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Cuando se chasca el peroné

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La fíbula o peroné es un hueso largo y delgado que va desde la rodilla hasta el tobillo y se posiciona por la zona interior de la gruesa y más conocida tibia, su escudo frontal. Los dos constituyen la pinza tibioperonea y, junto al astrálago, sostén óseo de la parte superior del pie, forman la articulación básica del tobillo.
 
Los tres huesos realizan movimientos de flexión y extensión en torno a un eje común, por lo que la doctora Isabel Guillén Vicente, traumatóloga especialista en pie y tobillo de la Clínica CEMTRO de Madrid, explica en qué consiste y cómo se trata una fractura de peroné; lesión que te puede dejar sin andar, correr, saltar o bailar hasta seis meses, dependiendo de su gravedad.
 
“Cuando notamos un crujido en la zona del tobillo, sea por una gran torcedura jugando al fútbol, por una caída bajando las escaleras o por un tropiezo con una baldosa de la acera, no solo es posible que nos hayamos dañado los ligamentos laterales, sino que es más que probable que tengamos una fractura en el hueso del peroné”, observa la traumatóloga.

¿Inmovilizamos el peroné?… sí, pero no

Es fundamental tener calma y no mover la pierna y pie afectados al sentir ese chasquido óseo. Solicitaremos ayuda para ir al hospital sin apoyar, ni medio segundo, la articulación lesionada. Las pruebas diagnósticas por imagen serán las que determinen el alcance real de los daños.

“Cualquier tipo de apoyo puede provocar un desplazamiento posterior de las posibles partes fracturadas del peroné. Hay que situar el pie en alto y acudir a Urgencias cuanto antes, y mejor todavía si aplicamos frío en la zona dolorida para mitigar la inflamación y estar en mejores condiciones para el diagnóstico”.

Con la radiografía se comprobará qué tipo de fractura sufre el peroné: si es limpia (sin fragmentaciones) o si existe algún desplazamiento; además, se verán otras lesiones óseas en la tibia y en el astrágalo o daños en los ligamentos articulares.

Si la fractura es limpia solo hay que inmovilizar el peroné y vigilar de cerca su evolución, “de forma exhaustiva”, no vaya a ser que, una vez se haya reducido la inflamación, se produzca, ahora sí, cierto desplazamiento de la zona fracturada al apoyar la pierna o el pie; lo que requeriría una intervención quirúrgica.

Radiografía de un fractura de tibia y peroné.
Radiografía de un fractura de tibia y peroné. EFE

Si la fractura no es limpia, directamente a quirófano.

“La traumatóloga recolocará en su sitio las distintas partes del peroné con placas y tornillos. Tiene que conseguir una reducción exacta, ya que el juego de la articulación superior del tobillo, junto a la tibia y el astrágalo, debe ser natural, sin fricciones innecesarias. De lo contrario, estaremos generando dolor y artrosis crónica”, dice cargada de experiencia.

Si estuviera afectada la sindesmosis, membrana fibrosa interósea que une huesos separados, en este caso tibia y peroné, “el tratamiento se complicaría aún más”, alerta.

“Con otro tornillo sujetaremos los dos huesos para comprimirlos -continúa- y que la sindesmosis cicatrice, oprimida, con el fin de evitar una separación inadecuada en esta estructura de huesos casi paralelos; situación que conduciría, sin duda, a un dolor crónico en toda la zona”, destaca.

En cualquiera de los casos, el paciente debe estar sin apoyar el pie en el suelo entre 6 y 8 semanas tras la intervención, salvo excepciones pronosticadas.

La doctora Isabel Guillén subraya que “la recuperación total de una fractura grave de peroné se puede establecer en una horquilla de cuatro a seis meses, pero siempre dependerá de la gravedad de la fragmentación ósea y de otros daños en huesos y tejidos asociados a la lesión“.

Aún así, los pacientes evolucionan de manera desigual debido a su constitución biológica, a su edad (no es lo mismo una persona joven que un anciano, sobre todo si padece osteoporosis), a su historial de alimentación e incluso a su estado de ánimo, entre otros motivos.

En fase de rehabilitación, la bicicleta estática y los ejercicios en piscina son muy buenos para la recuperación total del paciente.

La doctora Isabel Guillén nos muestra la articulación del tobillo con los huesos del pie más la tibia y el peroné.
Para concluir, la jefa de Tobillo y Pie de la madrileña Clínica CEMTRO, insiste en un dicho muy traumatológico: “Si inmovilizas no operes y si operas no inmovilices, o lo que es lo mismo en este caso, si el paciente tiene placas y tornillos en el peroné, podrá mover la articulación del tobillo hacia las dos semanas de recuperación -salvo indicación contraria- para ir ganando tiempo a la rehabilitación funcional de esa estructura músculo esquelética”. Fotografía de D. Talles
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