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Espido Freire: “Los trastornos alimenticios son una plaga, pero se arreglan”

A punto de soplar 40 velas en su próximo pastel de cumpleaños, la escritora Espido Freire vuelve a contactar con sus seguidores con el libro de testimonios “Quería volar”, en el que, huyendo del morbo, ofrece soluciones para superar los trastornos alimenticios, que cree una “plaga contemporánea”

Espido Freire: “Los trastornos alimenticios son una plaga, pero se arreglan”
La escritora Espido Freire aborda los trastornos de la alimentación en su libro de testimonios "Quiero volar" . EFE/Rebeca Senovilla

La bilbaína, que conoce muy de cerca la problemática por haberla sufrido hace años, dice en una entrevista con Efe sentirse muy orgullosa de haberse involucrado en la búsqueda de soluciones y de haber tratado con muchas personas que sufren estas enfermedades, lo que ha sido para ella una “fuente de satisfacciones”.

En “Quería volar” (Ariel) constata que estos trastornos de la alimentación no afectan sólo a adolescentes, sino que también los padecen hombres y mujeres adultas, y que no sólo se reducen a la anorexia y a la bulimia, sino que incluyen otros como la ortorexia (obsesión por comer sano), la vigorexia (preocupación obsesiva por el físico) o las conductas compulsivas.

Freire defiende que no se puede hablar de todo ello “sin ofrecer esperanza y soluciones” y remarca que, como se trata de enfermedades “multifactoriales, lo bueno es que se pueden arreglar por muchos lados”.

Como, ante todo, quiere ser clara y no llevar a errores a los afectados, indica que es necesaria la terapia, que debe encararse “sin falsos optimismos rosas”.

 Algo no iba bien antes del trastorno

Plano de medio cuerpo de una mujer con medias rojas y vestido blanco con pájaros negros que camina mientras que, con su mano derecha, sujeta por el pelo a una muñeca desnuda.
EFE/Sergei Ilnitsky

De todas las experiencias que ha recogido, que tanto afectan a jóvenes deportistas como a una mujer embarazada o a un chico de metro noventa con los ojos de “un fascinante color turquesa”, se constata que hay un punto en común, “alguna cosa en sus vidas no va bien” antes de desencadenarse el trastorno.

Freire quiere hablar del dolor, del malestar y la angustia general que se siente cuando se llega a este punto, “cuando ya no se puede más”.

A su juicio, aunque la muerte de un ser querido o un divorcio pueden ser el desencadenante, “posiblemente antes ya había comportamientos neuróticos, ansiedad, angustia, ataques de pánico, un carácter perfeccionista o inseguridad”.

La culpa no es ni de la publicidad, ni de la industria de la moda, aunque tengan una gran responsabilidad en esta sociedad de la imagen, ni de las madres de las afectadas más jóvenes”, afirma contundente.

Sin embargo, no obvia que algunas personas sienten mucha presión por no encajar con los cánones de belleza establecidos y por vivir en una sociedad “que da mucha importancia al perfeccionismo, la competitividad y la apariencia externa”.

“Hay que hablar -insiste- de todo el dolor que lleva a adoptar como muleta la comida y el cuerpo, de todo lo que se oculta detrás de una dieta, porque la enfermedad de verdad está debajo de todo esto”.

El libro, en su parte final, desmiente una decena de mitos como que la anorexia y la bulimia son “tonterías de adolescentes mimadas que quieren ser modelos” o que esto “se cura con dos bofetadas a tiempo y un plato de lentejas”.

Asimismo, ofrece información telefónica de dónde pedir ayuda en todas las comunidades de España.

A pesar de que Freire se haya implicado a fondo en este libro, la escritora tiene nuevos proyectos literarios, desde una novela que podría ver la luz en 2015, a un título dirigido al público juvenil e incluso una obra de teatro, que le hará pisar, de nuevo, los escenarios, como cuando era una jovencísima cantante de ópera.

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