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Dieta mediterránea contra la enfermedad neurodegenerativa

La dieta mediterránea puede jugar un papel importante a la hora de frenar la aparición de enfermedades neurodegenerativas, como el alzhéimer, ya que contiene nutrientes como los antioxidantes (frutas y verduras) y ácidos omega3 (pescado azul) que ayudan a prevenirlas. La investigación está en marcha

Dieta mediterránea contra la enfermedad neurodegenerativa
Imagen mostrada en uno de los expositores de la reunión de la Academia Americana de Neurología celebrada en San Diego (EEUU). EFE/ase

En una sociedad longeva como la nuestra, cada día aumenta el nivel de prevalencia de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer, la demencia, el párkinson…

“Es un problema de salud vital por lo que afecta a la calidad de vida del enfermo, su dependencia e incapacidad, además del gasto económico que genera. Va a ser uno de los problemas de salud más serios que tendremos en los próximos años, teniendo en cuenta el envejecimiento progresivo de la población”.

Esto es lo que opina Antonio Pérez de la Cruz, jefe de la Unidad de Nutrición del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada. Y le dan la razón el neurólogo Adrián Ares Luque, del Complejo Asistencial Universitario de León, y Ángel Gil Hernández, catedrático de Bioquímica de la Universidad de Granada, investigador del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos José Mataix Verdú y presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición y de la Sociedad Española de Nutrición.

Los tres expertos han participado recientemente en las XVII Jornadas de Nutrición y VIII Congreso Internacional de Nutrición, Alimentación y Dietética celebradas en la Facultad de Medicina de Madrid donde trataron la relación entre los nutrientes y las enfermedades neurodegenerativas. Tema que abordan en una entrevista con EFEsalud.

Dieta mediterránea contra las enfermedades neurodegenerativas
El neurólogo Adrián Ares (izq); el catedrático de Bioquímica y presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición, Ángel Gil, y el jefe de la Unidad de Nutrición del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada, Antonio Pérez de la Cruz (dcha), en la entrevista con EFEsalud celebrada en la Facultad de Medicina de Madrid.

El doctor Pérez de la Cruz subraya que una dieta inadecuada es uno de los factores que pueden generar una enfermedad neurodegenerativa. Por ese motivo están abiertas varias líneas de investigación que intentan ligar, por ejemplo, la prevalencia y evolución del alzhéimer con distintos tipos de nutrientes, como los antioxidantes y ácidos omega3.

“Me he quedado sorprendido de las grandes posibilidades que tiene la dieta mediterránea como unificadora de todo este tipo de nutrientes”, señala Pérez de la Cruz quien, no obstante, precisa que hay que seguir con los estudios ya que por ahora “no hay evidencias claras de la eficacia de estos nutrientes, pero no porque no las tengan, sino porque es muy difícil de demostrar y de encontrar una sola causa”.

El catedrático e investigador Ángel Gil coincide en afirmar que “demostrar la influencia de un único nutriente de forma específica es potencialmente posible en algunas enfermedades, pero no en aquellas (como las neurodegenerativas) cuyo desarrollo tarda muchos años y donde hay muchas variables interactuando”, como los hábitos de vida (actividad física, tabaquismo…) y la propia genética.

“Hay toda una serie de genes que condicionan la mayor o menor susceptibilidad de la propia enfermedad y eso es un hecho: cada día aparecen nuevos genes, con nuevas variantes genéticas y, probablemente, no sea una sola variante la que actúa, sino el hecho de que un individuo pueda tener una enfermedad antes o después puede estar condicionado por la existencia de varias variantes que sumadas tengan efecto sinérgico”, explica Ángel Gil.

Pero más allá de lo que es la genética, indica el catedrático, existen ciertos nutrientes que tienen poder antiinflamatorio y que podrían actuar sobre el alzhéimer, enfermedad que cursa desde el inicio con un proceso de inflamación asociado a las neuronas.

Por tanto, “la ingesta adecuada de sustancias antiinflamatorias como es el caso de los antioxidantes (vegetales, vitaminas C, E..), todos actuando de forma conjunta pueden ejercer unos efectos beneficios, al menos desde el plano teórico”, apostilla.

