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Diez síntomas más sobre ninguna enfermedad

Nosotros tenemos tos nerviosa. Vosotros escalofríos. Ellos bostezan a menudo. Semanas atrás EFEsalud se adentró con el doctor Manuel Díaz-Rubio en el análisis y prevención de diez síntomas que no suponen ninguna patología. En esta ocasión, otra decena nos acerca al conocimiento de quiénes somos y cómo evitar estos temores

Diez síntomas más sobre ninguna enfermedad
Composición fotográfica en el que la silueta de una mujer observa diez síntomas escritos en una pared. EFE

Son veinte los comportamientos fisiológicos que el catedrático en medicina y presidente de Honor de la Real Academia Nacional de Medicina, Manuel Díaz-Rubio, analiza en su libro “Los síntomas que todos padecemos” (Ed. Arán). Ya sabemos cómo se producen diez de ellos, tales como la taquicardia, el rubor, el ventoseo o la sudoración.

“Aunque pueden comprometer la vida social, nos ayudan a conocer mejor al ser humano, de dónde venimos y hacia dónde vamos”, señala.

Ello es posible debido a que son pequeñas muestras de la esencia humana. Esta característica inopinada que supone una aparición que no responde a un proceso racional implica dos aspectos: que no podemos controlarlos pero que, al saber cómo y cuándo se producen, en algunos casos podemos prevenirlos.

Los síntomas del día a día, segunda parte

Emociones y genética suelen ser las causas que se encuentran detrás de las respuestas automáticas del cuerpo humano. Es imposible desear estornudar, pensarlo y hacerlo; el estornudo simplemente ocurre.

Por tanto, son síntomas que “forman parte de una zona del cerebro que se adelanta a nosotros mismos y que no podemos evitar”, explica.

Es justo después cuando la parte cortical del cerebro puede entrar en juego, con poder para hacer de un hecho fisiológico un mundo que predispone para que, bajo las mismas circunstancias, vuelva a ocurrir.

Por ello es importante saber qué los provoca, cómo se presentan y qué se puede hacer para evitarlos:

El profesor Manuel Díaz-Rubio. Efesalud.com
El profesor Manuel Díaz-Rubio/Foto facilitada por la Academia de Medicina

Defecar de miedo. La expulsión brusca e involuntaria de heces por la relajación de los enfínteres anales ha dado lugar a la expresión “cagarse de miedo”. Una cita que define esta respuesta involuntaria como consecuencia de un estado de alerta que limita la función del recto: contener las heces. Quizá sea uno de los síntomas más molestos en el ámbito social, pero al ser inopinado, poco se puede hacer por evitarlo.

Escalofrío. Sentir frío, palidez cutánea o “piel de gallina” son tres de los rasgos que caracterizan el escalofrío. Aunque la respuesta es la misma, nada tiene que ver aquel que precede a la fiebre o el que nos inunda por el efecto del miedo de una película o la belleza de la música. Este sentir no incapacita y muestra humanidad por lo que, aunque no se puede prevenir, las nuevas investigaciones tampoco inciden el ello.

Disfunción eréctil. El conocido como gatillazo, que ha sufrido en alguna ocasión el 50% de los hombres, se caracteriza por la desaparición repentina de la erección. Son muchas las causas psicológicas y neurogenéticas detrás de un síntoma en el que debemos evitar aquel ambiente en el que se produjo, quizás dominado por el estrés o el cansancio, y así evitar que se repita.

Se considera normal si no afecta a más del 50% de las situaciones, por lo que “es algo puntual que no se suele repetir”, apunta el doctor Díaz-Rubio.

Somnolencia. La torpeza de los sentidos para mantener la vigilia es un síntoma que afecta al entre el 2 y el 5% de la población. Esta alteración del reloj biológico provocado por causas como el estrés, la hipotensión o por determinados medicamentos, afecta a las capacidades físicas y mentales. De ahí la importancia de buscar una distracción cuando se tenga la conciencia de que va a producirse: ponerse en pie, abrir los ojos o beber agua, entre otras.

Quedarse en blanco u olvidarse de forma repentina de aquello que se había memorizado, es una respuesta del cuerpo a momentos de gran tensión emocional.

Son estas emociones las que generan corticosterona, entre cuyos efectos está bloquear los sistemas de recuperación de información. Estar tranquilo es uno de los principales consejos para evitar esta situación que, aunque de duración variable, pueden llegar a los 90 minutos.

Un hombres estornuda. Efesalud.com
EPA

Estornudo. El primer gesto se produce por la inhalación de hasta dos litros de aire. Después, esa canbtidad es expulsada de forma brusca e involuntaria a través de la nariz y la boca.

Aunque todavía no se conoce la razón íntima del estornudo, la afección nasal, el temblor o las alergias son algunos de sus desencadenantes. Sea cual sea la causa, cuando cerramos los ojos e inclinamos la cabeza hacia atrás en espera del estornudo, nuestra posibilidad de abortarlo pasa por un pellizco en el labio superior o en la punta de la nariz, cuya eficacia depende de cada persona.

“El estornudo no tiene un componente emocional, es más genético”, señala.

Tos nerviosa. El sonido característico de la expulsión brusca de aire, por la contracción de la cavidad torácica, ha interrumpido muchas conversaciones. Paréntesis que van a seguir en nuestras vidas, ya que la complejidad en su prevención tan sólo aconseja acudir a medidas higiénicas como beber líquidos o evitar el tabaco.

Cefalea tensional. Este dolor continuo que rodea la parte superior de la cabeza, el cuero cabelludo y el cuello afecta más a mujeres, y aparece con frecuencia entre los 35 y 40 años.

Una sensación que ha padecido el 80% de la población, normalmente en momentos de tensión o estrés cuya única prevención se relaciona con ejercicios de relajación y, si no funcionan, con tratamiento médico.

El bostezo. Lo que la literatura ha citado como “torpes maniobras de silencio a pares”, la Real Academia Nacional de Medicina nos lo explica como un movimiento respiratorio automático, en el que se inspira profundamente y se espira de forma prolongada. Muchos de los 250.000 bostezos que realizamos en nuestra vida se pueden evitar al inspirar fuerte por la fosas nasales.

“El bostezo es un comportamiento fisiológico relacionado con los ritmos diarios más primitivos, como dormir, despertar, comer, relajarse y aparearse”, destaca Díaz-Rubio.

Ruido de tripas. Molestos sí pero también normales, estos sonidos se producen por los movimientos de líquidos y gases dentro del tubo digestivo. Si tenemos hambre y estamos delante de un escaparte de una pastelería el sonido puede ser más frecuente o agudo, por lo que la solución más recurrida es ocupar al estómago en la digestión de un alimento.

Este sonoro síntoma no es un final, sino un punto y seguido a rasgos de nuestra fisiología que “aunque parecen banales, existe una enorme investigación en todo el mundo”, remarca el doctor Díaz-Rubio.

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