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Dieta mediterránea y ejercicio para el enfermo de sida

La nutrición es clave en el tratamiento de la infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y de su desarrollo en el sida. La dieta mediterránea y un estilo de vida saludable son las mejores terapias para afrontar esta enfermedad crónica. El investigador Josep María Gatell y la endocrina Carmen Gómez-Candela nos dan las pautas

Dieta mediterránea y ejercicio para el enfermo de sida
EFE/Marcelo Sayão

Una persona enferma de sida suele tener poco apetito y disminuye la cantidad de alimentos que consume, lo que provoca una bajada de peso, pero la infección también provoca una alteración del metabolismo, una reducción en la absorción intestinal de los nutrientes y diarreas persistentes.

También son pacientes con alto riesgo cardiovascular, diabetes y déficit de micronutrientes muchas veces como consecuencia de los tratamientos antirretrovirales que, sin embargo, han conseguido frenar la enfermedad en el mundo occidental, aunque no curarla.

Los alimentos juegan un papel fundamental en el tratamiento del sida y forman parte de una atención integral combinada con los antirretrovirales y la ayuda psicológica.

Antirretrovirales, un antes y un después

El investigador y jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Clinic de Barcelona, Josep María Gatell, miembro del Grupo de Estudio de Sida (GESIDA), diferencia dos periodos en esta enfermedad: desde que apareció el primer caso en 1981 y hasta 1997, cuando se comenzaron a aplicar los tratamientos antirretrovirales.

“Antes de los tratamientos etiológicos, las medidas de soporte, incluidas las nutricionales, era lo único que se podía hacer. A partir de 1997, los tratamientos para inhibir el virus hacen que todas las medidas de soporte, incluyendo las nutricionales, se convierten en una serie de consejos saludables comunes a los de la población general”, apunta el doctor Gatell.

dieta mediterránea y ejercicio para el enfermo de sida
EFE/Marcelo Sayão

Sin embargo, hay que tener en cuenta que los enfermos de sida tienen mayor riesgo cardiovascular, metabólico, déficit de vitamina D y osteoporosis.

“El ejercicio, mantener el peso, la dieta mediterránea, dejar de fumar…aunque son consejos para todo el mundo, para un paciente VIH con un riesgo superior y a una edad más temprana se convierte en algo más importante”, apunta el también coordinador de la Red Española de Investigación en SIDA (RIS) y co-coordinador de la Plataforma VIH en España.

Algunos casos de extrema delgadez y desnutrición

También la jefa de la Unidad de Nutrición del Hospital Universitario de La Paz de Madrid, la doctora Carmen Gómez-Candela, recuerda la época anterior a los antirretrovirales: “vimos los casos más trágicos de desnutrición, una desnutrición extrema, porque la infección consume, produce mala absorción, los intestinos dejan de funcionar… Incluso tuvimos que utilizar la nutrición parenteral en los domicilios de algunos enfermos”.

En esa época se daban casos de caquexia (estado de extrema desnutrición, delgadez, atrofia muscular…) y de síndrome de Wasting o desgaste que se convirtieron en una de las principales causas de muerte del sida. “Hoy en día son casos más excepcionales pero todavía se ven en pacientes que se diagnosticaron tarde o que dejaron el tratamiento”, apunta la endocrina. Incluso, añade, existe algún caso de desnutrición que requiere nutrición por sonda.

La llegada de los fármacos mejoró la situación, pero los primeros antirretrovirales también han dejado consecuencias: diabetes, riesgo cardiovascular, aumento de la grasa en sangre…

“Esta situación es la que vivimos ahora, más aminorada, los fármacos han mejorado y ya no hay tantos efectos secundarios pero son pacientes que tenemos que seguir evaluando, de alto riesgo nutricional por exceso, por defecto y por complicaciones metabólicas”, considera la doctora Gómez-Candela.

Lipodistrofia o anormal distribución de la grasa

Algunos fármacos, que ya no se utilizan, también generaron una anormal distribución de la grasa en el organismo. Casos de hipertrofia con acúmulo de grasa en la zona abdominal en personas muy delgadas y lipoatrofias o falta de grasa en nalgas, brazos y cara, “algo que se convirtió en un estigma de la enfermedad, hubo personas que recurrieron a la cirugía para rellenarse la cara. Ya no se ven casos tan extremos, pero alguno todavía hay”, apunta la doctora Gómez-Candela.

El doctor Gatell recomienda “todavía con más vehemencia” a los pacientes que sufran alguna lipodistrofia que sigan todas las medidas dietéticas saludable y de actividad física: media hora de ejercicio moderado como mínimo cuatro o cinco días a la semana; no aumentar de peso; controlar la ingesta de grasa e hidratos de carbono; consumir dieta mediterránea (frutas, verduras, pescado, aceite de oliva, cereales…)  y controlar el colesterol, la tensión arterial y azúcar en sangre.

En general, no hay alimentos prohibidos para los enfermos de sida siempre y cuando controlen las grasas y los alimentos industriales.  Desde el inicio del tratamiento, “les damos normas de prevención tanto para evitar la desnutrición como para evitar las infecciones alimentarias (cuidado con los alimentos en crudo, en frío, medidas higiénicas…)”, teniendo en cuenta que son enfermos con un frágil sistema inmunológico, explica la especialista del Hospital Universitario de La Paz.

El envejecimiento del paciente

Los jóvenes que se contagiaron en la década de los 80 y los 90 comienzan ahora un complicado proceso de envejecimiento con el sida como enfermedad crónica.

El doctor Gatell señala que la edad media de la población de personas infectadas con VIH “está aumentando, aunque este es un buen dato porque quiere decir que sobreviven. Más de un 40 o 50% de nuestros pacientes tienen más de 50 años“.

Estos enfermos “tienen una cierta aceleración del envejecimiento pues… los que tienen 40 ó 50 años en su carné de identidad, fisiológicamente tienen 10 ó 15 más. Son personas con un mayor riesgo cardiovascular”, apunta el experto en sida.

La doctora Gómez-Candela incide en que hay que tratarles como “pacientes de alto riesgo cardiovascular con un estricto control de los lípidos, poniendo tratamientos adecuados:  si hace falta suplementos de omega 3, antidiabéticos orales… además de la dieta”.

En el caso de los niños en el mundo occidental, la transmisión materno-fetal “ha desaparecido prácticamente al realizarse pruebas de detección del VIH a las embarazadas y, si son seropositivas, se las somete a tratamiento por lo que la transmisión es prácticamente nula”, matiza Josep María Gatell.

“El problema es que algunos de los niños que se infectaron hace 15 ó 20 años  son ahora adolescentes y adultos y algunos arrastran lipoatrofia o trastornos nutricionales al ser niños que tuvieron un desarrollo problemático”, señala el especialista del Hospital Clínic de Barcelona, quien recomienda un cuidado especial con dieta equilibrada y ejercicio.

Para la doctora Carmen Gómez-Candela: “el perfil del enfermo de sida ha mejorado mucho pero tenemos que seguir cuidándole porque sigue habiendo algunos casos extremos y de mucho riesgo. Si no se toman las medidas oportunas pueden fallecer de forma precoz pero por otros motivos asociados”.

 

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