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En la mente de un pederasta

La pederastia es un trastorno psicológico que afecta a personas que han sufrido algún trauma en su infancia; una experta explica en EFEsalud los aspectos más oscuros de la mente de un pederasta, al hilo de los secuestros de niñas que se han producido recientemente en Madrid y que han movilizado a la policía para encontrarle

En la mente de un pederasta
EFE/RAMÓN CASTRO

Victoria Noguerol es psicóloga clínica, directora del Centro de Psicología Noguerol y especialista en casos de abusos sexuales a niños. Ella nos guía a través de la mente de un pederasta.

La Policía de Madrid, en la denominada Operación Candy -golosina-, ha dado prioridad absoluta a la búsqueda y captura del pederasta que hace unos días secuestró y liberó a una niña a quien tuvo en su poder durante al menos una hora y media.

¿Enfermedad o trastorno?

Trastorno psicológico. Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), la pederastia no responde a una patología del cerebro, sino que entra dentro de los problemas que la psicología estudia y trata.

Dentro de los abusos sexuales a niños, hay dos grupos muy marcados: los situacionales, que responden a impulsos o a situaciones muy concretas y los fijados, que son muy resistentes al cambio, a la curación y al reconocimiento.

Están muy enganchados a una idea. Es una adicción en una fase muy severa. No se trata de una enfermedad, sino que se debe a un trastorno psicológico que llega a la obsesión.

¿Cuáles son las causas?

No existe una única razón, sino que se puede dar por diversas causas. En general, se trata de personas que han vivido un impacto muy traumático en su infancia. De hecho, en muchos casos, ellos mismos han sido víctimas de pederastia, de abusos de cualquier tipo o de una obsesión. Son muchas las variables que intervienen en la mente de un adicto a las agresiones de este tipo.

¿Es más común en hombres?

Sí, solo el 14% de los afectados por este trastorno son mujeres, según las últimas investigaciones.

Hay varias teorías que nos llevan a esta conclusión, y es que, ante las situaciones de trauma o de impacto, el hombre es más exteroceptivo e intenta trasladar hacia el exterior la agresión, la rabia, la ira que tiene acumulada, En cambio, la mujer tiene más tendencia a dañarse a sí misma y cae en la depresión o en el consumo.

Dos columpios vacíos en un parque. Efesalud.com
EFE/Diego García

¿Tiene tratamiento?

Las herramientas que se utilizan para intervenir en este trastorno están cada día más avanzadas, aunque es cierto que va a depender de las características personales de cada uno. Cuanta más fijada sea la actitud, más resistencia habrá y menos disposición tendrá al tratamiento.

Cada vez hay más estrategias, incluso para ayudarle al reconocimiento y a la empatía. Tienen mucha dificultad para empatizar y para “ponerse los zapatos de la víctima” y sentir su daño.

Asimismo, existen técnicas conductuales y emocionales para frenar la adicción. La persona las desarrolla para modificar su conducta, controlar sus pensamientos y aprender a mostrar sus emociones, ya que, a veces, estas se han quedado atascadas en el interior después de haber vivido experiencias drásticas en su infancia.

Lo que se queda dentro es lo que puede impulsar a seguir haciendo daño a los demás. Tienen que aprender a entender el pasado.

¿Cómo actúa un pederasta?

En primer lugar, hay unas resistencias que tienen que ver con la propia conciencia del abusador. Es difícil saltar estas barreras, a lo que además se une las que pueda tener el niño, que en muchos casos es muy sencillo, pues los pequeños son vulnerables, indefensos y obedientes, aunque por otra parte también tienen que atravesar la barrera del miedo.

Muchas veces, los trastornados reconocen que “no querían volver a repetirlo, pero como vieron que era tan fácil, les incitaba a ello otra vez”. Es un ciclo adictivo impulsivo.

¿Tiene un perfil físico?

No. Son personas absolutamente incorporadas a la sociedad. No hay ninguna diferencia, puesto que no hay patología.

El pederasta de Madrid

En cualquier caso, un pederasta se puede convertir en el enemigo público número uno, como pasa en Madrid, y por extensión en toda España.

El “indeseable” secuestró a una niña de siete años el pasado 22 de agosto en un parque infantil del barrio de Hortaleza y la retuvo durante varias horas. Después la liberó en un descampado, en las inmediaciones de una carretera en un distrito cercano.

La Policía intenta determinar si es el mismo individuo que ya abusó de dos niñas en abril y en junio de este mismo año en el vecino distrito de Ciudad Lineal. En estos dos casos las menores tenían síntomas de haber sido narcotizadas.

También se sospecha que pudo raptar a otra menor en 2013 y que protagonizó una intentona similar antes del rapto de abril de este año.

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