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La seguridad alimentaria en España se pone en riesgo tras la crisis

La crisis económica en España tiene un impacto sobre el comportamiento alimentario de la población, aumenta la inseguridad alimentaria y perjudica la salud al favorecer la obesidad.

La seguridad alimentaria en España se pone en riesgo tras la crisis
EFE/ J. M Espinosa

Estas son algunas de las conclusiones del reciente informe “Crisis económica y salud” elaborado por la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas) en el que han participado 65 profesionales multidisciplinares como sanitarios, economistas e investigadores.

Uno de los apartados de este informe se centra en el impacto que la crisis está teniendo en la alimentación y concluye que contribuye a vulnerar el derecho a una alimentación sana y saludable, en especial de los colectivos en situación de pobreza o desempleo, reconocido por el Pacto Internacional para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas.

Subnutrición, malnutrición y desnutrición

“La crisis aumenta la inseguridad alimentaria, es decir, las situaciones en que las personas no consumen lo suficiente para desarrollar una vida activa y sana”, señala Sespas.

Y esta inseguridad se asocia a casos de subnutrición (insuficiente ingesta de alimentos para satisfacer las necesidad de energía alimentaria), de malnutrición (desequilibrio por deficiencia o exceso de energía y nutrientes ingeridos) y desnutrición (como consecuencia de la falta de ingesta de proteínas, calorías, energía y macronutrientes).

Los grupos más proclives son los que dedican una mayor proporción de sus ingresos a la comida. Un 4% de la población española carece de recursos para hacer frente a su alimentación básica diaria y es precisamente la demanda de ayuda económica para costear la comida la más solicitada.

Así, la Federación de Bancos de Alimentos calcula haber repartido en 2012 unos 120 millones de kilos de comida a 1,5 millones de personas frente a las 700.000 beneficiarios de 2007.

El estudio incide en que la inseguridad alimentaria de la población está relacionada no sólo con la falta de ingresos fruto del desempleo, sino también con el problema de los pagos de la vivienda. Además, afecta a personas de todas las edades, aunque más en los jóvenes que en los adultos.

Unos niños juegan a las cartas en un comedor de un colegio
EFE/Angel Díaz

Los niños, grupo de riesgo

Los niños también sufren las consecuencias de la inseguridad alimentaria generada por la crisis. UNICEF estima que 2,2 millones de menores en España viven en la pobreza, lo que supone malnutrición.

Los comedores escolares también forman parte del paisaje. Según Sespas, se ha detectado una tendencia al empeoramiento de la calidad dietética y un aumento de los alumnos que llevan a la escuela la tartera al no poder pagar sus familias el coste del menú escolar.

Recortar gastos

Los ciudadanos españoles (un 41%) han cambiado sus hábitos de consumo alimentario para ahorrar gastos dada la mala situación económica, aunque no supera al ahorro en otras partidas como el agua, electricidad y gas (69,8%), prendas de vestir (64,2%), el ocio (69,9%) o las vacaciones (66,1%). Comer fuera de casa supuso una disminución del 7,4 %, por encima de la reducción del gasto en alimentación (-0,2%), según la Encuesta de Presupuestos Familiares.

¿Y cómo recortan gastos los españoles? Cambian de establecimiento para buscar precios más asequibles; también reducen el volumen de alimentos adquiridos y eligen otros productos distintos a los habituales.

Así, se observa un alejamiento de la tradicional dieta mediterránea con un descenso en el consumo de cereales, verduras, hortalizas y legumbres y un aumento, por encima de las ingestas recomendadas, de lácteos, carnes magras, huevos, grasa, dulces y embutidos.

También se constata una tendencia a reducir el consumo de algunos productos más caros en beneficio de otros más baratos. Por ejemplo, adquieren menos carne de vacuno y más de pollo y congelada, mientras que la compra de pescado también disminuye.

Precisamente los cambios en el gasto alimentario tienen diferentes efectos sobre la salud. Mientras que el aumento del consumo de las legumbres en el menú casero y reducir las comidas fuera de casa suponen una mejora, la tendencia a comprar productos menos nutritivos, procesados y con más calorías fomentan la alimentación poco saludable.

Las dificultades económicas también conllevan una reducción de los gastos en actividad física repercutiendo en los diferentes miembros de la familia.

EFE/ Marta Pérez

El vínculo crisis y obesidad

La mala alimentación y la obesidad se asocian con nivel cultural bajo y con pobreza ya que la dieta de personas con menos recursos económicos “puede superar las necesidades de energía, pero carece de los nutrientes necesarios al basarse en alimentos de bajo coste y alto contenido en grasas”, añade el estudio que asocia “el desempleo a un menor consumo de vegetales y frutas y un mayor consumo de comida no saludable y rápida”.

También existe la tendencia opuesta, señala el informe de Sespas, como es el creciente interés por la alimentación ecológica que se concentra en las clases medias con estudios. La crisis no ha frenado su expansión y en 2011 su consumo creció un 7%.

Propuestas para garantizar el derecho a la alimentación

La Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas) realiza en su informe algunas propuestas al Gobierno de España para que garantice el derecho a la alimentación de sus ciudadanos:

  • La inseguridad y otros problemas alimentarios no se pueden solucionar sin una política de empleo y vivienda “y no de recortes en el gasto público”.
  • Potenciar y desarrollar los programas específicos para garantizar una alimentación sana y saludable con formación, información, mecanismos de regulación de la agroindustria, la publicidad y la producción.
  • En el terreno de la alimentación escolar, recomiendan garantizar el acceso a los menús, el mantenimiento y la continua mejora de su calidad.
  • Fomentar iniciativas de abaratamiento del coste de verduras y frutas, así como experiencias concretas prácticas que incentiven su consumo entre los segmentos de población con menos ingresos y menor nivel educativo.
  • Abordar el debate sobre grabar productos alimentarios poco saludables como mecanismo disuasorio para los consumidores.
  • Promover los esfuerzos de solidaridad que una amplia variedad de organizaciones sociales (bancos de alimentos, ONG…) están realizando en favor de quienes viven en la inseguridad alimentaria. Sin embargo, conviene recordar que el papel de las organizaciones sociales no puede ser sustitutivo de las responsabilidades de la administración.
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