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Desconectar en vacaciones, cuando la tumbona no ayuda

Desconectar en vacaciones desde el primer día se presenta como una tarea complicada para muchas personas y eso de tirarse en la tumbona no les sirve de nada. Tanto es así que casi el 40 por ciento necesita dos semanas o más para “olvidarse del trabajo”. El resto asegura necesitar al menos una entera para conseguirlo

Desconectar en vacaciones, cuando la tumbona no ayuda
EFE/ANDY RAIN

Según los datos que maneja Bizneo HR, experta en software de recursos humanos, se trata de un mal que aqueja en mayor medida a las mujeres -un 2 % más- y a aquellas profesiones cuyo ejercicio requiere de un título universitario -un 13 % más que al resto-.

Les siguen aquellos que tienen FP y los bachilleres. Algo que podría estar relacionado con la responsabilidad de los puestos de trabajo a los que tienen acceso -por norma general- las personas con mayor formación.

El estudio de esta empresa refiere que la edad también influye a la hora de  desconectar en vacaciones. Son los jóvenes entre 25 y 35 años quienes están más enganchados al trabajo.

Seis pasos para desconectar en vacaciones

Seis son los consejos que la citada empresa ofrece para desconectar en vacaciones y desengancharse del  mundo y preocupaciones laborales:

  1. Apuesta por la desconexión digital: prescinde de aquellas herramientas que emplees durante el trabajo para no tener la tentación de entrar constantemente a revisar tareas. Modifica la configuración de las apps de tu móvil para que no te entre ningún mensaje indeseable.

  2. Aprende a delegar: uno de los focos de estrés que nos impiden desconectar es el hecho de dejar tareas pendientes. Aquí será importantísimo aprender a delegar y avisar a los compañeros con el suficiente tiempo de antelación, pues en muchos puestos resulta prácticamente imposible dejar todo cerrado. Si no tienes esta opción, otra alternativa es que no aceptes compromisos que no puedas cumplir.

  3. Recuerda que no eres imprescindible: razón de más para no revisar el correo constantemente ni preguntar cómo va todo.

  4. Disfruta de los ratos de ocio: céntrate en la gente que te rodea y, sobre todo en ti mismo. Si te cuesta, siempre puedes valerte de entornos más tranquilos en la playa la montaña u otros entornos naturales, por ejemplo.

  5. Cuídate: nuestro estado físico influye directamente en cómo nos sentimos. Razón de más para seguir cuidándonos en vacaciones. A pesar de la tentación del chiringuito y la cerveza, y de las tapas veraniegas, no descuides tu alimentación ni tampoco la actividad física. Esta te permitirá relajarte.

  6. Deja atrás la planificación: después de todo el año organizando reuniones, deja de organizar y date ese merecido descanso mental. No hacer nada también es necesario de vez en cuando.

La depresión de la tumbona

Además y , según el último informe sobre el mercado laboral en España de InfoJobs-ESADE, durante las vacaciones el 51 % de los españoles en activo responden a correos electrónicos y atiende llamadas de trabajo,  lo que aumenta lo que los especialistas denominan “estrés vacacional”.

La psicóloga y profesora de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Sílvia Saumell, recuerda que en 2004 los doctores de la clínica psiquiátrica austríaca Wagner-Jauregg acuñaron la expresión “depresión de la tumbona” para referirse a la ansiedad que empezaban a tratar en algunos pacientes con dificultad para olvidarse del trabajo en sus periodos de descanso estival.

“Hoy, ese síndrome, también llamado ‘estrés vacacional’ o ‘bajón veraniego’, es cada vez más frecuente”

La especialista describe como síntomas “dificultades para pensar con claridad, problemas de atención, concentración y memoria, sensación de no hablar con la misma fluidez y necesidad de comprobar las tareas una y otra vez, cansancio, problemas para dormir, sensación de no haber descansado lo suficiente, o bajo estado de ánimo”, entre otras.

“Sabemos que los periodos de elevado estrés prolongado en el tiempo pueden generar sentimientos de tristeza, desmotivación, pocas ganas de hacer cosas, sensación de que no se disfruta de lo que uno hace, e irritabilidad en el sentido de que nos enfadamos por cualquier cosa o a la mínima que alguien nos dice algo”.

Cortisol y la adrenalina

La especialista explica que “mientras se trabaja a un ritmo trepidante, los niveles de cortisol y adrenalina (las dos hormonas relacionadas con el estrés) son elevados. La adrenalina hace que el sistema inmunológico esté más fuerte y el cortisol actúa como antiinflamatorio, para que podamos aguantar largas jornadas”.

“En cambio, cuando entramos en ‘modo vacaciones’ estos niveles de hormonas bajan, con lo que nuestro sistema inmunológico se deprime y podemos enfermar más fácilmente”, advierte Saumell, quien apunta que es más común que lo sufran “personas hiperexigentes o que se consideran imprescindibles”.

Según la psicóloga, el estrés durante las vacaciones afecta “a personas para las que el trabajo lo es todo”

“De repente -prosigue- cuando se encuentran de vacaciones, no saben hacer frente al tiempo libre, no saben cómo relajarse y disfrutar. De tener una agenda a tope y estar siempre pendientes del móvil y de los correos electrónicos, pasan a no tener nada de ello. Y cuando se quedan sin su rutina de hábitos laborales y profesionales, se desestabilizan”.

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Otros factores estresantes

En un informe sobre el estrés relacionado con el trabajo, publicado en 2016, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) recordaba que el término “estrés” fue utilizado por primera vez por Hans Selye en 1936 para definir el estrés en términos biológicos como “una respuesta inespecífica del cuerpo a cualquier solicitud de cambio”.

Su investigación condujo al estudio del estrés en las funciones cerebrales.

Definió asimismo los “factores estresantes” como las circunstancias desencadenantes de una respuesta fisiológica y psicológica del organismo, para distinguir el estímulo de la respuesta.

En este sentido, un factor estresante puede ser un agente biológico, una condición medioambiental, un estímulo externo o un evento.

El estrés puede referirse a una condición negativa o una condición positiva que responda a un factor estresante y que pueda tener un impacto en la salud mental o física y en el bienestar de una persona.

Hoy en día, la salud está reconocida como una combinación de factores biológicos, psicológicos (pensamientos, emociones y comportamientos), y sociales (socioeconómicos, socio ambientales, y culturales).

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