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COVID-19: Recorrido por un virus “extraordinariamente original”

Parece que no ha pasado uno, sino varios años desde que la COVID-19 puso patas arriba la vida de millones de personas en el mundo. Así lo confiesan los profesionales, incansables en la búsqueda del conocimiento del virus, sometidos a incertidumbre continua y cambios constantes. Este es un recorrido sobre aspectos que afectan a esta nueva enfermedad

origen SARS-CoV-2
Imagen del coronavirus SARS-COV-2. Foto cedida

Desde hace más de dos semanas, se habla de una inminente cuarta ola de contagios en España.

Pero expertos como el doctor Antoni Trilla, jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, prefieren llamarlo “la cuarta vez que tropezamos con la misma piedra”.

El doctor Trilla participó a finales de marzo, junto a otros expertos, en una jornada virtual denominada “Actualización en SARS-CoV-2 y COVID-19”, organizada por la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), para tratar sobre los avances y cambio producidos en el conocimiento y la gestión de la pandemia.

¿Ha cambiado algo desde aquel primer positivo en España? Los profesionales aseguran que sí.

Todavía quedan muchas preguntas que responder, pero también hemos aprendido muchísimo, tanto del virus como de la infección“, resalta el doctor Rafael Delgado, jefe de Servicio de Microbiología del Hospital
Universitario 12 de Octubre de Madrid.

Una de esas preguntas, pone como ejemplo, es la de su origen, pues un año después de vivir sumergidos en una pandemia por COVID-19, aún se discute sobre su procedencia.

Todavía tenemos un importante vacío en el conocimiento de cómo ha surgido este agente. El virus más parecido es el coronavirus aislado en un murciélago, en el año 2013. Pero claramente no es el antecedente del SARS-CoV-2“, aclara el doctor Delgado.

Los expertos lamentan haber tenido que someterse a una situación en la que el grado de incertidumbre, conocimiento y de cambios han sido más de lo que les hubiese gustado tener que aceptar.

Una condición que los lleva, confiesan, a tener la sensación de que no ha pasado uno, sino varios años desde que todo empezó.

Mascarilla sí, mascarilla no

Para el doctor Trilla, los expertos han aprendido dos cosas que, hoy, tienen mucho más claro y que han condicionando ciertas estrategias: no contagia todo el mundo que quiere, sino que lo hace un porcentaje pequeño (entre 10 % -20 % que son responsables casi de un 80 % de los contagios); y que es más importante el lugar donde se produce el contagio, antes que las personas que contagian.

Asimismo, Trilla resalta que, desde un principio, se han estado haciendo “un lío” con el tema de la transmisión del virus.

La realidad es que transmitimos el virus de persona a persona, por nubes o por aerosoles, y eso nos ha llevado a reconocer que la ventilación es una parte muy importante de protección contra la enfermedad“, asegura.

Por otro lado, el doctor Jesús Rodríguez Baño, jefe de Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla, rememora un tipo de malentendido diferente que, en la actualidad, ha quedado mucho más claro, aunque no del todo: el uso de mascarillas.

“En aquella época, recuerdo haber dicho en mi hospital que aquello de usar mascarilla no tenía evidencia científica y  que no había que usarla. De un día para otro, cuando tuvimos un brote de sanitarios infectados en urgencias por un hiper transmisor probablemente, al día siguiente fui el primero en decir que todo el mundo debía llevarlas“, comenta este médico.

Ahora, Rodríguez insiste en su utilización, pero, sobre todo, en que se lleve bien puesta.

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Una sanitaria se coloca la mascarilla para trabajar en la Unidad de Cuidados Intensivos en plena pandemia/EFE/EPA/MASSIMO PERCOSSI

“Estudios muestran que el uso de la mascarilla quirúrgica es suficiente para la mayoría de los casos. En él, se resalta que es más importante lo bien que tenemos ajustada la mascarilla que el tipo de mascarilla“, argumenta.

¿Qué ha pasado con la gripe?

El doctor Jesús Rodríguez se pregunta dónde ha quedado la gripe en este último año y su respuesta es: “No ha habido gripe, a excepción de algún caso”.

Una conclusión, dice, que le hacen pensar que algo estábamos haciendo mal y que deberíamos tener en cuenta en un futuro.

Tenemos que reflexionar mucho sobre cuántas muertes estamos dispuestos a tolerar en función de las medidas de prevención de determinadas infecciones“, reflexiona Jesús Rodríguez, quien opina que hemos sido bastante tolerantes en el pasado porque la gente se sigue muriendo de otras enfermedades y no hemos hecho gran cosa para evitarlo.

Desinfecciones innecesarias

Una de las medidas de prevención contra el coronavirus ha sido la desinfección de todos los objetos. Desde recintos, hasta las cajas de un pedido online.

El doctor Rodríguez recapitula los primeros meses en los que “los papeles del paciente no los podía tocar nadie y se metían en 78 bolsas”.

Sin embargo, la importancia de la contaminación de la superficie, valora el jefe de Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Virgen Macarena, tenía menos importancia de la que se le había dado.

