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Ébola, el virus que perdura un año después

El 23 de marzo de 2014 se declaró oficial el brote de ébola que comenzó en Guinea y se extendió con especial agresividad a Liberia y Sierra Leona dejando unos 24.000 infectados y 9.700 muertos y poniendo en alerta a los países desarrollados. Un año después, el ébola sigue sin estar bajo control en África Occidental

Ébola, el virus que perdura un año después
El ébola en África Occidental no está controlado un año después de declararse el brote. Foto: Médicos Sin Fronteras

Aunque la crisis no ha terminado todavía, el ritmo de nuevos contagios ha decrecido. En la última semana de febrero se registraron 132 nuevos casos de Ébola en Guinea y Sierra Leona. “Con un solo caso de ébola, el brote continúa y cualquier tipo de autocomplacencia podría poner en riesgo el progreso obtenido hasta el momento”, señala Médicos Sin Fronteras (MSF) en un informe.

Una zona solo puede ser considerada bajo control cuando todos los nuevos casos sean aquellos que han sido previamente identificados entre los contactos de una persona enferma de ébola. Pero en las últimas semanas, todos los nuevos casos no estaban registrados como contactos y esto significa que el brote no está controlado de momento.

El control de los cadáveres ha evitado una mayor propagación de la enfermedad. Foto: MSF

Doce meses de lucha contra un virus mortal que ha golpeado a los africanos y que se ha colado por las fronteras del mundo desarrollado poniendo en jaque a España o Estados Unidos que han conseguido evitar la propagación de los pocos casos tratados en esos países en medio de una gran repercusión mediática.

Más silencioso ha sido el trabajo constante y extenuante que han llevado a cabo las organizaciones no gubernamentales en África. Más silencioso a pesar de los gritos pidiendo respuestas eficaces.

Impotencia

“Nos hemos sentido impotentes”, relata Miriam Alía, coordinadora médica en la Unidad de Emergencias de Médicos Sin Fronteras . “Esta ha sido la primera epidemia en la que hemos dicho que no podíamos tratar a todos los pacientes. La gente se quedaba en la puerta de los hospitales y moría en casa”.

Alía llegó a Guinea pocos meses después de que se declara la epidemia de ébola y ha visto como a pesar de dedicar a todos los expertos de MSF en esta enfermedad de fiebres hemorrágicas, que iban encadenando un proyecto con otro, “no dábamos abasto. Es la frustración de no poder salvar a todos”.

La enfermera Miriam Alía, coordinadora médica en la Unidad de Emergencias de Médicos Sin Fronteras. Foto: Médicos Sin Fronteras

Y eso incluye casos que no fueron contabilizados como ébola, “personas que han muerto en casa escondidas mientras contagiaban a toda su familia”, relata la enfermera quien en medio de la tragedia también destaca la emoción de conseguir que algunos sobrevivan. “Son muy luchadores”.

La misión de Miriam Alía ha sido coordinar la labor de MSF en formar al personal autóctono para que hubiera manos suficientes para atajar la enfermedad. Pero también como enfermera se ha puesto el traje de protección y se ha dedicado a los enfermos.

A la ya difícil lucha contra el ébola se unió la complejidad de tratar a culturas tan diferentes en una situación de pánico. Los cooperantes han llegado a recibir ataques porque muchos les acusaban de ser los transmisores del virus.

“Todo es fruto del desconocimiento. Es muy importante trabajar con las comunidades y explicarles cómo se transmite la enfermedad. En nuestro equipo siempre hay varios antropólogos y promotores de salud que nos ayudan a difundir los mensajes”, señala la cooperante.

Los centros de tratamiento son abiertos “para que se vea que no hacemos nada raro. También intentamos hacer los enterramientos según las costumbres locales en la medida en que se pueda”, añade.

Los supervivientes

La información es vital para evitar el contagio del ébola. Foto: MSF

El ébola está dejando muerte y destrucción tras de sí. Aquellos que sobreviven se enfrentan al deterioro del sistema social, con una sanidad destruida y una educación paralizada y un montón de problemas colaterales que asumir. Un desafío enorme para la comunidad internacional.

Las mujeres que necesitan atención médica para dar a luz no reciben asistencia a tiempo; se han interrumpido actividades preventivas como vacunaciones, entrega de anticonceptivos y tratamiento contra el VIH que ponen en riesgo una oleada de problemas de salud tras el ébola. “Ya están apareciendo casos de sarampión”, advierte MSF que cree necesario atajarlo sin demora a través de una campaña masiva de vacunación.

Una situación de alarma en medio de hogares empobrecidos y carencia de personal sanitario.

Y a todo ello se une el estigma individual de haber padecido la enfermedad. Están señalados hasta el punto de que a los huérfanos no los quieren recoger otros familiares. Una situación que se complica más en el medio rural.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí?

En enero de 2014 se conocieron los primeros casos de ébola y en marzo se declaró la epidemia en Guinea. Una alarma que sonó hace un año pero que no fue lo suficientemente potente como para despertar a las organizaciones internacionales. En junio ya había casos de ébola en Sierra Leona y Liberia.

Equipos de Médicos Sin Fronteras realizan labores de desinfección en barrios marginales de Freetown (Sierra Leona). Foto: Médicos Sin Fronteras

Hasta que no llegó agosto la Organización Mundial de la Salud (OMS), ocho meses después del inicio de la epidemia, no hizo una declaración de emergencia que puso en marcha peticiones de fondos y de ayudas a otras organizaciones. “Pasaron meses. Para responder a una emergencia es muchísimo tiempo”, se lamenta la representante de Médicos Sin Fronteras quien critica la ausencia de una coordinación regional entre Guinea, Sierra Leona y Liberia, “una de las razones por las que subieron tanto los casos de ébola y de forma tan disgregada”.

En otoño llegó un “momento de pánico” al aparecer casos en países limítrofes como Senegal, Nigeria o Mali. “Vimos -dice Alía- que todos los países de alrededor necesitaban una preparación. La respuesta fue lenta e inadecuada hacían falta médicos, enfermeras, laboratorios…”.

Se montaron centros de tratamiento para casos confirmados pero el resto de actuaciones fueron lentas, sobre todo las de vigilancia epidemiológica y en el trabajo con las comunidades en la sensibilización “porque el contagio se produce en los ritos funerarios, en el cuidado en el domicilio o en las instalaciones de salud normales, en las maternidades…porque no están protegidos. El tratamiento va a disminuir la mortalidad, pero son las otras actividades las que van a reducir el numero de casos”, apunta la sanitaria.

Las propuestas de MSF

MSF considera que la epidemia puede y será detenida cuando los diferentes actores que den respuesta trabajen de forma coordinada y regional y consideran necesario:

1.- Restaurar la confianza a nivel de las comunidades, apoyar la vigilancia de la salud pública y fortalecer mecanismos de coordinación a nivel regional.

2. Restablecer y fortalecer el acceso a la salud para pacientes no ébola.

3.- Apoyar los esfuerzos en investigación y desarrollo para así asegurarse de que los resultados de la innovación se adaptan a los países afectados y que estos sean compartidos de una manera transparente e igualitaria.

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