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El parto de ‘mamá australopithecus’

¿Cómo dábamos a luz hace 3 millones de años? ¿Para los australopithecus era más fácil o más difícil que ahora? El “padre de Atapuerca”, Juan Luis Arsuaga, nos responde a éstas y otras cuestiones en su obra más reciente: “El primer viaje de nuestra vida”.

El parto de ‘mamá australopithecus’
El paleontólogo Juan Luis Arsuaga muestra una pelvis encontrada en el yacimiento prehistórico de Atapuerca. EFE/Julián Martín

Para la especie humana traer al mundo a una criatura es muy complicado. El feto tiene que atravesar un pasadizo estrecho, un tubo retorcido y doblado. Es curioso que este proceso no sea tan complejo para nuestros parientes más cercanos: chimpancés, gorilas y orangutanes.

El parto de los primates es holgado y de trayectoria recta, y sólo existe un movimiento de cabeza del feto, el de avance hacia el exterior. En cambio, la trayectoria del feto humano es curva, y sus movimientos de cabeza son seis.

Las dificultades para las mujeres surgieron cuando nuestra estirpe se separó de la de los chimpancés.  Los australopithecus, -primeros homínidos más conocidos-, ya tenían problemas para parir. ¿Por qué?.

Juan Luis Arsuaga, director del Centro de Evolución y Comportamiento Humanos, catedrático de Paleontología y codirector del Equipo de Investigaciones de los Yacimientos de la Sierra de Atapuerca, baraja varias hipótesis en su libro El primer viaje de nuestra vida (editorial Temas de Hoy).

Los fósiles encontrados demuestran que la cabeza del australopithecus era más pequeña que la nuestra, al igual que el feto. Esto debería haberles facilitado el parto, pero…su pelvis también era mucho menor si se compara con la del homo sapiens. Las hembras no superaban el metro de altura. Por tanto, por las proporciones de su cuerpo, también parían con dolor.

Los australopithecus recién nacidos eran muy vulnerables y dependientes de la madre, tanto o más que los bebés actuales. Esto se debe al aumento de tamaño del cerebro. Arsuaga considera que “los niños de nuestros antepasados tuvieron que nacer de forma prematura en algún momento de la evolución”.

Si hubiesen nacido más desarrollados, su cabeza habría sido aún más grande. No podrían atravesar el canal del parto. El alumbramiento no se habría producido. Al ser prematuros, los pequeños necesitaban muchos más cuidados que las demás especies.

El catedrático concluye así: “las dificultades del parto de los humanos se deben a nuestra evolución, y tienen que ver con varios aspectos, que son la postura erguida, y el mayor tamaño de la cabeza respecto a nuestros antepasados”.

 

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