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Empleo de Botox en el tratamiento de pérdidas de orina

La técnica ha sido avalada por un estudio científico de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) y pasa a formar parte del catálogo de prestaciones de la Sanidad Pública

Empleo de Botox en el tratamiento de pérdidas de orina
EFE/Rungroj Yongrit

El Botox es el rey de la estética, y ahora la beneficiada es la vejiga. La Agencia Española del Medicamento ha aprobado el uso de toxina botulínica tipo A para tratar la Vejiga Hiperactiva Idiopática (VHI).

Este problema afecta en España al 17% de la población. Se trata de una dolencia que produce un impacto negativo en la calidad de vida y, aunque no es exclusivamente femenina, afecta mucho más a las mujeres que a los hombres. La situación, sin embargo, presenta unas nuevas perspectivas de tratamiento tras la aprobación reciente del empleo de toxina botulínica tipo A por parte de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios.

Optimizar la técnica es el objetivo que persigue la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). Así, ha desarrollado una monografía que avala el uso del Botox en estos casos. “Solo está autorizado en los casos con síntomas de incontinencia urinaria, urgencia y frecuencia, en pacientes adultos que no han respondido adecuadamente o bien que resultan intolerantes a los medicamentos anticolinérgicos”, explica la doctora Montserrat Espuña, responsable de la monografía.

Esta aplicación forma parte ya del catálogo de prestaciones del Sistema Nacional de Salud. “Optimiza el tratamiento de una dolencia que mejora de forma sustancial la calidad de vida de los pacientes”, añade la especialista.

El mecanismo de acción de la toxina botulínica trabaja tanto a nivel motor como sensitivo. Esto hace que permitan que su empleo esté aprobado para el tratamiento de parálisis cerebral infantil, espasmo hemifacial, distonía cervical, hiperhidrosis primaria de la axila o migraña crónica.

Aplicación en el aparato urinario: la revolución

Ahora se ha demostrado su utilidad en pacientes con este tipo de problemas urinarios. De hecho, la doctora Espuña ha señalado en su monografía que diversos estudios clínicos han confirmado su efectividad.

Es el caso de un ensayo clínico en fase III, aleatorizado y controlado con placebo, que ha comparado la inyección de 200 unidades de toxina botulínica con 300 unidades. Con esto se ha comprobado que ambas dosis permiten obtener una clara mejoría sintomática y una disminución o desaparición de los episodios de incontinencia.

Además, en ambos casos se refleja la mejora en la calidad de vida relacionada con la salud y, por supuesto, un incremento de la capacidad vesical. También se han hecho otros estudios en pacientes con síntomas de Vejiga Hiperactiva Idiopática en Europa y América, y han comparado la dosis de 100 Unidades con placebo. En ellos se ha observado una clara mejoría sintomática expresada por disminución de los episodios de urgencia y de la frecuencia miccional.

“El procedimiento se tolera bien, pero se observa que solo entre el 6% y 7% de los pacientes necesitan realizar cateterismo intermitente después del tratamiento. Asimismo, uno de cada cuatro pacientes padece infección urinaria relacionada con el tratamiento”, dice la experta en cuanto a las contraindicaciones.

La inyección de esta toxina ha demostrado ser significativamente más eficaz que el placebo para mejorar los síntomas de incontinencia urinaria de urgencia y se ha convertido en un tratamiento recomendable para las mujeres con Vejiga Hiperactiva Idiopática que no han respondido al tratamiento inicial.

Como efectos adversos, la doctora Espuña destaca el de presentar un residuo postmiccional elevado, que puede requerir autosondaje en un número limitado de pacientes, así como el riesgo de padecer una infección urinaria después de la inyección de Botox.

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