Es razonable y estoy muy contento de que a uno le limpien la mesa del bar cuando se sienta, porque antes no lo hacían. Pero tenemos que dejar de gastar dinero en limpiar cosas que no las personas no podemos tocar. He visto limpiar el techo de una pérgola, con un gasto de 6.000 euros“, relata.

Más casos, pero menos muertes

Fueron muchos los casos que se detectaron en la primera ola, según los expertos, pero durante la segunda y tercera ola se ha observado una menor mortalidad, seguida de un mayor número de contagios.

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Personal sanitario trasporta a urgencias a un paciente COVID en una camilla/EFE/EPA/HORCAJUELO

Esto se debe, explica el doctor Benito Almirante, jefe de Enfermedades Infecciosas del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, a un sesgo de detección.

En la primera oleada hubo un sesgo de detección ya que solo los casos más graves llegaban a los hospitales, que acumularon más casos de fallecimientos. Por lo tanto, la tasa de mortalidad (8 % – 12 %) era mucho más alta. Ahora los casos diagnosticados son mucho más grandes y la tasa de letalidad se acerca al 1 %“, detalla el doctor Almirante.

A pesar de ello, el experto lamenta que estas cifras se han interiorizado con el tiempo y que es necesario recordar que, en algunos días de la primera oleada, se llegaron a registrar entre 700 y 900 muertos.

Hemos normalizado cifras realmente espantosas. Ahora son más matizadas, pero siguen siendo significativas. Esto nos sitúa, desafortunadamente, entre los 5 primeros países del mundo con más fallecidos por 100.000 habitantes“, denuncia.

Asintomáticos en la calle

A pesar de que ser asintomático pueda parecer una ventaja para los pacientes, desde el punto de la epidemiología y la transmisión no lo es.

Así lo asegura el doctor Rodríguez Baño, quien explica que aproximadamente el 40 % de los casos lo son y, estos, “son terribles para el control de la pandemia”.

“En otras enfermedades uno se pone malito y no sale a la calle, o tiene menos tendencia a salir y juntarse con gente. Con la covid eso no ocurre. Al no tener síntomas mantenemos el nivel de actividad habitual”, expone el doctor.

“La gente está bien -añade Rodríguez- y si no lo cazas con un testeo masivo o por un contacto de alguien, no se entera de que es positivo y puede transmitir la enfermedad“.

Aunque muchos pensaron ver realmente la pandemia tal y como era, el experto asegura que, hasta que no se añadieron los asintomáticos a la estadística, no se pudo “construir una mejor imagen de lo que realmente estaba pasando”.

Cuándo y a quién hacer la prueba

En la actualidad existen varios tipos de test para detectar posibles positivos de coronavirus. No obstante, uno de los factores que antes no se aplicaba era el del momento de toma de muestra, indica el doctor Julio García, jefe de Servicio de Microbiología del Hospital Universitario La Paz (Madrid).

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Ciudadanos acuden en masa a un cribado/EFE/ Javier Etxezarreta

El momento ideal está entre los 3 y 5 días desde el inicio de los síntomas. Si se recoge demasiado tarde o más pronto, pueden dar falsos negativos“, explica el doctor.

La baja sensibilidad de los antígenos causó revuelo en los primeros meses, pero, en verano, surgieron los primeros test fiables, aseguran los expertos.

Algunos estudios señalan que el test de antígenos tiene una alta sensibilidad en casos sintomáticos (90 %) y en aquellos casos con una alta carga viral llega a un 99 %.

Eso sí, el de antígenos siempre con sintomáticos y en menores de 7 días de evolución. Al ser un test tan rápido y barato surge la tentación de hacer cribados masivos, por lo que se dan resultados poco alentadores porque en asintomáticos no pasan del 50 % de sensibilidad“, recalca Julio García.

Asimismo, el experto recuerda que la PCR puede estar “durante mucho tiempo” siendo positiva, con partículas que no tienen capacidad infectiva y que con el test de antígeno se detectan los que contagian.

Este virus es extraordinariamente original“, confiesa.

Israel, vacunación ejemplar

Con la vista puesta en otros países como Inglaterra o Israel, el doctor Antoni Trilla manifiesta un alivio por haber comprobado “unos resultados mejores de lo que se esperaban” en cuanto a la vacuna contra la COVID-19.

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Una paciente espera para recibir una dosis de la vacuna contra la COVID-19/EFE/EPA/MARKO DJOKOVIC

Israel, además de vacunar bien y mucho, seguía con medidas de confinamiento importantes. Después de iniciar la estrategia de vacunación ha caído el número de contagios, de casos graves y de ingresos. La realidad es que la aplicación práctica es mejor de la que esperábamos“, explica.

Ahora, los expertos concluyen que, el objetivo principal, es buscar el control funcional de la epidemia.

Que esto deje de ser una pandemia y, quizás, quedemos con casos residuales, con algún caso grave o alguna muerte, como cualquier otra enfermedad. Con la vacuna se intenta proteger a la población de situaciones peores“, añade.

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