El investigador también alude a los ácidos grasos poliinsaturados omega 3, en particular el DHA, cuya propia sustancia forma parte de las neuronas, que mantienen la estructura neuronal e inhiben la muerte celular neuronal. Hace unos cinco años, se descubrió una sustancia, la neuroprotectina, que deriva del DHA. Es decir, “las propias neuronas generan sustancias que las protegen y un estatus adecuado de esos ácidos grasos puede ser fundamental”, apunta el experto.

También algunas vitaminas (B1, B6, B12…), la colina o nutriente fundamental de los fosfolípidos, componente estructural de la membrana celular, o la uridina otra sustancia presente en pescados, carnes, leguminosas, contribuyen metabólicamente a mantener la estructura neuronal y de otras células del tejido nervioso.

“Hay muchos estudios en animales que demuestran que esas sustancias mejoran la estructura neuronal pero hacer estudios en el ser humano es treméndamente difícil. Hasta ahora hay signos en estudios observacionales y en algunos de intervención, y todo apunta a que existe un cierto efecto de esos nutrientes de forma individual, pero nosotros no tomamos nutrientes individuales, sino alimentos complejos”, explica Ángel Gil, quien insiste en que “probablemente, una de las dietas que aúna DHA, uridina, colina, vitaminas… es la dieta mediterránea”.

Y si hay que hacer alguna recomendación de salud pública a la población, “no puede ser tome usted un concentrado de tal o cual producto, sino hacer una vida saludable basada en la dieta mediterránea de nuestros abuelos, en cantidades moderadas y con una actividad física regular”.

Dietas específicas

El grupo de trabajo del investigador Ángel Gil es pionero en España en el diseño de dietas específicas para los enfermos neurodegenerativos que reúnan todos los nutrientes recomendados y cuyo objetivo es mejorar la capacidad cognitiva.

“Son dietas específicas para algunos enfermos ya diagnosticados y que necesitan este tipo de suplementos nutricionales en proporciones adecuadas”, explica.

“Al individuo normal, que podría, o no, llegar a tener alzhéimer en un futuro, no hay que darle ningún producto artificial, tiene que tomar dieta saludable, realizar actividad física y tratar de ser feliz. Aunque esos suplementos sí pueden ser útiles en casos de familias de riesgo o determinados grupos poblacionales”, argumenta el también presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición.

Desde el punto de vista de la investigación, añade, es importante cuando se llega a determinadas edades asegurarse el suministro de determinados nutrientes que son críticos. Si se incluyen en la dieta habitual de los ancianos frágiles les puede ayudar a retrasar la sintomatología de la enfermedad, aunque una vez que la neurodegeneración ya ha aparecido “es muy difícil revertir”.

Enfermedad de origen genético familiar y de origen esporádico

El neurólogo Adrián Ares insiste en que llevar una vida física y mentalmente sana conlleva menos riesgos a la hora de desarrollar una enfermedad neurodegenerativa, aunque se tenga una predisposición genética. “En cualquier proceso existe una interacción entre la genética y el ambiente”, señala.

El doctor explica que en cualquier enfermedad neurodegenerativa hay que diferenciar los casos genéticos familiares, en los que apenas existe la intervención ambiental, de los casos de presentación esporádica, que son la inmensa mayoría, y en los que, aunque la genética te condiciona, también interactúa el ambiente.

En las enfermedades de origen esporádico, dice Ares, el peso genético “no es irreversible, sino que puede ser modulado por el resto de factores y solo en las formas puramente genéticas, las hereditarias que vienen definidas por la genética al 100%, existen pocas opciones de evitarlo”.

Una de cada 5 personas va a sufrir una enfermedad neurodegenerativa, apunta el neurólogo, quien explica que son enfermedades progresivas que afectan a la movilidad (como párkinson o esclerosis lateral amiotrófica) y a la demencia (como el alzhéimer).

Aunque tienen peculiaridades propias, estas enfermedades comparten muchos mecanismos patogénicos comunes como el estrés oxidativo, la disfunción mitocondrial y los mecanismos de muerte celular programada “sobre los cuales las diferencias dietéticas pueden ser muy importantes”.

También los factores de riesgo vascular tradicionales (obesidad, hipertensión, tabaquismo, colesterol…) pueden tener un efecto importante sobre la prevalencia y la evolución de estas enfermedades “de manera que un buen control de ellos no solo se traduce en una mejor salud cardiovascular, sino también cognitiva”.

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