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Disforia de género en la infancia: respeto y comprensión

Tener síntomas de disforia de género en la infancia puede provocar incertidumbre y desconcierto. Un buen diagnóstico, gran atención a la evolución, y un tratamiento sustentado en la comprensión, el respeto y la sensibilidad resultan claves para garantizar que el niño o niña tengan una vida normal y puedan ser felices

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Disforia de género en la infancia: respeto y comprensión
EFE/Friso Gentsch

La disforia de género, o transexualidad (como se conocía hasta ahora) es “el sentimiento de incomodidad que tienen algunas personas respecto al propio sexo”, explica María Jesús Mardomingo, psiquiatra autora del “Tratado de Psiquiatría del niño y el adolescente”, presidenta de honor de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente y pionera en crear una Unidad de Psiquiatría infantil en España.

Esta incomodidad además parte de que la persona tiene la convicción de que su identidad como persona y su identidad sexual no coincide con el sexo anatómico. Los síntomas aparecen pronto, pero la experta señala que no han de confundirse por el hecho de que niños de incluso tres años presenten comportamientos “poco comunes en lo que se entiende por un comportamiento masculino o femenino. Que a un niño le gusten las muñecas o a una niña el fútbol no tiene por qué ser señal de estar frente a una disforia de género.

Cuando el síntoma genera sufrimiento

La doctora indica que, los síntomas se convierten en diagnóstico “cuando el malestar y la incomodidad son muy intensos, se mantienen en el tiempo, hacen sufrir muchísimo a la persona que lo padece y los llamados comportamientos atípicos son intensos”, añadiendo que “al llegar a la adolescencia sienten esa incomodidad como algo que realmente les perturba en la vida y no les permite ser los mismos, pues la clave es ese malestar profundo con el propio cuerpo”.

Además, insiste en la importancia de la prudencia para evitar diagnósticos erróneos, por lo que estudiar la evolución en cada caso es fundamental.

Y es que, pese a que los datos varían de un estudio a otro, se calcula que “en los casos en que persisten los comportamientos atípicos, sólo en torno al 2 ó 3% suelen acabar buscando el cambio de sexo”.

¿Cuál es la evolución de los demás? Cuando esas conductas atípicas persisten en la adolescencia, “lo más frecuente es que evolucionen hasta la homosexualidad, se calcula entre el 70 y 80% de los casos. Y aproximadamente un 20% suele evolucionar hacia la heterosexualidad”.

La importancia de la detección precoz

La psiquiatra María Jesús Mardomingo. Foto: Fundación Alicia Koplowitz

Según la autora del tratado, los padres deben acudir al especialista cuando “los comportamientos atípicos son múltiples, duran en el tiempo, y el niño está sufriendo”. Una detección precoz es fundamental para que el niño, ante la ansiedad y la incertidumbre que sufre, “pueda expresar lo que le pasa a una persona que les comprende y que además no les juzga”.

“Puede que en el colegio sufra rechazo, acoso o incomprensión por parte de los compañeros”, y hablar con los padres también es fundamental pues, aunque lo entiendan, sufren al ver que su hijo lo pasa mal.

Apoyo también fundamental para combatir “el rechazo social y la discriminación por parte de la sociedad hacia estas personas que se perciben como distintas, o como una realidad distinta a la de la inmensa mayoría”, explica la doctora.

¿Afecta más a niñas o a niños?

Mardomingo indica que es algo que se desconoce. “Se conocen más datos en chicos, probablemente porque hay más estudios y porque las niñas acuden menos a la consulta”. Esto sucede porque las conductas atípicas en las mujeres se toleran mejor, no hay un rechazo social tan explícito y se tiende a no consultar.

Además, pese a que los síntomas suelen aparecer en la infancia, en los varones también comienza en la adolescencia, y cuando eso pasa el cambio de sexo suele ser más frecuente que en aquellos en los que ha comenzado en la infancia porque “ese sentieminro de inadecuación es más intenso y les hace sufrir todavía más”, señala. Que suceda esto en niñas es menos común.

Claves del tratamiento: respeto y sensibilidad

1. La experta señala que “el punto de partida es es el respeto por los sentimientos y deseos de la persona que acude a la consulta”. Respeto humanitario y médico.

2. Actitud de prudencia, “porque es un tema complejo y cada individuo es único”. Además, la evolución de estas conductas atípicas varía mucho y por lo tanto hay que tenerlo en cuenta.

3. El objetivo es aliviar el sufrimiento, la incertidumbre y la inseguridad; apoyar a este niño o a este joven en este proceso de búsqueda personal, de manera que contribuya a su adaptación en el colegio, en la vida social, en la familia.

4. Paliar los sentimientos de soledad y aislamiento, pues muchas veces solo van a contar lo que sienten al médico cuando establecen una relación de confianza básica.

5. Transmitir que se puede ser feliz siendo como uno es y que todos somos distintos.

6. Tratar un posible cuadro de angustia, obsesivo o del tipo que sea porque, según Mardomingo,  “hay casos en los que al tratar este cuadro la disforia desaparece también debido a que esos estados pueden generar dudas acerca de todo”.

7. Asesorar a los padres “para que entiendan lo que sucede”. Y en el caso de que se confirme que es una disforia de género, “que entiendan que es algo que él o ella no ha elegido, sino con lo que se ha encontrado”, concluye.

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