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El cerebro, a prueba de cuentakilómetros

Comienza el Mundial de Fórmula 1 y los pilotos se preparan para someterse a grandes cambios de dirección y velocidad. Adrenalina, emoción y mucho motor, pero… ¿Qué ocurre en realidad en sus cerebros cuando pisan el acelerador?

El cerebro, a prueba de cuentakilómetros
El piloto holandés Giedo van der Garde durante la segunda jornada de entrenamientos en Montmeló (Barcelona) durante el mundial de Fórmula 1 de 2013/ EFE/ Alberto Estévez

La capacidad de reacción de nuestro cerebro se ve alterada por muchos factores. La velocidad es uno de ellos y el doctor Carlos Tejero, neurólogo del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza y vocal de la Sociedad Española de Neurología, nos explica qué ocurre cuando alcanzamos ciertas revoluciones.

Nuestro cuerpo está formado principalmente por líquidos. De hecho, la mayor parte de nuestro organismo es agua y, cuando nos sometemos a una aceleración determinada, la sangre no va a la misma velocidad ni en la misma dirección que nuestro cuerpo. “Cuando saltamos, la sangre se queda en los pies”, explica el experto.

Las carreras espaciales y los vuelos a alta velocidad han servido a los científicos para experimentar y conocer todo lo que ocurre dentro del cerebro del ser humano. Lo que es curioso es que, a través del entrenamiento, la persona es capaz de adaptarse a situaciones de velocidad terribles.

“Los pilotos de la Segunda Guerra Mundial hacían picados y, durante unas fracciones de segundo, dejaban de ver porque la sangre se movía en otra dirección y no les llegaba al cerebro. Sin embargo, mantenían la conciencia del cerebro y llegaban a realizar técnicas que permitían que cambiara de dirección y volvieran a ver”, relata el doctor Tejero.

Los pilotos de Fórmula 1 no se someten a velocidades tan aterradoras como las de los aviones, pero también experimentan esa sensación. Gracias al entrenamiento que reciben, son capaces de hacer que no les ocurra, ya que su cerebro se acostumbra.

Para valorar la velocidad, el sentido que más usamos es la vista. De hecho, como dice el especialista: “muchas veces, en los cines en 3D, con un poco de movimiento en el asiento y el paso de una imagen a alta velocidad, podemos llegar a marearnos”.

El equilibrio, un sentido afectado

El cerebro, a prueba de cuentakilómetros
Dos personas utilizan un teléfono público de la artista Carla P. Carvalho Fernandes como parte de la iniciativa “Call Parade”/EFE/Sebastiao Moreira

En el oído no solo tenemos el sentido de la audición, también el equilibrio se encuentra en esa zona del cuerpo. Al movernos en una dirección u otra, se produce una aceleración en el sentido contrario al movimiento que nosotros tenemos. “Esa sensación es la que nos permite saber en qué dirección nos estamos moviendo y percibir la velocidad a la que vamos”, apunta Carlos Tejero.

Sin embargo, en el caso de que nos sometiéramos a cambios muy importantes de velocidad, las terminaciones nerviosas del sentido del equilibrio podrían tener problemas a la hora de notar la velocidad que estamos experimentando.

“Es difícil que se produzca un traumatismo por exceso de velocidad en la zona del oído, pero lo que sí nos ocurre es que, cuando cambiamos de sentido o de velocidad bruscamente, podemos tener una sensación de vértigo o de mareo”, añade el neurólogo.

¿Hasta cuánto podemos soportar?

Aunque parezca mentira, cuando se empezó a trabajar en la máquina de vapor, se pensaba que el hombre no podía soportar más de 30 kilómetros por hora. Ahora realmente podemos ver que el límite es difícil de establecer, ya que hay personas que soportan grandes aceleraciones entrenándose bien.

“Cada uno tendríamos nuestro límite, pero nos podemos preparar para superarlos en un momento determinado”, indica el especialista.

Podemos encontrarnos ante dos circunstancias. Por un lado, somos conscientes de que podemos soportar la aceleración sin perder la conciencia, pero algo muy distinto es la capacidad de reacción que tenemos a altas velocidades. El doctor Tejero asegura: “Nuestro cuerpo tolera perfectamente la alta velocidad en la carretera, pero si tenemos que tomar una decisión en una situación de riesgo, la cosa cambia”.

La velocidad es un riesgo y nunca estamos preparados para un imprevisto.

¿Qué hacen los pilotos de Fórmula 1?

Parte del entrenamiento de los corredores de Fórmula 1 consiste en preparar su cuerpo para la aceleración que su actividad profesional requiere. En las líneas rectas, el organismo está adecuado a absorber la energía que se genera con las grandes velocidades a las que se someten, pero al llegar a las curvas, el cuello se convierte en la parte del cuerpo que más soporta la tensión.

“Los pilotos de Fórmula 1 hacen un entrenamiento específico de su cuerpo y de su cerebro para soportar una velocidad determinada”, remarca el doctor.

Precauciones y consejos ante altas velocidades

La aceleración es una sensación muy placentera para el cerebro, ya que liberamos endorfinas y esto nos proporciona un estado de bienestar. “A los seres humanos nos gusta someternos a cambios de velocidad y nos subimos a las montañas rusas porque sabemos que ahí estamos seguros”, indica el neurólogo.

Hay muchas personas que, ante un peligro inminente, optan por ponerse excesivamente rígidas. Sin embargo, esta no es la mejor actitud para afrontar el problema. Como cuenta el especialista: “Hay quienes no son capaces de relajarse y disfrutar en una montaña rusa, pero es una de las formas seguras de experimentar altas velocidades“.

El cerebro está dentro de un “estuche óseo”, que es el cráneo. Al producirse un movimiento brusco de nuestro cuerpo, cabe la posibilidad de que el cerebro se golpee contra el hueso y se produzcan hematomas en la superficie cerebral. Y esto lo vemos hasta en deportistas profesionales, como Michael Schumacher, que han sido entrenados para soportar aceleraciones fuera de lo normal.

“Lo que nos preocupa es que se disfrute de la velocidad en situaciones de alto riesgo. Debemos disfrutar de ella en situaciones seguras y no someternos a la posibilidad de sufrir un accidente”, aconseja el doctor Carlos Tejero.

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