos.

Por otra parte cuando hablamos de envejecimiento poblacional nos estamos refiriendo al cambio en la distribución de la población por grupos etarios aumentando cada vez más los grupos de mayor edad mientras que los grupos más jóvenes disminuyen o, en el mejor de los casos, se mantienen.

Sin embargo no hay que olvidar que el aumento de la esperanza de vida es un éxito de nuestro sistema sanitario. El problema es que si no se acompaña de un incremento de los índices de natalidad va a acelerar el proceso de envejecimiento poblacional y la tasa de dependencia (la relación entre la población dependiente y la activa) va a incrementarse suponiendo una mayor carga para la parte económicamente productiva de la población para mantener a la parte económicamente dependiente (ancianos y niños fundamentalmente) con un incremento en los costes socio-sanitarios que, de mantenerse la tendencia demográfica actual, podrían llegar a ser difícilmente asumibles.

Pero no sólo vivimos cada vez más años… gracias a los avances sanitarios y la mejora de las herramientas diagnóstico-terapéuticas hemos sido capaces de modificar el perfil y la evolución de enfermedades que hace unos años eran mortales de forma que en el momento actual pueden ser curadas o mantenidas en un estadio crónico de forma que el paciente va a ser un “paciente crónico” durante un tiempo mayor.

Y este paciente crónico va a suponer el principal desafío que el Sistema Nacional de Salud (SNS) tiene frente a si ya que la mayor parte del trabajo tanto en Atención Primaria como en Atención Hospitalaria va a estar en relación con patologías crónicas.

envejecimiento y cronicidad
El doctor Jesús Santianes/Foto facilitada por SEMERGEN

En estudios realizados al respecto se concluye que entre el 70 y el 80 % de las consultas en los Centros de Salud y hasta el 60 % de los ingresos hospitalarios se van a deber a descompensaciones de patologías crónicas.

Y si hablamos de costes económicos, el porcentaje relacionado con la patología crónica va a llegar hasta el 75 % del total del gasto sanitario.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Estamos preparados para el nuevo contexto definido por el envejecimiento y la cronicidad? ¿Podemos seguir actuando cómo hasta ahora o es necesario un cambio de enfoque en nuestra práctica clínica?

Los médicos de Atención Primaria son y serán unos actores esenciales en este escenario ya que disponen de herramientas fundamentales.

  • Tienen la posibilidad de un abordaje integral del paciente desde todas sus esferas (funcional, cognitiva, afectiva, social…), no limitándose a un abordaje únicamente clínico.
  • Aseguran la continuidad asistencial con una mayor accesibilidad y capacidad de seguimiento.
  • Establecen una relación de confianza con el propio paciente y su entorno buscando la educación sanitaria y el empoderamiento del paciente respecto a su problemática.

Un paciente empoderado es un paciente que es capaz de decidir sobre su salud, detectar y solucionar problemas mediante el control de su propia vida.

Pero esto no se consigue de la noche a la mañana, es necesario un proceso de información y educación sanitaria para que sea capaz de entender la enfermedad y su tratamiento y va a corresponder a los profesionales transmitirle esos conocimientos y habilidades para su autocuidado.

Cuando el paciente interviene, se pueden personalizar los tratamientos, adaptarlos a sus características individuales y aumentar la efectividad y seguridad.

Este modelo menos paternalista aligera el sistema gracias a las decisiones informadas que tomarían los pacientes respecto a sí mismos: hábitos de vida (ejercicio, alimentación saludable, correcta toma de medicación), que pueden influir en la evolución de sus patologías. Además muchas de estas medidas (como una adecuada actividad física continuada o una alimentación saludable) si bien no van a ser capaces de revertir el proceso de envejecimiento, sí van a tener un papel en la modulación del mismo ya que, aunque el envejecimiento va a afectar a todas las personas, actúa de manera diferente en cada uno de nosotros.

En resumen: si queremos estar preparados debemos ser cada vez más conscientes del cambio de paradigma de nuestros pacientes del cual el envejecimiento y la cronicidad van a formar parte inexorablemente.

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