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El cerebro del bebé

No es un disco duro vacío y dispuesto a albergar el conocimiento universal. Es cierto que el cerebro del bebé tiene un gran potencial de aprendizaje y cuanto mejor se incentive mayor rendimiento obtendrá, pero eso no significa que, aunque lo estimulemos al máximo, cualquiera puede llegar a ser un superdotado

El cerebro del bebé
EFE/Diego Azubel

Cada niño nace con una dotación cognitiva marcada por su genética y otra que se desarrolla a través del estímulo dentro del proceso madurativo.

“No nos olvidemos, el potencial que hay es el que va a salir, no lo podemos modificar”, señala el neurólogo Carlos Casas quien advierte de que, por mucho que se estimule el cerebro de un niño, no se logrará una mente superdotada.

“Y quien no tenga una gran capacidad cognitiva puede mejorar, pero no más”, añade.

Si comparamos dos bebés con la misma dotación cognitiva y carga genética, el que mejor desarrollo experimentará será el que más incentivo reciba. De ahí la importancia de los programas de estimulación precoz o atención temprana, en especial para aquellos que presenten problemas de psicomotricidad, habla…

La formación del cerebro

La formación del cerebro comienza en el embrión. Por eso es tan importante que las embarazadas lleven una vida sana y que no beban alcohol ni consuman otros tóxicos. Las bebidas con graduación pueden afectar, incluso a niveles muy bajos, al desarrollo del cerebro y provocar una fenopatía, que conlleva retraso mental o alteraciones del funcionamiento cerebral.

En los recién nacidos la estructura visual del cerebro es similar a la que tendrá el resto de su vida. Sin embargo, su grado de formación se encuentra en una fase incipiente y se desarrollará, fundamentalmente, a lo largo de los tres primeros años de vida.

Carlos Casas, vocal del Comité de Neuropediatría de la Sociedad Española de Neurología (SEN), explica que en los primeros meses de vida, el cerebro experimenta un gran proceso activo, tanto metabólico como estructural. Es importante en este periodo la formación de la mielina, una sustancia que identifica e individualiza las funciones del desarrollo cerebral y que finaliza alrededor del tercer año de vida.

Y también en ese periodo se desarrollan otras sustancias protéicas derivadas de aminoácidos fundamentales en el funcionamiento cerebral: los neurotransmisores, cuya función es la transmisión del estímulo nervioso a través de las neuronas y sus prolongaciones.

Por eso, los tres primeros años de vida se convierten en un periodo clave para el niño: el contacto físico, el cariño, la atención, el juego estimulante… marcarán su desarrollo madurativo. “Los juegos educativos tienen un trasfondo musical, de formas y de colores”, apunta el doctor.

Desarrollo psicomotriz, del lenguaje y sensorial

Desde el cerebro se envían las órdenes para el desarrollo psicomotor del niño que se apoya en tres pilares: la psicomotricidad, el lenguaje y el desarrollo sensorial.

Los niños comienzan a andar alrededor del año. Los precoces a los 9 meses y los tardíos entorno a los 16. “Existen muchas variaciones dentro de la normalidad, que nadie se asuste”, advierte el doctor Casas, quien además apunta que en el caso de que haya un retraso en la motricidad,  no tiene porqué conllevar un desfase en el nivel de inteligencia.

Mucho antes, comienza el lenguaje extraverbal. El bebé se comunica con la madre a través de la mirada. Ya se está expresando. “Es muy importante el contacto visual, un niño que no mira puede ser un primer aviso de una patología en el futuro”, indica el facultativo.

Y luego llegan los gestos, las sonrisas y, cuando empieza a señalar antes que hablar, es el primer signo de que el niño desarrollará un lenguaje receptivo. “Empieza a entender las palabras y a identificarlas con objetos, luego empiezan a pronunciarlas y a construir frases”, indica Casas quien destaca que “tienen que hablar y saber lo que dicen, no solo decir palabras de forma repetitiva”.

El llanto también es un mecanismo de comunicación. Existe un llanto, según el neurólogo, que representa un aviso ante una necesidad, como el hambre, y un llanto de búsqueda de atención que debemos enseñarle a regular una vez que tiene atendidas todas sus necesidades fisiológicas.

El desarrollo sensorial complementa la evolución de las áreas de sociabilidad y del lenguaje. Desde el momento del nacimiento, el niño ya tiene capacidades sensoriales. En las primeras semanas de vida detecta movimientos a su alrededor, ve puntos de contrastes y objetos indefinidos alejados de la visión tridimensional.

Durante los primeros seis meses de vida la maduración sensorial es muy rápida y se consigue prácticamente el desarrollo de la vista y el oído, “aunque fisiológicamente no es perfecto y no madura hasta los ocho años de vida debido al proceso de mielinización del cerebro”.

El sueño

El desarrollo del cerebro también influye en el sueño del bebé que ya tiene ritmos de sueño en el útero materno.

“Es muy importante porque mientras duerme repone las energías del metabolismo cerebral y favorece la mielinización”, explica el doctor Casas.

Otra cosa son las ensoñaciones, que empiezan a ponerse de manifiesto alrededor del primer año de vida, no antes.  Es entonces cuando el niño sueña con las vivencias del día y si es muy nervioso e intranquilo con el tiempo puede sufrir de terrores nocturnos.

El desarrollo del cerebro en el bebé es un proceso complejo en el que se puede influir con estimulación y sobre todo, con atención y cariño.

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