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Diez años después del 11-M, ¿impacto social superado?

Los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid golpearon duramente a los afectados y a sus familias. Pero las bombas que explotaron en cuatro trenes de cercanías también impactaron en la sociedad española, en especial a la madrileña. El pánico, la depresión y el estrés postraumático aquejaron a cientos de personas. ¿Nos hemos recuperado?

Diez años después del 11-M, ¿impacto social superado?
La sociedad de forma espontánea mostró su solidaridad con las víctimas de los atentados del 11-M. Ofrenda de velas y flores en la estación de Atocha. EFE/Fernando Alvarado

“La sociedad en general sí lo ha podido superar. Madrid, tristemente, es una ciudad muy acostumbrada a los atentados y su población es muy resistente. Pero no puedo decir los mismo de los afectados, sobre todo de aquellos que han perdido a sus familiares”, apunta el catedrático de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, Juan José Miguel-Tobal, que ha participado en varios estudios sobre las consecuencias psicológicas de los atentados del 11-M.

Miguel-Tobal fue uno de los casi mil psicólogos que en el día de la tragedia y posteriores se movilizaron para atender a todos los implicados directos, desde heridos a familiares hasta bomberos, policías, personal sanitario e, incluso, periodistas. Un dispositivo para personas desesperadas y desbordadas que se ha repetido en accidentes como el del avión de Spanair en el aeropuerto de Barajas (Madrid), el 20 de agosto de 2008, o en el accidente de tren de Santiago de Compostela el pasado 24 de julio.

Pero los que no han vivido estas tragedias en primera persona también sufren y cuanto más traumática sea la situación, más personas se verán afectadas psicológicamente.Y eso fue lo que ocurrió con los atentados del 11-M: de las más de 13.000 llamadas telefónicas atendidas por los psicólogos, un 60% eran de ciudadanos con síntomas de ansiedad que no conocían a ninguna de las victimas, “un curioso fenómeno de contaminación y sobreempatía”, señala Fernando Muñoz, el coordinador del dispositivo de asistencia psicológica urgente que puso en marcha el Colegio Oficial de Psicólogos de la capital.

Diez años después del 11-M, ¿trauma social superado?
Dos psicólogos atienden en el Ifema a familiares de las víctimas de los atentados contra los trenes de cercanías del 11 de marzo de 2004. EFE/Juan Espinosa

“Se produjeron verdaderas reacciones patológicas, la más comunes fueron el ataque de pánico o la ansiedad. Y una de las causas fue el colapso de las líneas de teléfono que dificultaron que esas personas confirmaran si sus familiares estaban a salvo”, recuerda el catedrático Miguel-Tobal, quien apunta que el tiempo medio que tardaron en tener noticias de sus seres queridos se situó entre 3,5 y 5,8 horas.

“Una señora llamaba y te decía que no sabía nada de su hijo, aunque aseguraba que no cogía nunca ese tren. Pero daba igual, el miedo es tremendo y esa señora, después de estar más de media hora en el teléfono sin resultado, empezaba a notar palpitaciones, que las rodillas le temblaban, que el aire no le entraba…Tenía una crisis de ansiedad”, relata.

La dificultad en las comunicaciones fue uno de los caldos de cultivo que provocaron trastornos psicológicos en la población. Un mes después de los ataques terroristas en los trenes de la calle Téllez y de las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia, un 10,9% de los ciudadanos de Madrid seguía sufriendo ataques de pánico, un 8% depresión común y 2,3 trastornos de estrés postraumático.

Estos son los resultados de un estudio que se prolongó durante el periodo de un año para ver el impacto psicológico de los atentados de Madrid, una colaboración entre la Universidad Complutense, en la que participó el catedrático Miguel-Tobal, y el Centro de Estudios Epidemiológicos de la Academia de Medicina de Nueva York, con el psicólogo Sandro Galea al frente, que ha investigado las consecuencias de los ataques terroristas en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, en especial el de los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York.

