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El desamor perjudica seriamente la salud

Vivimos la ruptura de pareja como un auténtico duelo repleto de tristeza, vacío, desconsuelo, angustia y ansiedad. Nuestra estima es la principal afectada. ¿La buena noticia? En la mayoría de los casos, la mancha de mora con otra verde se quita.

El desamor perjudica seriamente la salud
Carta sellada con los labios de Frida Kahlo enviada a su médico. EFE/Mario Guzmán

Llega el Día de los Enamorados y para muchos puede resultar perjudicial para su ánimo. Cuando sufrimos un desengaño amoroso, tenemos respuestas afectivas que se expresan en síntomas de cuadros ansiosos y depresivos; suele tratarse de cuadros mixtos.

“En una persona normal, la ruptura puede tener una respuesta adaptativa a esa nueva situación. En la adolescencia produce tentativas suicidas, conductas dirigidas a llamar la atención de la persona que ha abandonado para intentar recuperarla. Son conductas inmaduras frecuentes”, afirma Miguel Gutiérrez, presidente de la Asociación Española de Psiquiatría.

“Sufrimos reacciones depresivas pero con un componente ansioso que pueden dar lugar a trastornos de sueño o sentimientos de baja autoestima. Es muy variable e irá en función de la estructura previa de la personalidad del individuo”, asegura el psiquiatra.

¿Cuánto dura el desamor?

Depende de muchas cosas y la edad es un elemento clave. En jóvenes la amargura dura poco. Hablando de ruptura sentimental, la edad es proporcional a lo que dura la pena.

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EFE/EPA/Lucas Dolega

“Son edades de desarrollos psicológicos importantes. La personalidad se va confirmando y cualquier circunstancia de estas características que sea vivida como atentatoria contra la propia estima, produce una herida que tiene una connotación narcisista de orgullo herido. Una herida que dura lo que tarde en ser sustituida por otra persona capaz de cubrir esa crisis”, afirma Miguel Gutiérrez.

En otras edades es el desamor es más complicado. “En adultos, o incluso en la tercera edad, una ruptura puede vivirse como un acontecimiento vital serio que puede precipitar trastornos adaptativos importantes, depresiones o trastornos de ansiedad”, indica el especialista.

La mejor medicina para el desamor es más amor.

Las armas de las que disponemos son distintas en cada persona. “Existen personalidades con recursos psicológicos para neutralizar la ansiedad y el estrés que producen la dinámica social. Personas maduras que tienen desarrollada la capacidad para resolver estos problemas y otras que se ahogan en un vaso de agua. La vida es un continuo entrenamiento”, señala Gutiérrez.

Es química

Cuando estamos enamorados el cuerpo genera las hormonas del placer: la dopamina y la oxitocina. Estas sustancias actúan sobre unas zonas del cerebro que hacen que nos sintamos queridos, a gusto, bien, que importamos a los demás, valorados, en definitiva, sentimos placer.

“Cuando el cerebro no obtiene esas sustancias se genera un estado de pena gracias a hormonas como la noradrenalina o estresores como el cortisol. Estas dos hormonas surgen cuando hay una carencia de oxitocina y dopamina”, explica Rafael Gómez, psicólogo y vicepresidente de Mentes Abiertas.

Estas dos hormonas, que son estresantes, nos provocan pensamientos relacionados con la tristeza, es decir, pensamientos contrarios a lo que nos generaría la oxitocina o la dopamina.

Existen neuroredes que se van a activar en función de qué hormonas predominan en un determinado momento en nuestro cerebro; neuroredes asociadas a la nostalgia que contienen pensamientos como: no me quieren, tengo algún defecto… y otras que se activan cuando tenemos oxitocina o dopamina con pensamientos tales como: soy atractivo, interesante, me valoran, me quieren. Eso lo hacemos desde que somos bebés”, subraya el psicólogo.

Ciclo de la vergüenza

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EFE/Juan Carlos Bárcenas

Muchos de los procesos del amor son reactivos. Desamor y dolor físico. “Nosotros hablamos del ciclo de la vergüenza. Cuando una expectativa se cumple recibimos una dosis de oxitocina y de dopamina. Cuando ocurre lo contrario, entramos en el proceso de la vergüenza: una etapa de frustración en la que predominan el desconsuelo y la pena, seguido, para reequilibrar el sistema, de una etapa de enfado y rabia, que puede ser o no externalizada y después otra etapa de culpa. Es una reacción en cadena”, asegura el experto en Psicología.

Cada persona tiene grabados los sentimientos en zonas distintas. La ansiedad de cada uno tiene un mapa corporal distinto.

“Todo lo psicológico tiene una repercusión a nivel corporal porque es el cuerpo lo que sostiene lo psicológico”, afirma Gómez.

Cada ser humano tiene distintas neuroredes que se han ido asociando con estados corpóreos, algunos la frustración se evidencia en la piel, el estómago, la garganta.

“Tiene que ver, también, con el género. Las mujeres son más complejas a nivel hormonal. A las mujeres les afecta más al sistema endocrino y a los hombres tiene que ver más con órganos en concreto”,  apunta el psicólogo.

.-Efesalud

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