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El compromiso de dar luz a la ceguera de los ríos

La oncocercosis (ceguera de los ríos) y la elefantiasis son dos enfermedades parasitarias del mundo subdesarrollado. Para su erradicación, existe un medicamento del que, afortunadamente, ya se han donado más de mil trescientos billones de pastillas gracias a un compromiso con alma de Premio Nobel. A veces la medicina también se acuerda del tercer mundo

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El compromiso de dar luz a la ceguera de los ríos
Un niño africano haciendo de lazarillo de una persona ciega a causa de "la ceguera de los ríos"./ Imagen cedida por MSD

Esta es una historia de compromiso. Un compromiso con vidas truncadas por la picadura de una mosca o un mosquito que se ocupan de propagar enfermedades raras y olvidadas en el contexto de un entorno desfavorecido. Una historia de donación, sin fecha de caducidad, del medicamento que puede erradicar las patologías, y, por tanto, las dificultades que añaden a unas vidas duras de por sí.

La oncocercosis (ceguera de los ríos) y la elefantiasis  (filariasis linfática) son dos enfermedades que afectan sobre todo a países subdesarrollados. Desde hace 28 años, un proyecto de la farmacéutica MSD, “Programa de Donación de MECTIZAN”, dona este medicamento con un objetivo en mente: la erradicación. Medicamento que ha hecho a William Campbell, descubridor de su principio activo, ser Premio Nobel de Medicina 2015.

Pero, ¿en qué consiste el proyecto?, ¿Y las enfermedades?, ¿Quién colabora? ¿Hasta cuándo dura? Han respondido a estas cuestiones y muchas otras los protagonistas del proyecto durante una visita de prensa a la planta de producción que MSD tiene en Haarlem (Amsterdam), única en el mundo en fabricar el medicamento, y a la que EFESalud ha asistido.

Ceguera de los ríos, la maldición de una mosca

La oncocercosis, conocida como “ceguera de los ríos” es una enfermedad parasitaria que puede causar picazón intensa y lesiones en la piel, ganglios linfáticos y ojos, y, finalmente, ceguera. De su propagación tienen la culpa las moscas negras que viven en ríos y afluentes de corrientes rápidas y que traspasan los parásitos de unas personas a otras con sus picaduras.

Pruebas de visión en una comunidad africana./ Imagen cedida por MSD
Pruebas de visión en una comunidad africana./ Imagen cedida por MSD

El director del proyecto, el doctor Adrian Hopkins, explica que además de los problemas en los ojos se dan lesiones en la piel porque hay enfermos “que están durante años rascándose” debido al picor que produce.

La ceguera, consecuencia fatal de esta enfermedad, se trata de un problema generalizado en comunidades que viven cerca de ríos. Es el caso de un poblado en Sudán, en el que, cuando el doctor llegó en 1994, “de 5 mil habitantes 800 estaban ciegos” debido a la enfermedad. Situaciones dramáticas que hicieron pensar a Hopkins en la imposibilidad de alcanzar el objetivo propuesto. Hasta que un hombre ciego, que años después reconoció al doctor por la voz, le contó que tras la donación del medicamento, no había ni un ciego nuevo en el poblado.

Aproximadamente 40 mil casos de ceguera prevenidos cada año.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha certificado oficialmente la erradicación de la enfermedad en Colombia, Ecuador y México; y Guatemala está a la espera de confirmación. Según el director del programa, en América Latina el foco está puesto ahora en “la frontera entre Brasil y Venezuela”, donde se está trabajando duro para acabar con la enfermedad y que Latinoamérica se despida para siempre de la misma.

En África, 120 millones de personas fueron tratadas en 2014. Un gran volumen para un ambicioso plan: que la enfermedad desaparezca también en el continente. Algo que ya se ha conseguido en nueve regiones de cinco países africanos, y que se espera alcanzar por completo en 2025

Elefantiasis, la complicación de un contexto difícil

La elefantiasis es otra enfermedad para la que también el medicamento es efectivo. Por eso mismo, MSD decidió donarlo para esta causa. Común en África, la enfermedad se caracteriza por la hinchazón y desfiguración de extremidades y genitales.

Fábrica de Mectizan en Haarlem (Amsterdam)./ Imagen cedida por MSD

A diferencia de la ceguera de los ríos, el experto señala que “no es transmitida por moscas negras, sino por los mismos mosquitos que transmiten la malaria en África”. Añade además que se trata de una “enfermedad incapacitante” que no sólo supone “limitación de movimientos, sino estar una media de diez días por mes en cama debido a las fiebres que produce”.

Algo que sin duda afecta a la vida laboral de quienes la padecen, y muchas veces imposibilita la vía tradicional de ganarse la vida en estos países africanos.

El primer país en decir adiós a la enfermedad ha sido Togo. Para cumplir el objetivo de su desaparición en 2020, el doctor Hopkins señala que “es necesario actuar rápido”.

Una donación con alma de Premio Nobel

En 1987, la farmacéutica MSD contrajo el compromiso de donar de forma íntegra MECTIZAN. Hoy por hoy, ya son 28 años donando medicamento a todo el que lo necesite y por el tiempo que sea necesario en África, Latinoamérica y Yemen.

Medicamento que le ha valido el Premio Nobel de Medicina al doctor William Campbell, científico investigador de MSD que descubrió la avermectina, molécula de la que parte la ivermectina (principio activo de Mectizan).

Cada bote de Mectizan contiene 500 pastillas, para que su distribución sea más sencilla./ Imagen cedida por MSD
Cada bote de Mectizan contiene 500 pastillas para que su distribución sea más sencilla./ Imagen cedida por MSD

Tal y como explica Carolien van Bloemendal, responsable de la planta en Haarlem, “se trata del programa sin fin de más larga duración que existe”. Y es que, se producen en esta fábrica 850 millones de pastillas anualmente.

Este proyecto de MSD se hace posible gracias a una colaboración público-privada con la OMS, Ministerios de Salud, el Banco Mundial, el Centro Carter, entre otros.

De un tamaño muy reducido, para que no sea necesario nada al ingerirla, el tratamiento supone una ingesta anual de entre una y cuatro pastillas (en función de la altura de la persona). ¿Cómo se hace? Son voluntarios de la propia comunidad quienes, con ayuda de palos para medir la altura, las suministran. Cápsulas que se ocupan de paralizar la producción de larvas en las personas que tienen estas enfermedades parasitarias.

Que el medicamento se ingiera sólo una vez al año, sea tan pequeño, no ofrezca resistencia y no tenga efectos secundarios; además del hecho de que no se necesiten doctores para su distribución, favorece esta llegada de la medicina en los entornos más desfavorecidos.

Los tiempos son distintos según la enfermedad: unos cinco años para la elefantiasis y entre diez y veinte para la ceguera de los ríos.

Esta es, por tanto, la historia de un compromiso en la lucha contra enfermedades raras en zonas que a veces son olvidadas. Ahora sólo queda seguir trabajando para cumplir el objetivo de que entre 2020 y 2025 estos países de las zonas más desfavorecidas puedan decir adiós para siempre a estas enfermedades parasitarias. Todo un respiro cuando la vida en sí ya es una lucha continua.

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