Dos atentados, dos ciudades heridas

“No se puede obviar un hecho, el impacto del 11-S fue más grande, afectó a mucha más gente y tardó mucho en normalizarse la situación”, asegura el catedrático Juan José Miguel-Tobal en referencia a los atentados yihadistas que causaron 3.000 muertos y más de 6.000 heridos en Estados Unidos, frente a las 191 muertos y más de 2.000 heridos de las diez bombas que explotaron en los trenes de Madrid.

Diez años después del 11-M, ¿tragedia social superada?
Ataque terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York. EFE/Pedro J. Cárdenas

Pero mientras en Estados Unidos el miedo de la población y las extremas medidas de seguridad “siguen siendo brutales” a pesar de los doce años transcurridos, Madrid recuperó la normalidad rápidamente, “aunque había pena, a los cuatro días cualquier ciudadano cogía un tren o el metro, los servicios estaban normalizados. Un año después del 11-S, en la Zona Cero de Nueva York, la gente observaba como todavía seguían buscando restos en el agujero”.

A los dos años del 11-S, 2/3 de los neoyorquinos seguían preocupados por la posibilidad de otros atentados y 1/3 aseguraba que todavía no había podido normalizar su vida, según datos citados en el estudio de la universidad madrileña.

También el carácter y las costumbres sociales y culturales de las sociedades neoyorquina y madrileña ha podido influir a la hora de superar los actos terroristas que marcaron un antes y un después en las dos ciudades.

Los españoles somos más abiertos, vivimos el dolor en grupo, en familia, y eso ayuda a pasar el trauma. Cuando hablamos de lo ocurrido, ayudamos a minimizar las consecuencias. Sin embargo, la sociedad anglosajona tiende a vivir el dolor en soledad y eso dificulta afrontarlo”, explica Mónica Pereira, psicóloga experta en emergencias.

Distintas reacciones psicológicas ante el horror

El 11 de marzo de 2004, Mónica Pereira estuvo en el reciento ferial Ifema dando apoyo psicológico a los familiares de las víctimas que esperaban noticias de los desaparecidos y tuvieron que pasar duras sesiones de identificación de cadáveres.

Las reacciones psicológicas que se sucedieron esa larga noche fueron variadas. “Nuestro cerebro intenta asumir lo que ha pasado, pero al ser algo tan duro no lo puede asimilar de golpe y desarrolla mecanismos para dosificar la información. Uno de ellos es el bloqueo emocional, el cerebro decide que no lo soporta y no permite que entre más información”.

Diez años después del 11-M: ¿trauma social superado?
EFE/J.J GUILLEN

En general, el ser humano reacciona con tres tipos de respuesta: o se queda paralizado para evitar el ataque (la mala noticia), o emprende la huida mediante una crisis de ansiedad o de pánico o, la tercera opción, ataca con una reacción agresiva incluso contra los que intentan ayudarle. “Todas son respuestas normales ante situaciones anormales, ninguna es patológica”, aclara la psicóloga.

La mayoría de las personas que estuvieron implicadas directamente en el atentado diez años después lo ha superado, “solo entre el 5 y 10 por ciento puede seguir teniendo ansiedad, trastorno depresivo o estrés postraumático”.

Aprendiendo de la tragedia

Los momentos trágicos también conllevan enseñanzas. “Hemos aprendido que cuanto más inmediata sea la asistencia psicológica protocolizada, mejor podremos ayudar a que el impacto psicológico sea menor”, apunta Fernando Muñoz, director de IPSE-Intervención Psicológica Especializada y ex coordinador del dispositivo de asistencia psicológica urgente tras los atentados del 11-M del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

En el 11-M y días posteriores, casi mil psicólogos realizaron más de 5.000 atenciones directas a implicados en los atentados, respondieron 13.540 llamadas telefónicas y realizaron 183 visitas a domicilio.

Hoy, diez años después del mayor atentado terrorista en España y el segundo en Europa tras el de Lockerbie (Escocia) en 1988 (270 muertos), nadie duda de que la asistencia psicológica en este tipo de tragedias debe llegar sin que nadie la pida. El impacto golpea a toda la sociedad.

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