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Pequeñas reflexiones para entender la ciencia

¿Qué es la ciencia? ¿Podemos prescindir de ella? ¿Cuáles son las diferencias y los puntos en común con respecto a otras formas de conocimiento? Son algunas de las cuestiones sobre las que Andrés Moya, científico y filósofo, reflexiona en su libro “Ciencia en pequeñas dosis”

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La formación en ciencia es muy importante desde las etapas educativas iniciales. EFE/LUIS TEJIDO
Portada de Ciencia en pequeñas dosis

Ciencia en pequeñas dosis (Editorial Cálamo) es el nuevo libro de Andrés Moya, doctor en Biología y en Filosofía y catedrático de Genética.

El libro se compone de 112 breves capítulos, que son “pequeñas dosis” sobre ciencia con las que el autor invita al lector a pensar.

Moya reflexiona desde distintas ópticas sobre la ciencia como proyecto siempre inacabado, la relación entre la ciencia y la política o la importancia de la educación en ciencia, entre otras muchas cuestiones.

De acuerdo con Moya, desde las etapas educativas iniciales, la ciencia debe ocupar el puesto que merece y apoyarse en otras disciplinas necesarias, como la filosofía y la literatura.

Solo a través de la educación y la divulgación de la ciencia podrá mejorarse la cultura científica de la población, esencial para progresar como sociedad.

En la presentación del libro, el director de la Fundación Lilly, el doctor José Antonio Sacristán, afirmó que este es un momento clave para impulsar la ciencia en España.

EFEsalud ha hablado con Andrés Moya.

¿Qué diferencia Ciencia en pequeñas dosis de un libro de divulgación científica al uso?

Por mi propia formación filosófica, mi intención es invitar al lector a reflexionar. Yo no pretendo sentar cátedra, sino que el lector reflexione. Por ello, no es un libro de divulgación científica al uso, ni tampoco un ensayo, ya que no hay una temática específica, sino un libro de pensamiento sobre y en torno a la ciencia.

Para quienes no se dedican a ella, ¿qué supone entender la ciencia?

Considero que el acceso a la ciencia debería ser un derecho universal. En una sociedad democrática, la instrucción en ciencia es fundamental, ya que comprender cómo funciona nos brinda la posibilidad de tener una posición más crítica a la hora de tomar decisiones.

Por eso es muy importante reforzar la formación en ciencia en la educación primaria y secundaria. Y no hablo de una educación especial en ciencia con respecto a otros saberes, sino de que todos estén integrados en un mismo recorrido: ciencia, filosofía, arte, literatura… La separación entre lo científico y lo humanístico es lo tradicional en Occidente, pero esto tiene que superarse.

¿De qué manera se apoya y se relaciona la ciencia con otras disciplinas y saberes como pueden ser la filosofía, el arte o la literatura?

Yo defiendo la importancia de la filosofía en niveles de secundaria e incluso primaria, puesto que desarrolla el sentido crítico y puede ir muy bien hermanada con la formación científica.

Por otra parte, la ciencia es una forma de acceder al conocimiento del mundo extraordinariamente creativa, y en ese sentido tiene muchos más puntos en común de lo que parece con el arte o la literatura, e incluso la teología.

¿En qué estado se encuentra la cultura científica de la ciudadanía?

La ciencia desde el punto de vista de la divulgación suscita mucho interés. Los medios de comunicación ponen cada vez más de manifiesto la relevancia de los descubrimientos científicos. Ahora, a consecuencia de la pandemia, hay cada vez más presencia de científicos en los medios. En ese sentido, en nuestro país existe ya un cierto interés por el estado de la ciencia. La divulgación está bien, pero siempre y cuando no se quede en anécdota.

¿Cómo de peligrosos son los grupos negacionistas que lo que hacen es negar la ciencia?

Mucho. Por eso, el mejor posicionamiento contra los eventuales negacionistas es la formación y la información. Hay quien niega la efectividad de las vacunas, pero lo cierto es que hay toda una historia detrás que demuestra su efectividad.

A pesar de eso, el desarrollo de la vacuna ha suscitado mucha polémica. ¿Cree que no se ha comunicado correctamente?

Yo creo que se ha comunicado suficientemente bien, pero el problema es la falta de formación. Es muy importante conocer y reivindicar que detrás del desarrollo de estas vacunas hay una investigación detrás de muchos años. Por ello, una formación previa adecuada en ciencia evitaría muchas de estas cuestiones que algunas personas plantean.

A raíz de la pandemia, ¿ha conseguido la ciencia una importancia que antes no se le daba?

Desde luego. Saber que contamos con la ciencia para luchar contra esta pandemia ha puesto más de manifiesto que nunca la importancia que la ciencia tiene para el desarrollo de la humanidad.

¿Cree que esto se traducirá en una mayor inversión en ciencia en el futuro?

En mi libro reflexiono sobre la relación que tiene en nuestro país la ciencia con la política. Nadie en la clase política duda sobre la importancia que tiene la ciencia para el bienestar social en general y para el desarrollo de la humanidad, pero esto debería traducirse en vertebrar mucho mejor desde el ámbito de la política la propia financiación de la ciencia.

¿Por qué no se hace? Yo tengo mis criterios. Probablemente tendría que haber más clase científica en la política, como ocurre en otros países.

No se trata solo de que haya buenas agencias en el país para fomentar la ciencia, sino que los políticos que dirigen  vean con claridad que, donde hay que hacer inversiones fuertes de cara al futuro, es precisamente en el ámbito de la ciencia.

De ida. a dcha.: José Antonio Sacristán, director de la Fundación Lilly; Carmen Ayuso, directora del Instituto de Investigación Sanitaria Fundación Jiménez Díaz; Andrés Moya, y José Ramón Alonso, catedrático de la Universidad de Salamanca. Imagen cedida
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