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¿Está dispuesto a tomar medicamentos que le causen una alteración sexual?

Se estima que un 25% de los medicamentos puede causar una disfunción sexual. Evaluar este aspecto en el paciente antes de recetar un fármaco y explicarle los efectos secundarios son claves para evitar que abandone el tratamiento.

¿Está dispuesto a tomar medicamentos que le causen una alteración sexual?
/EFE/Matiullah Achakzai

José fue diagnosticado con diabetes mellitus hace un par de años. Desde entonces comenzó a tener episodios de disfunción eréctil que afectan su estado de ánimo. Ha tenido que buscar ayuda, primero en foros en Internet y luego con su médico. Aunque los propios síntomas de su patología, sumados a la ansiedad y el estrés, podrían explicar su dificultad sexual, su equipo médico también debe sospechar que su condición se deba a un efecto secundario producido por una medicación en curso.

La disfunción sexual se entiende como una alteración persistente o recurrente de cualquiera de las fases que forman parte de la respuesta sexual humana como la fase de libido o deseo sexual, la excitación y el orgasmo.

Las alteraciones que mayormente son inducidas por fármacos son la disminución de la libido, tanto en hombres como en mujeres; la impotencia; la disfunción eréctil; las alteraciones en la eyaculación (ya sea por pérdida o por fallos); la eyaculación retrógrada; la eyaculación precoz; el descenso en la lubricación vaginal; el priapismo en los hombres y la anorgasmia en ambos sexos.

Existen otras disfunciones sexuales menos frecuentes como la ginecomastia (engrandecimiento de una o ambas glándulas mamarias en el hombre), la galactorrea (secreción de leche a través de los senos fuera del periodo de embarazo y lactancia) y la hiperprolactinemia (aumento de los niveles de prolactina, una hormona sexual, en la sangre).

De acuerdo con un estudio publicado por el Colegio de Farmacéuticos de Murcia, las alteraciones sexuales causadas por medicamentos suelen ser reversibles cuando se reduce la dosis o se retira la medicación, mientras que su comienzo es variable, “ya que puede aparecer en horas o bien no percibirse hasta semanas después del inicio de la toma del fármaco o del incremento de la dosis”.

Gabriela Elizondo, responsable del Centro de Farmacovigilancia de Navarra, explica que es difícil establecer una relación de causalidad entre determinado fármaco y una alteración sexual y por ello su abordaje debe ser multidisciplinario.

La disfunción sexual —afirma Elizondo— es un problema en el que intervienen aspectos emocionales, factores físicos (problemas neurológicos, hormonales, vasculares, esqueléticos y musculares) y psicológicos. Además, tiene un “gran componente subjetivo” que dificulta su evaluación.

Por ello, antes de prescribir un medicamento que pueda inducir potencialmente alteraciones sexuales, el médico debe realizar una historia de la función sexual del paciente con objeto de que cualquier cambio en su conducta sexual pueda ser evaluado en futuras revisiones.

“Si esto no es posible porque el paciente llega a consulta con determinada alteración es recomendable revisar sus antecedentes médicos y ver si existe alguna patología que pueda ser la causante de esta disfunción. En el caso de sospechar de un fármaco se puede probar retirándolo y ver si cesan los síntomas o posteriormente se puede reintroducir para ver si se repiten. Esto no siempre es factible, lamentablemente”, apunta la experta.

Medicamentos que inducen disfunción sexual:

Los grupos farmacológicos que más se relacionan con interferencias en la función sexual son:

– Fármacos antihipertensivos: de acuerdo con Elizondo, este es el grupo farmacológico que mayores alteraciones sexuales causa; sin embargo, hay patologías como la hipertensión, los problemas cardiovasculares y la diabetes mellitus que por sí mismas pueden ser condicionantes de una disfunción sexual.

Un 50% de los pacientes hipertensos ha sufrido una disfunción eréctil y esta puede ser más grave que en la población general”. En este tipo de pacientes es fundamental evaluar la función sexual en el momento en el que se diagnostica la hipertensión y tras la introducción de un nuevo fármaco, ya que la disfunción sexual altera su calidad de vida y puede comprometer la permanencia en el tratamiento.

“Si a un paciente se le receta un medicamento que le produce una disfunción eréctil y esto no se le ha comunicado, lo puede dejar de consumir”, puntualiza Elizondo.

La evidencia disponible indica que de los antihipertensivos disponibles, los diuréticos, los betabloqueantes, los antiadrenégicos de acción central y los vasodilatadores son los que más se relacionan con la disfunción sexual. Los que menos incidencia tienen son los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) y los antagonistas de los receptores de angiotensina II (ARA II).

– Fármacos psicotrópicos: dentro de este grupo los que más impacto tienen sobre la función sexual son los antipsicóticos. De hecho, un 25% de los pacientes que los toman pueden presentar una disfunción sexual.

Las dificultades sexuales más comunes incluyen la disfunción eréctil, la alteración en la eyaculación, la disminución de la libido con menor frecuencia y en mucho menos grado el priapismo en los hombres.

Los mecanismos de acción son bastante desconocidos —explica Elizondo— pero se sospecha que las alteraciones son causadas por el bloqueo doparminérgico, que puede estar relacionado con la disminución de la libido, así como por la sedación que puede contribuir con la disminución del deseo sexual. “El bloqueo alfa adrenérgico también está implicado en las alteraciones de la eyaculación”.

El fármaco que con mayor frecuencia las produce es la tioridazina —un 60% de los pacientes que la toman puede presentar una disfunción sexual— y se cree que afecta más a los hombres que a las mujeres.

– Fármacos antidepresivos: la mayoría de pacientes que los toman presentan disfunción sexual que provoca disminución de la libido, anorgasmia y aumento de la latencia de la eyaculación. Esta situación se presenta generalmente con los fármacos serotoninérgicos, como el grupo de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.

Dentro de este último grupo, uno de los fármacos que con mayor frecuencia provoca estas alteraciones es la fluoxetina —se cree que un 50% o más— pero en general se produce con todos, incluyendo los inhibidores de la monoamino oxidasa (imao), los antidepresivos heterocíclicos, la velanfaxina y la duloxetina.

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